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Eficiencia Energética

Impacto ambiental de la energía

Los procesos para aprovechar todos los tipos de energía convencional que usamos en Chile producen o generan algún tipo de impacto ambiental. Se entiende por impacto ambiental una alteración en el medio natural o en alguno de los componentes del medio, producida por alguna acción o actividad.

 

 

Algunos ejemplos de los impactos de la explotación y/o uso de fuentes energéticas convencionales:

El carbón: Las explotaciones mineras a cielo abierto tienen un gran impacto visual y los líquidos que se desprenden de ellas suelen ser muy contaminantes. Los países desarrollados obligan actualmente a las compañías mineras a restituir el paisaje cuando terminan su trabajo. Es decir, que al dejar una zona vacía después de extraer el mineral, deben rellenarla y reforestarla para que no queden a la vista los grandes agujeros, las tierras removidas y las acumulaciones de derrubios de ganga que hasta ahora dejaban como herencia las industrias mineras.

Además, deben controlar cuidadosamente y depurar el agua de lixivación, es decir el agua que fluye hacia los ríos o los alrededores después de empapar o recorrer las acumulaciones de mineral y derrubios, cargada de materiales muy tóxicos, como metales pesados y productos químicos usados en la minería.

El uso del carbón como fuente de energía también produce importantes daños ambientales. Su combustión libera grandes cantidades de gases, con efectos tan nocivos como la lluvia ácida, el efecto invernadero, la formación de smog, entre otros.

Petróleo y gas natural: Son los más utilizados y también los que provocan mayor contaminación, tanto al usarlos como al producirlos y transportarlos.

Uno de los problemas más graves que presentan es la inmensa cantidad de CO2 emitida a la atmósfera al quemar estos combustibles fósiles. Este gas es el principal responsable del efecto invernadero, que provoca el calentamiento global de todo el planeta y cambios potencialmente catastróficos en el clima.

Además, la quema de petróleo y gas natural provoca la lluvia ácida, no tanto por la producción de óxidos de azufre, como en el caso del carbón, sino particularmente por la producción de óxidos de nitrógeno.

La producción y el transporte suele producir daños especialmente por los vertidos de petróleo, accidentales o no, y por los riesgos asociados al trabajo en las refinerías.

 

Energía nuclear: Cuando una central nuclear funciona adecuadamente, la liberación de radiactividad es mínima y perfectamente tolerable por encontrarse dentro de los márgenes de radiación natural que habitualmente hay en la biosfera.

El principal riesgo son los accidentes, que pueden producirse en cualquiera de las centrales nucleares del mundo. Una planta nuclear no puede explotar como si fuera una bomba atómica, pero cuando accidentalmente se producen grandes temperaturas en el reactor, el metal que envuelve al uranio se funde y se escapan radiaciones. Otro gran riesgo es el escape accidental hacia la atmósfera del agua del circuito primario que está contenida en el reactor y es radiactiva.

La probabilidad de que ocurran estos accidentes es muy baja, pero cuando suceden sus consecuencias son muy graves por los graves daños que provoca la radioactividad. Los dos accidentes graves más recientes y conocidos, son el de Three Miles Island, en Estados Unidos y el de Chernobyl, en la antigua Unión Soviética.

La Electricidad: Se considera un energético “limpio”, es decir que no contamina el medio ambiente al ser utilizada. No obstante, hay que prestar atención a los procesos necesarios para producirla y transportarla hasta el lugar de uso.

La generación de hidroelectricidad es un sistema limpio que no genera contaminantes atmosféricos. Pero para almacenar y controlar el agua, se deben construir enormes embalses y lagos artificiales que sí alteran seriamente el medio ambiente, inundando por ejemplo territorios fértiles y útiles para la agricultura, desviando cursos naturales de agua, y destruyendo en algunos casos la belleza escénica del lugar.

Otro posible impacto puede afectar al ecosistema del lugar, pues se altera drásticamente la vida de las especies animales y vegetales que habitan las aguas y la superficie de las tierras inundadas, como microorganismos acuáticos, plantas, peces, semillas, aves, y otros. Además, la gran superficie de agua de un lago artificial puede producir desequilibrios climáticos importantes en las regiones circundantes.

Por último, muchas veces resultan afectadas poblaciones rurales o indígenas, que deben ser desplazadas de sus tierras para permitir la construcción de los embalses.

 

 

La producción termoeléctrica utiliza combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas natural, provocando impacto ambiental en la atmósfera al liberar hacia ella grandes cantidades de gases contaminantes.

 

 

 

 

 

 

La Biomasa (Leña): Éste, a diferencia de los combustibles anteriores, debiera ser un energético renovable, pero al ser sobre-explotado, esto es, cuando se cortan más árboles que los que se plantan, se convierte en no renovable.

La explotación indiscriminada de la leña produce pérdida de la masa vegetal en la región de donde se extrae. Esto reduce la capacidad del área afectada para sostener la vida y altera o destruye la biodiversidad de la selva, bosque o zona de foresta. La extracción descontrolada de este recurso provoca la erosión del suelo por la pérdida de la vegetación (hierba y humus), y afecta la capacidad del suelo de retener agua. Cuando ocurre en cerros y laderas, predispone al riesgo de aluviones.

Además, el almacenamiento de leña provoca
riesgo de incendios durante el verano y su
combustión libera mucho más hollín que los otros.