(1511-74)-, nacido en Arezzo y muerto en Florencia es una de las figuras señeras del renacimiento. Arquitecto, biógrafo, coleccionista, historiador de arte y pintor. Su faena artística queda signada por las clases de Andrea del Sarto (1486-1531)-, Fiorentino Rosso (1494-1540) y Jacobo Pontormo (1494-1556/57)-, más los irrefrenables influjos de Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Rafael Sanzio (1483-1520).
Adherido al manierismo, como arquitecto concluye la Galería de los Oficios en Florencia, con su corredor que lo une con el Palacio Pitti, considerada su obra representativa. También participa en la Iglesia de los Caballeros de San Esteban, en Pisa; y la Logia e Iglesia de la Abadía en Arezzo. Cual pintor es un prolífico decorador de su época, pero hoy no se le considera ni respeta tanto, dado que su postura importa una manera afectada y ramplona. Realiza los frescos del Palacio Vecchio de Florencia; los del gran salón del Palacio de la Cancillería, en Roma, que ilustran la vida del Papa Pablo III (1468-1549), tarea iniciada hacia 1546, terminada en cien días innúmeros ayudantes, es su pintura mejor evaluada. Sirve en Roma al cardenal Hipólito de Médici (1511-35)-, y al duque Alejandro de Médici (1510-37)-, en Florencia.
Su trabajo de severa investigación -con dejos de fantasía-, Vida de pintores, escultores y arquitectos ilustres, es una compilación de cerca de doscientas biografías, en principio dedicada a Cosimo I de Médici (1519-74)-, que se publica en 1550, por vez primera. Una segunda, edición revisada y ampliada, aparece en 1568. Hoy es un archivo de informaciones invaluables.
El aprecio de Giorgio Vasari por el arte de Venecia es matizado por su encanto con la producción artística de Florencia, y su irrefrenable admiración por Miguel Ángel Buonarroti, arrobo extremo que le impide percibir con serenidad las dotes de otros. Es más. En la edición inicial es el único artista vivo compilado.
A pesar de que su narración contiene inexactitudes y errores, el escrito es una fuente insoslayable para el conocimiento de la historia del arte del período y clave para el desarrollo ulterior de la crítica de arte. Reúne información tan valiosa como estimable, expuestas con un estilo y escritura vivaces, llena de inolvidables episodios y anécdotas, cuya lectura ilustra y entretiene.
Las biografías de muchos artistas singulares, arquitectos, escultores, orfebres y pintores, los descubrimientos de facturas, las andanzas pícaras de los aprendices, sus anhelos, logros y fracasos son registrados por Giorgio Vasari, llamado en propiedad el “padre de la crítica y de la historia del arte moderna”, reseña convertida en la piedra angular de la profusa bibliografía que el período provoca. Su vasta y consistente labor es más que una simple crónica de hechos o circunstancias; toda está articulada por una solvente doctrina e ideario estético de los siglos XV y XVI que sustantiva una de las páginas más rutilantes de la historiografía del saber. La noción del progreso artístico que sustenta alcanza en el inmediato futuro a la mayoría de los escritos sobre la época.
Mérito de su tarea que la ubica en un lugar de excepción en la bibliografía artística, es la inserción del concepto progresivo de la historia, desde los oscuros días de la Edad Media hasta los esplendores del Renacimiento-, verdadera aportación metodológica, que unida a lo atractivo y rico del relato, tan amable como sugestivo, incita al lector en las vidas de los referidos, así en sus trabajos. Introduce el término maniera que se acepta como estilo.





