El
artista que realiza obras murales, a diferencia del pintor que
trabaja sobre el caballete en su taller, encuentra determinadas
de antemano las dimensiones de su obra. Este requisito está
dictado, habitualmente, por las características de la construcción
arquitectónica, la iluminación y la especialidad
interior. Idealmente, la arquitectura debiera ofrecer el muro
preciso a la concepción del artista, estableciéndose
una correspondencia entre plástica y tectónica.
Sin embargo, una vez acordadas las condiciones de forma y dimensión,
surgen otras exigencias formales que se proyectan desde la técnica
hacia el campo de lo estético. Muralista y arquitecto debieran
perseguir la coherencia estilística hasta alcanzar la integración,
es decir, la exacta ecuación entre el muro pintado y el
espacio arquitectónico. (Tole Peralta. Mural: Presencia
de América Latina. Casa del Arte de Concepción 1965).
El problema más serio que presenta el mural es su fragilidad,
ya que al estar en el espacio público, sobre todo en el
exterior, queda expuesto a los agentes atmosféricos que
actúan sobre él, dañando su superficie cromática.
En nuestro país, un alto número de murales ya no
existen porque no se tomó ninguna precaución para
mantenerlos en buen estado.
|
|
En
otros casos, fueron lisa y llanamente borrados por razones de
censura política. Sólo últimamente ha surgido
cierto interés por resguardar este patrimonio mediante
trabajos de restauración, con el fin de recuperar su intensidad
cromática y solucionar los daños que han sufrido.
En su mayoría, estos trabajos fueron realizados por los
propios autores o sus discípulos, pero hay también
restauradores profesionales que se han sumado a esta labor de
protección y rescate.
Es interesante observar que en la historia artística europea
la pintura se desplazó del muro al caballete, mientras
que en nuestro país el proceso fue inverso: del caballete
al muro, aun cuando este último nunca logró desplazar
al primero. En efecto, si consideramos, por ejemplo, el período
colonial advertimos el predominio del cuadro, incluso en los recintos
religiosos. Porque, si bien es cierto que encontramos pinturas
de grandes dimensiones, ellas están pintadas sobre tela
y colgadas al muro. Recordemos la serie sobre la vida y la muerte
de San Francisco en el convento-museo del mismo nombre, cuyo montaje
inicial fue sobre las paredes de los corredores del convento,
hoy desplazada a su espacio museal para su exhibición pública.
|