En sus inicios, Pérez se mantuvo dentro de
la corriente del informalismo abstracto, cosa que también
manejaron sus compañeros del grupo Signo. Sin embargo
en su obra se observa que las pinceladas no sólo
forman espacios y estructuras: se organizan de una manera
que se convierten en signos y señales de contenidos
fuertemente emotivos. La emocionalidad de Pérez es
la de los grandes románticos, llegando a sublimar las
pasiones humanas. "El tiempo y el muro" es una obra
donde esa pasión se condensa en un signo que reúne
la potencia de la obra. |