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"Hay que tener una mente abstracta para entender mi obra"

Pintora por vocación

Hoy, a sus 80 años, la destacada artista Matilde Pérez recuerda que a los cinco decidió ser pintora. "Lo que nunca entendí fue por qué. No tenía a nadie en la familia que me hablara de arte, ni que me inculcara ninguna de estas inclinaciones".

Así estuvo, sin preocuparse mucho, hasta los 18 años. Fue entonces cuando invitó a sus compañeras de colegio a tomar el té, para despedirse. "Les dije que no contaran más conmigo, no porque no las quisiera, sino porque me iba a dedicar a pintar y no podía estarme distrayendo con otras cosas".

 

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Tomó clases de pintura con Pedro Reszka, pero lo veía solamente una vez a la semana, por dos minutos. "Cuando llegaba, pescaba los pasteles y rayaba todo".

Cuando Pedro Reszka le preguntó por qué no se ponía a llorar cuando le rayaba su trabajo, ella simplemente contestó "porque me he dado cuenta de que cuando usted raya mis dibujos pone colores que yo soy incapaz de colocar, porque no sé"

Pero luego de que mandó un cuadro al Salón Nacional, con el que obtuvo una mención honrosa y un premio en dinero, se sintió con la obligación de hacer algo más de arte y decidió entrar a la carrera de Bellas Artes, donde estuvo por 5 años de la mañana a la noche.

"De ahí ya no salí más del Bellas Artes", comenta Matilde. "Tuve la ayudantía, después la cátedra, me casé con mi profesor de dibujo … Desde esa fecha mi vida ha girado exclusivamente en torno al arte".

 

Pintora por vocación | De la figuración a la abstracción | Una relación mental con la naturaleza