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Del italiano affresco.
Técnica que consiste en desleír el color
en agua, y luego pintar sobre el muro enlucido (realizado
con arena fina, cal y polvo fino de mármol en partes
iguales) mientras esté húmedo; se exige como
condición un secado lento y uniforme y la utilización
de colores de origen mineral, los cuáles resisten mejor
la acción caústica de la cal.
El soporte común es el muro, por lo que los frescos
aparecen en paredes, bóvedas, cúpulas, tanto
de recintos sacros como palaciegos.
La ventaja de este método es su gran duración
y resistencia; cuando la cal del enlucido reacciona químicamente
con los gases carbónicos del aire se transforma en
carbonato cálcico, convirtiéndose en una superficie
mármorea que incluye el color.
El máximo inconveniente del fresco es que exige gran
destreza y rapidez de ejecución al pintor, ya que el
enlucido preparado no puede quedar seco, ni admite arrepentimientos.
En último caso, hay que rascar y cambiar la capa del
enlucido.
Debido a esta necesaria rapidez es que el pintor realiza primero
un dibujo en carboncillo,
que cuando es definitivo, se traspasa al muro por medio de
escisiones, que luego guiaran la ejecución del artista.
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MASACCIO:
EXPULSION DE ADAN Y EVA DEL PARAISO
1424-1425. Florencia.
Iglesia del Carmine.
Capilla Brancacci.
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