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Movimiento artístico que tiene sus
orígenes en la primera mitad del siglo XIX, y que representó,
básicamente, una reacción contra la rigidez
académica y la afirmación de una libertad absoluta.
Lo romántico, entonces, designaba lo subjetivo desligado
de toda autoridad, la disolución de los límites
y de las leyes clásicas entre los géneros; encarnó,
por tanto, las ideas de lo fantástico, sensible, onírico
y nostálgico.
La ruptura con el escenario estable de la pintura clásica,
la composición agitada, los violentos contrastes de
luces y sombras aluden a la incertidumbre de los límites
naturales: el paisaje se transforma en un despertar pasional
y emotivo; toda representación del entorno se ve impregnada
de la interpretación personal del artista.
La historia, para el romántico, es una mirada hacia
atrás que permite enlazar sus ideales con el fluir
histórico, pero es también fuente de fantasías.
Por eso a través de las imágenes las artes
figurativas del romanticismo nos cuentan cosas excepcionales
que excitan nuestra imaginación y nos transportan mentalmente
hacia otros tiempos y lugares. Los escenarios de África
y el Medio Oriente irrumpen con sus colores y exotismo en
el horizonte creativo.
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La muerte de Sardanapolo
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