Biografía de Johan Joachim Winckelmann

 

(1717- 68)-, arqueólogo  e historiador alemán, creador de los procedimientos y  términos bases  del estudio de la arqueología, historia del arte y el clasicismo. Hijo de zapatero, inicia cursos de teología en la Universidad de Halle y, de medicina en la Universidad de Jena.  Radicado en Roma trabaja como Bibliotecario e Inspector General de Antigüedades del Vaticano, enseguida es nombrado Secretario del Cardenal Alessandro Albani (1692-1779)-, principal coleccionista de arte clásico de su tiempo, además mundano y entrometido en el mercado del arte, que atesora sus piezas en la mansión familiar de la Villa Albani.

Esos trabajos y el acceso a colecciones exclusivas, añadidas pericias  arqueológicas en  Pompeya y Herculano, le permiten redactar el ensayo  Reflexiones sobre la imitación de las obras griegas en la pintura y la escultura (1755), oportunidad para anticipar la tesis de la imitación de éstas expresiones como única posibilidad de arribar a un arte digno. Años después, publica  Historia del arte en la antigüedad (1764), riguroso compendio de descripciones y estimativas certeras sobre el arte griego, subrayando su  cualidad privativa de ostentar noble simplicidad y silenciosa  grandeza.

Es el primero en utilizar la denominación arte de la antigüedad, para aludir a las manifestaciones clásicas mediterráneas, sin jamás visitar  Grecia, bastándole examinar sólo las copias romanas disponibles. Mas, sus comentarios marcan un hito para establecer ópticas y períodos en la  investigación  arqueológica, identificaciones conforme son los lugares de orígenes de las obras y, ciertas singularidades  gravadas por las tradiciones y costumbres sociales, añadidas las influencias ejercidas por los entornos geográficos.

Postula que la única finalidad del arte es la belleza pura, tras un proceso de idealización de la realidad, siempre en un ámbito de libertad política y democracia, condiciones favorables para que fluya como una unidad ilustrada, reflejo pleno del espíritu de la época. Por ende, rechaza las distorsiones que la pasión y sensualidad provocan al arte, se opone al barroco y el rococó,  y  muda en  paladín teórico del neoclasicismo.

En el prólogo del texto escrito en Roma, Winckelmann anota, en julio 1763, lo que sigue:

“La historia del arte ha de enseñar el origen, el desarrollo, la transformación y la decadencia del mismo, así como los distintos estilos de los pueblos, épocas y artistas, demostrando en la medida de lo posible, y por medio de las obras antiguas que han sobrevivido, la veracidad de lo expuesto.”