- 1967

ROBERTO MATTA, PINTOR Y POLÍTICO

Con todo, la verdad de la milanesa es que Matta no vino a Chile como pintor. Vino como político. ”Vengo a gritar ¡Viva Cuba...!” Dijo alegremente recién aterrizado y, en la tarde del 26, día en que los Fidelistas nacionales celebraban con fervor el aniversario del ataque al cuartel Moncada, sorprendido y a pedido del presidium que dirigía el acto con que en el Salón de Honor de la Universidad de Chile se homenajeaba a Cuba, nuestro Matta, asegurando que no sabía hablar, supo perfectamente decir que el pueblo cubano es una cosa alegre y bella y que “nosotros debemos aprender a hacer la revolución”. Supo también aplaudir a rabiar cuando Nicolás Guillén se paró a hacer una apología a Fidel Castro y José Martí y decir que el avance de la revolución cubana no es algo aislado sino un ejemplo contagioso que invade nuestra América, a repetir que es una ley histórica e inexorable la derrota del imperialismo y el triunfo del socialismo, y a recitar con su genial y maravillosa musicalidad todas esas poesías tan suyas sobre los horrores del imperialismo yanqui, esas poesías que tan intencionadamente olvidan el imperialismo soviético o el actual imperialismo chino. Por no mencionar a Cuba misma, donde para poder alzar la voz con alguna crítica al régimen imperante más de un visitante ha tenido que ir a conversar con los cubanos a la playa para que el sonido del mar ahogue la plática, no vaya a ser que oídos extraños o alguna grabadorita escondida haga negar al Gobierno palabras herejes.
Pero volvamos a Matta. En la misma Galería Central, donde el tumulto de amigos, marxistas y curiosos que la mañana de la inauguración llegó a mirarlo, tocarlo y celebrarlo, formaba una masa compacta en la acalorada sala, prácticamente lo primero que Matta dijo fue nuevamente un “Vino a gritar ¡VIVA CUBA!”... Amén de que con mi contagiosa simpatía escribió frases adhoc y firmó un voluminoso libro de

adhesiones que le presentó uno de los muchachos dirigentes de la Marcha Vietnamita que hace unas semanas se produjo entre Valparaíso y Santiago. Igualmente, a insistencia del pintor Brugnoli y en vista de que era dificilísimo enviar a Chile un gran cuadro de protesta sobre el Vietnam, que ya tiene pintado, aseguró que mandaría cuanto antes su cuadro “What’s Happenning Baby?”, que él considera igualmente alusivo, con el fin de prestar apoyo a la exposición feria que un grupo de artistas está organizando para octubre en pro del Vietnam del Norte. De repente, ante tanta devoción por Cuba, no pude menos que preguntarle sobre él por qué de Cuba y no Pekín. “Las cosas, de a poco”, respondió sin titubear, “Hay que dejar algo para mañana...” Lo que no quita que en privado Matta añore mucho de la vida comodona chilena, que declare que se debería construir un túnel que pase directo por debajo del cerro Santa Lucía en dirección a los dulces chilenos de las Rengifo, que confiese que sus amigos con mayúscula son Arturo Prat, Sergio Larraín y Mario Valdivieso y que sus cuadros se vendan por el mundo en dólares y no en rublos o pesos. Mal que mal es un Matta Echaurren. Tanto es así que una joven e intelectual señora que el año pasado lo conoció en su ambiente europeo alegó durante largo rato que no podía creerlo cuando se le dijo que Matta estaba en Chile de estrella comunista: “Si allá vive con gran refinamiento, en un ambiente muy burgués.


El día es un atentado