miércoles 21 de marzo 2001 ............ARTE Y ESPECTACULO............... La Estrella
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crítica de arte

La apreciación artística

La apreciación artística y el análisis crítico sobre una obra de arte obedecen a una necesidad. La de tener un interlocutor entre el creador y el público. No se trata de un intermediario como es el caso de la sala de exposiciones o el galerista, sino que la función crítica responde a la interpretación especializada, para que quien contemple una obra de arte, reciba herramientas que le permitan una mejor comprensión del lenguaje y el contenido de la obra del artista. Esto significa que el lector y luego el espectador, no debe ser abrumado por el exceso de teorías, divagaciones conceptuales o atosigarlos con citas. Debe ser parte del diálogo entre todos los actores sin perder de vista que la más importante en el caso de las artes plásticas son las pinturas, las esculturas, los grabados y demás manifestaciones que se dan en el amplio universo de la creación artística.


"Monumento a Balzac, de Augusto Rodin, fundido en bronce por encargo del gobierno francés". (Reproducción fotográfica de Aldo Reyes M.)

Las opiniones que se emiten sobre una obra de arte obedecen por una parte al conocimiento que el crítico tiene del autor, a su producción y a las diversas etapas por las que ha pasado su arte y por otra al encuentro inicial cuando el crítico ve por primera vez la producción de un artista que no conoce. En este último caso los parámetros no son los mismos. No existe punto de comparación con su producción anterior ni es posible establecer qué grado de evolución o de cambio experimenta su obra. De allí que muchas veces, por no decir siempre, todas las críticas tienen un fuerte componente de subjetividad . El arte obedece a un concepto subjetivo del artista, a motivaciones personales, o sentimientos y emociones que por su naturaleza no son rigurosas ni racionales. La emotividad, la inspiración y la espontaneidad rondan el universo del artista y eso es algo que nunca puede desconocerse.

Pero, por otra parte, también tiene que considerarse cuál es el papel de la crítica que no es otro que emitir opiniones, realizar análisis y juicios de valor frente al arte. Así quien expone se expone y el artista no puede evitar que su obra sea sometida a opiniones especializadas como son las de los críticos. Estas suelen ir más allá de lo estrictamente plástico y eso es inevitable, ya que la obra de arte es una prolongación del artista, de sus estados de ánimo, de sus vivencias y problemas o estados de euforia y alegría. La obra de arte se funde con la vida misma y están indisolublemente unidas. La crítica está preparada para ingresar al espacio privado del artista, penetrar en su atmósfera y empaparse de su mundo. De no ser así la crítica sería erudita pero no cumpliría su papel de objeto y sujeto de diálogo entre texto e imagen. Cito: “La erudición es un conocimiento extenso, en cantidad es horizontal. La crítica es un conocimiento intenso, en calidad, vertical”.

Como ejemplo de los problemas derivados de la comprensión y apreciación de la obra de arte, ilustro con la escultura-monumento “Homenaje a Balzac”, de Augusto Rodin. Fue rechazada en su momento por las autoridades, pero fue la crítica conocedora de las motivaciones y pensamientos del escultor, la que, luego de una fuerte campaña, convenció a las autoridades del valor y los méritos de la obra. La crítica más allá de los intelectuales franceses, de los urbanistas y personajes ilustrados les demostró la importancia de la obra y del por qué Rodin lo había interpretado de esa forma. Es un caso concreto donde la crítica actuó como interlocutor entre un artista muy sensible que no estaba para polémicas o peleas y una autoridad poco abierta a las nuevas expresiones.


El banquete sobre las hierba, una de las más famosas pinturas de Eduard Manet.

La imagen de la pintura “El banquete sobre hierba” de Manet, uno de los más destacados pintores del Impresionismo. Cuando el artista presentó esta pintura al Salón de París se produjo un gran escándalo. Los comisarios del salón, los jurados y los críticos oficiales armaron tal conflicto que el problema llegó incluso al ámbito de las autoridades del estado. Manet al ser rechazado llevó la pintura al denominado Salón de los Rechazados donde participaba la mayoría de los artistas impresionistas. La tela desencadenó las burlas del público y de las esferas oficiales la condena por tal atrevimiento. El tema representa a una mujer desnuda que en medio del bosque umbrío conversa con dos estudiantes de boina y en traje de calle, contrariando así las normas aceptadas por la moral de su tiempo.

No es aceptable la representación de la conocida modelo Victorine Meurent con su cuerpo macizo, muy real y con su mirada frontal que retenía la del contemplador. En el arte de la época se aceptaba sólo desnudo idealizado recluido dentro de las normas de la academia, dictatorial y arbitraria que no dejaba lugar a las aperturas. Por otra parte, las autoridades no daban espacio ni reconocimiento a esas aventuras de las vanguardias porque podían dañar la institucionalidad de la nación. De ese modo cualquier artista que intentara salirse de los limitados márgenes que se les había impuesto corría el peligro de caer en delito, algo que hasta hoy viene sucediendo, no importa cuán relevante pueda ser la obra de arte ni los méritos estéticos que contenga. En este caso no hay apreciación estética, crítica o técnica. Prima el espanto y el temor ancestral a las innovaciones de los creadores tanto en la plástica, la literatura, el teatro y el cine.

En el caso de Manet, él encontró el apoyo no sólo de los demás artistas impresionistas sino el de los críticos independientes. A partir de ese momento comenzó la decadencia y la muerte de la crítica oficial. Hoy la crítica goza de la independencia y quienes ejercemos este oficio podemos atestiguarlo. Sin embargo, tanto las opiniones como las obras de arte deben enfrentar constantemente la aparición de los fantasmas de la censura.

Esta última tiende a prohibir ver, conocer o apreciar alguna manifestación artística; limita o impide publicar, distribuir, exponer, expresar o exhibir obras de diversa índole cultural, situación que pone a las obras de arte casi al mismo nivel de los delitos. La censura aunque invoque el bien común y quiera cautelar la honra de los demás o la seguridad nacional es estéticamente inaceptable, injusta y, además, lleva a la ignorancia. Frente a la cultura se debe confiar en la madurez de las personas, en el buen criterio y, porque como la señaló un importante dignatario, la censura es inoperante y no tiene eficacia.

Mientras tanto, el célebre Manet goza del reconocimiento universal. Fue uno de los grandes del Impresionismo y la pintura “El banquete sobre hierba” cuelga desde hace un siglo de los muros del museo de los impresionistas de París. La obra ha pasado a la historia, sus censuradores al olvido.