La Estrella / CRONICA
-jueves 5 de junio de 1997
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Crítica
de arte

Los cuatro maestros en la
“Colección Mac Kellar”



Por Carlos Lastarria Hermosilla
Crítico de arte

Las colecciones de arte tienen orígenes muy particulares y diversos. Se gestan por distintas causas y hasta por hechos a veces fortuitos. A veces por la paciencia en espera de que el artista termine su obra o que el que posee un cuadro deseado, se desprenda de él. También está quien dedica parte o todo su tiempo a buscar y encontrar la obra que falta en un conjunto, o una pieza capital en la trayectoria del artista para así poder configurar una apreciación plena del pintor y su ubicación en determinado tiempo cronológico o panorama del arte.
La casualidad, la amistad, lo fortuito y también lo anecdótico e intuitivo, rondan las adquisiciones. Muchas veces la intuición le dice al coleccionista que está frente a una gran obra y en un instante debe decidir su adquisición o quizás su pérdida para siempre.
En la mayoría de los casos le gusto del coleccionista no se concilia con rígidos conceptos estéticos, teorías o fundamentaciones conceptuales. El coleccionista va directamente a la obra, a la sensibilidad del artista y penetra en el alma y el mundo del creador. Lo importante es su amor por el arte. En el arte suelen encontrar valores desconocidos para el estudioso; de allí su papel destacado en la preservación del patrimonio cultural más allá del rigor del Estado, que muchas veces descuida su conservación.
Definir al coleccionista es difícil. Cada uno es una individualidad, con rasgos personales autónomos. Sin embargo, la sensibilidad les une e identifica; también su vehemencia para proseguir tras un objetivo, como una obra de arte específica.
Son de niveles culturales variados. Muchas veces su formación obedece a un proceso personal y no a estudios sistemáticos o dogmas. De ser así sus colecciones carecería de las particularidades que hacen de cada caso un universo distinto.
Analizando con más profundidad se puede afirmar que tras una colección encontramos a un individuo que no responde al común. Es un ser distinto.
Todas estas características encontramos en Ricardo Mac Kellar Jaraquemada. Una personalidad muy vehemente y hasta avasalladora. Inquieto y muy activo en el quehacer artístico. Su imponente figura, su blanca cabellera y su autorizada opinión se imponen.
Conoce la historia pública e íntima del arte y ha hecho del amor y afán por la pintura un modo de vida. Nacido en un hogar muy culto, su interés por el arte comienza desde joven.
Dice: “Fue mi padre quien me obsequió el primer cuadro de la colección”. Nada menos que un “Valparaíso”, de Juan Francisco González, pintura de la primera época el maestro y una de las piezas capitales de la plástica nacional.
Después vendría su afán por algunas figuras de la pintura chilena, muy especialmente por la “Generación del 13”. Los Pedro Luna, obras de los hermanos Quevedo, los paisajes de Arturo Gordon, los José Tomás Errázuriz y Orrego Luco y fundamentalmente, los “Cuatro Maestros”: Pedro Lira, Alfredo Valenzuela Puelma, Alberto Valenzuela Llanos y Juan Francisco González.
Pero no sólo ha mirado al pasado. Su participación es activa como organizador, curador, asesor de pinacotecas y museos. Jurado de múltiples concursos y consultor fidedigno de remates y tasaciones, ha conocido desde muy cerca todo el proceso artístico contemporáneo, prácticamente desde la”Generación del 40” hasta las más recientes vanguardias. Por ello ha configurado también una colección contemporánea, que va desde las grandes figuras como Matta hasta valores emergentes que posteriormente se ha consolidado. Allí se aprecia otra de sus cualidades: El ser premonitorio y anticipar destinos.
Sus juicios como crítico son rigurosos; no acepta la mediocridad ni el estímulo fácil o comprometido. Su independencia y autonomía dan, por lo tanto, más valor a sus fundamentaciones. Por otra parte, sabe ser generoso y participativo. Sin egoísmos ni intereses de lucro o fama, colabora o facilita sus obras para compartir con la comunidad el goce del arte.


“LOS CUATRO MAESTROS”

Fruto de ello es esta muestra de los cuatro maestros en la Sala “Viña del Mar”. Cerca de treinta pintura representativas de su colección y muy especialmente de los cuatro artistas.
Un recorrido cronológico permite apreciar pinturas que identifican momentos, épocas o situaciones notables en el proceso artístico personal de cada pintor y su directa relación con su tiempo y la sociedad en que cada uno le tocó vivir. Contemporáneos en un momento, son vitales a la hora de definir la pintura de fines del siglo pasado y las primeras décadas de éste. El inventario de estilos, tendencias, escuelas e individualidades que ahora se presentan en la sala, permiten hacerse una idea bastante pormenorizada de los rasgos definitorios de estos cuatro artistas. Se trata entonces de un verdadero acercamiento en el mejor de los sentidos.
Aquí está Pedro Lira, de técnica impecable, entre el romanticismo y el realismo. Con un tratamiento de delicadeza, ternura y lirismo, sus obras están al servicio de una expresión plástica elevada y, sobre todo, de una nobleza de conceptos reflejada con serenidad.
Alberto Valenzuela Llanos, con sus paisajes adheridos al naturalismo, busca de la visualización pura en una atmósfera de acendrado cariño por la naturaleza, que es pintada con vocación y respecto, acercándose a la innovación y a los cambios artísticos.
Alfredo Valenzuela Puelma, figurativo por excelencia, de vida atormentada y de un final trágico, practicó un sólido naturalismo que penetró en el carácter de las cosas y las definió básicamente con mucho raciocinio, delicadeza y fidelidad a los conceptos.
Cierra el conjunto Juan Francisco González, el de mayor riqueza cromática, en un derroche de lirismo y colores cargados de resonancias. Artista crepitante, dinámico, rotundo y muy profuso, es impresionista por espíritu y sensibilidad.
Estos cuadros de la Colección Mac Kellar, que en algún momento de la vida de sus creadores los comprometen con la belleza que de ellos emana.

N. DE LA R.- Este texto corresponde a la presentación de la muestra en exposición en la sala “Viña del Mar”