Biografía de Rodolfo Opazo

 

Pintor chileno. Nació en Santiago el 8 de marzo de 1935.

Se formó en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile y continuó su formación en grabado trabajando en el Taller 99 iniciando su producción artística en 1957. En 1961 obtuvo una beca de la Unión Panamericana que le permitió estudiar tres años en Pratt Graphic Art Center de Nueva York.

Pertenece a la Generación del 60 junto a Roser Bru, José Balmes y otros artistas, sin embargo, el trabajo de Opazo se inscribe en la línea surrealista de Matta, Zañartu y Antúnez.

Ha desarrollado una extensa carrera docente ejerciendo desde 1970 hasta 1993 como profesor titular de los Talleres de Pintura en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Durante ese tiempo ejerció una importante influencia en artistas, especialmente de la Generación del 80 como Samy Benmayor, Bororo, Matías Pinto d’Aguiar y Omar Gatica, entre otros.

Su extensa labor artística ha abarcado varias décadas, siendo uno de los pocos artistas nacionales presentes en los catálogos de la prestigiosa casa Christie’s de Nueva York.

Rodolfo Opazo ha recibido importantes premios como: Mención Van Buren del Salón Oficial de 1959; Premio de Adquisición, South American Art Today, Dallas, Estados Unidos en 1959.

Premio Nacional de Arte 2001.

 

Trayectoria

La pintura de Rodolfo Opazo ha estado siempre muy ligada a su experiencia personal, a las cosas que le ocurrieron en su infancia y a la reflexión en torno a ciertos temas como la muerte y el hombre: su maravilla y su miseria.

Su pintura también ha estado muy relacionada a la literatura y en este sentido la poesía, los versos que lee, los poemas en torno a los cuales reflexiona, han sido punto de partida para ciertos cambios que su pintura ha tenido.

Por ejemplo, algunos poemas de T. S. Eliot, César Vallejo y Miguel Hernández, y un ensayo de Michael Foucaud, transformaron sus obras, las que pasaron de una actitud mística frente al hombre, a una real, directamente relacionada con un ser humano sacudido, agredido, convulsionado.

Esto dio como resultado, figuras divididas, de colores violentos y de trazo más fuerte.

Otros autores que también le han interesado siempre a Opazo, han sido Proust y Thomas Mann, referencias constantes en sus obras, así como también lo han sido en música, Wagner y Mahler.

El hombre de sus pinturas tiene características universales, está inmerso en una cotidianeidad llena de presiones, de carencias, de temores solitarios, por eso nunca se definen los rasgos de los rostros.

La primera gran influencia en su pintura la recibió de Modigliani, más tarde, la obra abstracta de Zañartu y Matta que dieron surgimiento a su primera etapa abstracta, a fines de los 50.

Época en la que la poesía de Vicente Huidobro era fundamental para su creación. Luego, comenzó un alejamiento de la abstracción y a medida que las formas antropomorfas se acercan más a la figura humana aparece el blanco en su pintura. A mediados de los 60 esta figura se consolida como figurativa, como un cuerpo real y coincide con la aparición de lo que se llamó en ese tiempo la nueva Figuración. Durante los 70 inicia una serie muy significativa para él, en que la obra más importante fue “Los altares para esconderse de la melancolía”.

Durante los años ochenta se centró en el deporte y la alquimia donde desarrolló una actitud crítica frente a los ídolos que levantaban los medios de comunicación. Ahí aparece el color y deja de lado el blanco. El acosamiento del hombre contemporáneo ha sido tema recurrente a partir de los años 80, donde cabezas derrotadas, rostros desencajados, bocas con la lengua afuera, dedos en los ojos o un puntapié en la cara, hicieron que las figuras blancas que por tanto tiempo fueron protagonistas de sus obras, un hombre despojado de su contingencia, dieran paso a figuras donde el cuerpo fue un receptáculo del hombre vulnerado.

En los años noventa se produjo la culminación de la propuesta iniciada en 1986 con una visión dramática de la realidad, para pasar al mundo de Dionisio que inicia con la Exposición que llamó “La bacanal”. En esta, las figuras fueron perdiendo el contorno y la subordinación de la forma al fondo, los cuerpos comienzan a insertarse en la naturaleza y comienza a trabajar la atmósfera y a explorar el paisaje.

En sus obras aparecen otros rasgos como la crítica, el sarcasmo, la ironía y el elemento erótico que Opazo considera primordial en el ser humano. Este lo ha usado como elemento de sarcasmo, de irreverencia y para provocar en el espectador un estado de conciencia.

