El solitario es una pintura donde se observa claramente la
influencia de Pablo Burchard tanto en la ausencia de elementos
decorativos como en la austeridad a la hora de enfrentar el
cromatismo y la pincelada. La composición se soluciona
con tres líneas horizontales dejando espacio para centrar
la atención al total de la obra. Como en todas las
obras de Abarca hay una nostalgia de la relación entre
el hombre y la naturaleza.
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