Portaldearte - Calendario Colección - 1999 - Fascículo

 

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1999
EL MURAL EN CHILE

 

MURALES EN CHILE:
LECTURA ICONOGRAFICA

 

El artista que realiza obras murales, a diferencia del pintor que trabaja sobre el caballete en su taller, encuentra determinadas de antemano las dimensiones de su obra. Este requisito está dictado, habitualmente, por las características de la construcción arquitectónica, la iluminación y la especialidad interior. Idealmente, la arquitectura debiera ofrecer el muro preciso a la concepción del artista, estableciéndose una correspondencia entre plástica y tectónica. Sin embargo, una vez acordadas las condiciones de forma y dimensión, surgen otras exigencias formales que se proyectan desde la técnica hacia el campo de lo estético. Muralista y arquitecto debieran perseguir la coherencia estilística hasta alcanzar la integración, es decir, la exacta ecuación entre el muro pintado y el espacio arquitectónico. (Tole Peralta. Mural: Presencia de América Latina. Casa del Arte de Concepción 1965).

El problema más serio que presenta el mural es su fragilidad, ya que al estar en el espacio público, sobre todo en el exterior, queda expuesto a los agentes atmosféricos que actúan sobre él, dañando su superficie cromática. En nuestro país, un alto número de murales ya no existen porque no se tomó ninguna precaución para mantenerlos en buen estado.

 

 

En otros casos, fueron lisa y llanamente borrados por razones de censura política. Sólo últimamente ha surgido cierto interés por resguardar este patrimonio mediante trabajos de restauración, con el fin de recuperar su intensidad cromática y solucionar los daños que han sufrido. En su mayoría, estos trabajos fueron realizados por los propios autores o sus discípulos, pero hay también restauradores profesionales que se han sumado a esta labor de protección y rescate.

Es interesante observar que en la historia artística europea la pintura se desplazó del muro al caballete, mientras que en nuestro país el proceso fue inverso: del caballete al muro, aun cuando este último nunca logró desplazar al primero. En efecto, si consideramos, por ejemplo, el período colonial advertimos el predominio del cuadro, incluso en los recintos religiosos. Porque, si bien es cierto que encontramos pinturas de grandes dimensiones, ellas están pintadas sobre tela y colgadas al muro. Recordemos la serie sobre la vida y la muerte de San Francisco en el convento-museo del mismo nombre, cuyo montaje inicial fue sobre las paredes de los corredores del convento, hoy desplazada a su espacio museal para su exhibición pública.

 

 
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