Biografía de Juan Egenau

 

Juan Egenau, escultor, nació en Santiago el 24 de febrero de 1927, y falleció en la misma ciudad el 22 de abril de 1987.

Primero realizó estudios de arquitectura en la Universidad Católica de Chile y luego variados cursos plásticos en la Universidad de Chile, lugar donde obtuvo el grado de artesanía, con mención en esmalte sobre metales, en 1955. Enseguida se desempeñó como ayudante de varios profesores, entre ellos de José Perotti.

En 1959 recibió una beca para estudiar orfebrería en Florencia, Italia.

Entre 1962 y 1966 estudia escultura en la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile y posteriormente, gracias a otra beca, estudia Fundición Artística en Nueva York, durante los años 1966 y 1967. En 1978 se licenció en Artes con mención en Escultura, en la Universidad de Chile.

A partir de ese año fue profesor de escultura en la Universidad de Chile, cargo que desempeñó hasta su muerte.

 

Trayectoria

En sus inicios, Egenau trabajó en las técnicas del esmalte sobre metales y en el grabado, pero luego de su encuentro con la escultora Marta Colvin, su vocación artística se abocó con pasión al área de la expresión en volumen. El interés constante de su obra se centra en las formas, sean éstas de origen natural o fabricadas por el humano.

Interesado en lo orgánico, Egenau consiguió esculturas que exploran en las estructuras invisibles de las apariencias, acercándose a lo esencial por sobre lo meramente figurativo. Gracias a sus conocimientos de orfebrería, Egenau estaba ya familiarizado con los materiales (bronce, cobre, fierro) que le sirvieron de materia prima para sus esculturas, las cuales expresan la fuerza y el misterio de la naturaleza.

Su evolución posterior lo llevó a aproximarse al lenguaje aséptico de la tecnología, por medio de un racional tratamiento de las superficies y las formas de sus obras, lenguaje que Egenau logró integrar magistralmente con su interés por lo netamente humano.

Las obras que han alcanzado mayor fama son las realizadas a partir de 1973, caracterizadas por torsos y cabezas humanas revestidas de corazas de aluminio, como queriendo decir que la frágil anatomía humana necesita de protección ante la agresión del mundo exterior.

 

Aportes

Entre muchos otros, Juan Egenau recibió el Primer Premio de Escultura, en el LXXIV Salón Oficial de Santiago (1963), el Primer Premio de III Bienal de Escultura (1967), Gran Premio Universidad de Chile para Escultura en el Certamen Nacional Chileno de Artes Plásticas (1976) y Gran Premio Bienal Internacional de Arte de Valparaíso (1979).

Realizó varias exposiciones individuales tanto en Chile como en el extranjero y sus obras forman parte de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes y de varias otras instituciones, tanto de Chile, como de E.E.U.U, Venezuela, México y otros. Cabe destacar su importante labor docente, homenajeada post mortem con una sala de exposiciones que lleva su nombre, en la Facultad de Artes Visuales de la Universidad de Chile.

 

Investigación

La escultura viviente

Podríamos decir que, al enfrentarnos a las obras de Egenau, éstas son algo más que formas en metal, pues las esculturas se comportan como manifestaciones del material en sí mismo, más allá de la mera representación de ideas, sentimientos o emociones.

Una mirada atenta que recorra la totalidad del conjunto no tarda en descubrir que esas materias férreas están pobladas de ritmos vibrantes y que sus volúmenes están regidos por una voluntad y una decisión particular.

Así, de este modo, las formas, volúmenes y tensiones presentes al interior de la obra denotan un lenguaje característico al autor, lenguaje que reside únicamente en esa materialidad, y es por lo tanto, imposible de traducir a escritura, dada la cantidad de cualidades visuales y táctiles que presenta esta comunicación escultórica.

El universo creado por Egenau, y al que tenemos acceso por medio de sus obras, corresponde a una visión dinámica y cualitativa de la realidad, una visión que rescata un mundo inédito que subyace por debajo de las convenciones cotidianas, de los parámetros culturales heredados y de los esquemas y el rigor de la lógica racional.

El entorno natural, que le proporcionó a Egenau las más significativas motivaciones, constituyó los elementos básicos para la elaboración de todas las fantasías que luego determinaron el imaginario que pobló su ámbito creativo.

Es por esto que el escultor creó su obra tanto a partir del legado humano universal, es decir, de la más altas esferas de la cultura, como también a partir de seres anónimos, hombres comunes, que le aportaron a su producción creativa por el simple hecho de existir y mostrarle involuntariamente las diversas relaciones que establecían con el mundo.

A partir de esta conexión surgen esos seres de desconcertantes morfologías, de incierta configuración orgánica. Seres inabordables, indiferentes, no comprometidos con las demencias humanas, seres que resguardan su quimérico contenido en la implacable inexpugnabilidad de mecánicos artificios y sutiles tecnologías.

 

Obra

Artefacto VIII