 

Aportes

Rodolfo Opazo ha recibido importantes premios como: Mención Van Buren del Salón Oficial de 1959; Premio de Adquisición, South American Art Today, Dallas, Estados Unidos en 1959; Primer Premio de Pintura, Salón Oficial de 1960; Mención Honrosa, V Bienal de Sao Paulo, Brasil en 1960; Premio Dirección de Cultura, II Bienal de Córdoba, Argentina en 1963; Primer Premio CRAV, Museo de Arte Contemporáneo, Santiago en 1964; Premio Concurso ESSO, Museo Nacional de Bellas Artes en 1965; Premio Dirección General de Cultura, II Bienal de Córdoba, Argentina en 1966; Segundo Premio de Pintura CAP en 1966; Premio CODEX, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina en 1969; Mención de Honor, X Festival de Arte, Cali, Colombia en 1970; Premio Internacional de Pintura, Bienal de Montevideo, Uruguay en 1970; Premio Benson & Hedges, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires en 1977; Medalla de Plata, Bienal de Arte de Valparaíso en 1979; Primer Premio de Pintura, Certamen de Artes Plásticas Lircay, Talca, Chile en 1980; Primer Premio de Pintura, Certamen Nacional de Artes Plásticas, Santiago, Chile en 1980; Premio Emilia Fontana, I Bienal del Deporte, Montevideo, Uruguay en 1981; Mención Especial XVII Festival Internacional de la Pintura, Cagnes, Francia en 1995; Premio del Círculo de Críticos de Valparaíso, Chile en 1995; Premio Nacional de Artes Plásticas, 2001.

Sus obras están en colecciones públicas de diferentes países del mundo: Museo de arte Americano, Punta del Este, Uruguay; Museo de arte Moderno Latinoamericano, Washington, Estados Unidos; Museo de Bellas Artes, Dallas, EEUU; Museo de Arte Moderno, Bogotá, Colombia; Carol Reece Museum, Tennessee, EEUU; Museo de Bellas Artes, Malmö, Suecia; Museo del Instituto Panameño de Arte, Panamá; Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, EEUU; Museo de Arte Moderno, Nueva York, EEUU; Museo de Arte Moderno, Buenos Aires, Argentina; Museo Nacional de Bellas Artes, Montevideo, Uruguay; Museo Ralli, Punta del Este, Uruguay; Universidad de Texas, Austin, EEUU; Colección IKA, Córdoba, Argentina; Colección Braniff Internacional, Dallas, EEUU; Colección Manuel Checa, Lima, Perú; Banco de La República, Bogotá, Colombia; The Chase Manhattan Bank, Nueva York, EEUU.

 

Investigación

La obra de Rodolfo Opazo ha querido ser encasillada multitud de veces dentro del estilo surrealista, pero esta clasificación, concebida por ciertos aspectos formales de sus pinturas, es ciertamente incorrecta, pues, en primer lugar, las proposiciones históricas de dicha escuela se ligan más a labores literarias que plásticas; además, Opazo sólo pretende plantear su visión subjetiva de la realidad natural o cotidiana a través de cierta iconografía que le es necesaria. La creación singular y específica de una imagen de su mundo, llega a veces a coincidir con la operación azarosa del surrealismo.

Los mismos parámetros dispuestos por Bretón, dirigente del movimiento surrealista, que hacen mención a la ausencia de control de la razón, o a la falta de un objeto estético o moral, excluyen a Opazo.

Este presenta resultados equilibrados y proporcionados como producto de un meditado ejercicio intelectual previo a la composición, y contiene en su producción una evidente intención de plantear críticamente su imagen del mundo.

Aunque el elemento onírico de los surrealistas ha llegado a ser la vía de comprensión y aceptación de las múltiples maneras con que sus representantes oficiales se expresan, ello no es un atributo que les pertenezca de modo exclusivo.

Lo que hicieron los surrealistas, al respecto, fue llamar la atención sobre un hecho que, más genéricamente, se presenta como uno de los motores fundamentales de todo acto creativo: la fantasía. La pintura de Opazo, cercana a la atmósfera misteriosa de Magritte, corresponde a una postura donde la sugerencia se vincula con amplitud a un resultado observable a lo largo de toda la historia del arte y que entonces los surrealistas, como Ernst o Tanguy, no hicieron más que evidenciar.

Dentro del irrestricto acatamiento que hace Opazo de la armonía, éste se permite una mínima disidencia, un insignificante desdibujo; en esa pequeña licencia formal se ha querido reconocer al surrealista, pero sucede que esas alteraciones son sólo un afán de comunicación y rebeldía personal.

Lo importante en la obra de Opazo es el desasosiego, el desgano de completarse, una falta de narración completa; la caída del argumento, el fracaso de llegar al desenlace, es lo que redunda en una real necesidad de conocimiento a través del dibujo, el color y la composición que los conjuga.

 

Obras

De la insubordinada naturaleza del paisaje

El político

La llegada de los dioses

Montañización