Pintor chileno. Nació en Molina el 18 de junio de 1889 y falleció en Santiago a fines de 1968.
Al igual que sus coetáneos de la Generación del ‘13, Laureano Guevara tiene una marcada acentuación por la temática popular, pero atisbando lo melancólico.
Desempeñó varios cargos docentes, como profesor de grabado en la Escuela de Bellas Artes en 1927 y 1930; profesor del Liceo Experimental artístico; profesor de la cátedra de pintura mural (de la que fue creador) en la Escuela de Bellas Artes.
Hijo mayor de Laureano Ladrón de Guevara, profesor de castellano en el Liceo de Valparaíso.
En este establecimiento conoció a Juan Francisco González quien realizaba clases de dibujo y de historia del arte.
El maestro le dio impulso a los entusiasmos artísticos de Laureano Guevara, quien demostró siempre gran amor por la pintura. Más tarde ingresó a la Academia de Bellas Artes de la calle Maturana, dirigida entonces por Virginio Arias. Aquí fue su maestro en dibujo José Mercedes Ortega.
Luego, cuando la Escuela se trasladó al edificio del Parque Forestal, sus maestros fueron Fernando Álvarez de Sotomayor, Alberto Valenzuela Llanos, Ricardo Richon-Brunet y Pedro Lira.
El afán por aprender, estudiar y el apego a la Academia, hizo que Guevara estudiara allí por más de diez años. En su amplia labor juvenil se unieron los nombres de la Generación del ‘13 y los renovadores del “veintiocho”.
Trabajó junto a Pablo Burchard, Arturo Gordon, Ezequiel Plaza, Waldo Vila y Augusto Eguiluz.
En 1933 fue nombrado profesor de taller de pintura en la Escuela de Bellas Artes, cargo que ocupó durante ás de dos décadas. Fue uno de los primeros artistas que incursionó en las técnicas del mural, cuyo aprendizaje lo realizó en Dinamarca, donde Estudió las técnicas de la pintura al fresco, el grabado y el vitral.
Junto a Arturo Gordon en 1929 realizó la decoración del Pabellón de Chile en la Exposición Internacional de Sevilla.
Recibió el Premio Nacional de Arte en el año 1967.
Trayectoria
Al igual que sus coetáneos de la Generación del ‘13, Laureano Guevara tiene una marcada acentuación por la temática popular, pero atisbando lo melancólico.
Fue un enamorado del paisaje campestre y costero, de la naturaleza muerta y el retrato íntimo, con un respeto tremendo por lo intrínsecamente plástico, que era lo que inculcaba cuando enseñaba en la Escuela de Bellas Artes.
El paisaje chileno exhibió en este artista una rica variedad. Los tonos más ardidos desdoblan una naturaleza ampulosa y sensual, una utilización justa y equilibrada de las gamas cromáticas.
A menudo pintó el paisaje en función de circunstancias ambientales que lo modificaban y le daban carácter (Mes de mayo, Otoño en Tobalaba, Día de otoño, Primavera en Tobalaba), captando esa sutil variación que la luz va poniendo en las cosas.
Los murales realizados por Guevara reflejan rigor técnico, y en algunas ocasiones una marcada dignificación de lo popular (Cartón para mural). Para los artistas que incursionaron en las expresiones muralistas, el mural era un arte público que permitía una comunicación mucho más efectiva con toda la sociedad y no tenía las restricciones propias de la pintura de caballete.
Aportes
Laureano Guevara desempeñó varios cargos docentes, como profesor de grabado en la Escuela de Bellas Artes en 1927 y 1930; profesor del Liceo Experimental artístico; profesor de la cátedra de pintura mural (de la que fue creador) en la Escuela de Bellas Artes.
Recibió además, importantes premios como la tercera medalla en el Salón Oficial (1919); la tercera medalla sección Arte Decorativo del Salón Oficial (1920); segunda medalla Arte Decorativo, Salón Oficial (1923); mención honrosa Sección de Arte Aplicado, Salón Oficial (1927); medalla de oro, Exposición Internacional de Sevilla, España (1928); mención honrosa del Salón Oficial (1931); premio Ilustre Municipalidad de Santiago (1937); premio Certamen Edwards, Salón Oficial (1937); primer premio pintura mural Comité IV Centenario (1941); premio de segunda categoría en Arte Aplicado (1941); premio de honor, XVI Salón de Verano, Viña del Mar (1949); premio de la crítica (1956); premio de honor del Salón Oficial (1957) y Premio Nacional de Arte (1967).
Obras






