Biografía de Delia del Carril Iraeta

 

Delia del Carril, grabadora argentina, nació en Saladillo, Argentina, el 27 de septiembre de 1885. Murió en Santiago de Chile, el 26 de julio de 1989.

Miembro de una aristocrática familia, la artista pasó su infancia en París, ciudad donde realizó sus estudios escolares y artísticos.

Luego de un tormentoso primer matrimonio que acabó en separación, Delia del Carril entabló amistad con los más importantes artistas e intelectuales de la vanguardia de su época, recibiendo, dada su pasión revolucionaria y su esfuerzo en pro de causas idealistas, el apodo de ‘Hormiguita’.

Por intermedio del poeta español Rafael Alberti, en 1934 conoció a quien sería, desde entonces y por veinte años, su segundo marido, el Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda. A él le ayudó en la organización del ‘Winnipeg’, barco que trajo a América a los emigrantes españoles que huían del régimen franquista.

Después de vivir unos años en México, la pareja se trasladó a Chile, ubicándose en una casona de la capitalina comuna de La Reina, lugar donde realizaron infinidad de tertulias con importantes intelectuales.

Más tarde, tras el término de la relación con el poeta, la artista emigró por un tiempo a Francia y luego regresó definitivamente a Chile.

A los setenta años, comenzó a asistir al Taller 99, escuela de grabado dirigida por Nemesio Antúnez. En ése ámbito, fundó la galería de arte ‘Sol de Bronce’ y desarrolló su veta artística durante más de veinte años, con increíble vigor.

 

 Trayectoria

Delia del Carril empleó todos los medios y técnicas del grabado para realizó una producción gráfica muy personal, que bebe tanto del expresionismo como del muralismo mexicano.

Ya en sus comienzos, la artista hundía por largo tiempo la plancha de cobre en ácido, lo que provocaba un torrente de tintura negra que se convertiría luego en característica de su obra.

Su primera serie se tituló ‘ Cantar de los Cantares’, y se identifica por el trabajo en torno a la figura humana, especialmente la femenina, y también, porque las líneas son tratadas en profundidad mediante el agua fuerte, que les da textura al punto de convertirlas en materia en sí. Ejemplo de lo mencionado es ‘Tus dos pechis como dos cabritos mellizos”, obra que refleja lo íntimamente cotidiano por medio de la escena de un simple enhebrado de aguja.

Pero lo que particulariza verdaderamente la producción de Delia del Carril son sus famosos caballos, rescatados de la memoria de su infancia transcurrida en las estancias argentinas; estos animales están anatómicamente bien estructurados y dotados de emociones humanas, que se expresan mediante el recurso plástico de bordear la totalidad de la forma y cada una de sus partes con una gruesa línea negra que demarca tenazmente el contorno y acentúa los contrastes de blanco y negro.

Con el transcurso del tiempo, sus trabajos aumentaron el formato y los no-colores se hicieron aún más intensos; esto se liga íntimamente a la frase que resume la filosofía de vida y obra de Delia del Carril: “Todo debe ser demasiado…los blancos más blancos, los negros más negros, las actitudes humanas más definidas”.

 

 Aportes

Delia del Carril recibió el Premio ‘Amigos del Museo de Arte Moderno’ (1969)

Entre 1960 y 1989, realizó gran cantidad de exposiciones individuales en galerías y museos de Chile, Francia, Colombia y Argentina.

La muestra retrospectiva más reciente se llevó a cabo en Viña del Mar (1996).

Como reconocimiento al importante papel que ejerció en el ámbito cultural chileno, desde 1995 existe la Corporación Delia del Carril, que se encarga de rescatar y difundir el legado artístico de esta mujer, así como de restaurar la casa ‘Michoacán de los Guindos’, donde vivió la artista junto a Neruda y que actualmente funciona como centro de tertulias y otras actividades culturales.

 

 Investigación

Corporación Delia del Carril

Delia del Carril, grabadora de nacionalidad argentina, fue una mujer ligada íntimamente a las bohemias artísticas y literarias de su país, así como de España, donde conoció al en ese entonces cónsul chileno en Madrid, el poeta Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda con quien se casó.

Luego de la Guerra Civil Española, suceso por el cual debieron abandonar la península ibérica, la pareja se dirigió a México, donde contrajeron matrimonio.

Luego de un par de años en ese país, se vinieron a Chile, instalándose en 1941 en una amplia casa de la comuna de la Reina, Santiago, casa que bautizaron como Michoacán de Los Guindos, en honor a la región mexicana de ese nombre alabada en los versos: “Anahuac que se levanta como un brasero frío donde llegan todos los confusos aromas desde Nayarit hasta Michoacán”…

En ese lugar se llevaron a cabo incontables reuniones de intelectuales y artistas que, con una regularidad casi diaria, llegaban a disfrutar de generosas comidas preparadas por empleados de la casa dirigidos por Neruda, pues Delia, como revolucionaria dedicada a la intelectualidad, no se encargaba en absoluto de los quehaceres domésticos.

Luego las comidas devenían en largas sobremesas que otorgaron a la casa el sitial de verdadero centro cultural de Chile y América Latina, pues entre sus paredes circularon las más importantes figuras de la creación artística e intelectual, quienes disfrutaban de ese espacio abierto a todo creador.

En sus jardines se presentó el Ballet Ruso, cantó Violeta Parra y se gestaron innumerables creaciones: Neruda, bajo un gran árbol que aún hoy existe en la jardín de la casa, creó las monumentales obras Canto General y Odas Elementales.

Luego de la separación del matrimonio, el corazón de Michoacán se vio literalmente cercenado en dos, pues el gran grupo de amigos tendió a tomar partido por uno u otro miembro de la famosa pareja; entonces, las tertulias empezaron a escasear.

Delia del Carril vivió el resto de su vida allí en Michoacán de los Guindos, hasta que la muerte vino a recogerla a los 104 años de edad.

La casa, entonces, se sometió definitivamente al abandono, manteniéndose apenas en pie gracias a una fiel empleada, una mujer que sirvió al matrimonio, luego se quedó con Delia, y tras la muerte de la artista, trató de mantener a duras penas aquel espacio otrora lleno de vida.

Frente al deteriorado estado de la mítica casa, y ante su importante peso histórico, se creó en 1997 la Corporación Delia del Carril, entidad que tiene por fin rescatar la casa del olvido y devolverle su antigua gloria.

Para tal efecto se organizaron arquitectos, escritores y jóvenes estudiantes voluntarios, quienes, junto al apoyo de los intelectuales que vivieron de cuerpo presente la época de oro de Michoacán, han juntado fondos monetarios con lo que salvaron la estructura de la casa, restauraron techos, escaleras y pisos, despejaron el jardín que se había vuelto selva, arreglaron el antiguo escenario del patio, y han llevado a cabo, también, diversas tertulias con interesantes figuras de la intelectualidad chilena, reuniones amenas que reviven el ambiente que antes bullía en la casa de Delia y Pablo.