Portaldearte - Calendario Colección - 1998 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1998
HISTORIA DEL MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES


C
ASI INMORTALES


Todas las inmortales eran capaces de perfecta quietud; recuerdo alguno a quien jamás he visto de pie: un pájaro anidaba en su pecho. (Jorge Luis Borges. “El Inmortal”).

En la fachada principal está instalada la obra que recibió al numero público que asistió a la inauguración del Museo de Bellas Artes en el año 1910. El autor del monumental bajo relieve fue el escultor Guillermo Córdova (1869-1936). La obra nos recuerda a los frisos de Grecia Clásica, en los que expresaban ideas y acontecimientos a través de la “detención de instantes significativos”. La obra ha utilizado la misma estrategia del gusto y las normas clásicas para lograr el volumen y dimensión de los cuerpos. Sin embargo, ha sido recreada y recreada según el estilo de la estatuaria neoclásica, predominante desde el siglo XVIII al XIX. La enseñanza que recibiera su autor durante los años que estudió en la Academia Francesa (1892-1909) le hicieron cultivar un estilo riguroso al que incorporó temáticas actuales y renovadas, permitiendo inmortalizar en bronce, mármol o cemento armado a musas, próceres y personajes históricos de nuestro país y extranjero.

La necesidad narrativa del relieve está en directa relación con el deseo de trascender el tiempo estático de los personajes. “La alegoría a las Bellas Artes” se orienta en dicha dirección. El relato inicia su movilidad en el instante en que el observador desde el nivel de la calle identifica las figuras e intenta su interpretación de izquierda a derecha o viceversa.

Por ejemplo, vemos la imagen del hombre de cemento que contempla la escena en una actitud y contorsión que no evita la cercanía con el “Pensador” de Rodin. Podemos reconocer la relajación de sus músculos y la ayuda de la musa que en su desnudez revela el ideal de pureza que quisiera impregnar en el oficio del escultor. Se contrapone a esta calma, el gesto apolíneo y viril del hombre que en su agilidad demuestra el dominio de su genio racional por sobre el instinto del caballo alado que se impulsa con sus patas traseras, previo al vuelo, tal vez, de la creación. Y tras estas dinámicas formas una musa se asoma del plano escultórico, en su aire de Venus, para enseñar las manos con pincel y paleta, dispuestas a iniciar una obra. En el otro costado, dos mujeres reflexionan en torno a distintos modelos. La primera apunta con rapidez de pincel la anatomía viva del Apolo, mientras la otra musa se arriesga en el estudio minucioso de la estructura interior de un cráneo.

Como consecuencia del terremoto en el año 1985, las grietas atravesaron las figuras que emergían del bajo relieve. El espacio que dejó la pérdida del trizado material afectó a los “inmortales”, dando la oportunidad a numerosas palomas para inaugurar un nuevo asilo en Santiago. Sólo en el año 1990 se logró restaurar el frontón, con lo cual el pecho de la figura, ubicada al centro de la escena, dejó de ser el urgente nido para volver a ser el vigoroso “Apolo” , con la fuerza y dignidad que le imprimiera su autor.


GUILLERMO CORDOVA
(1869-1936)

Guillermo Córdova Maza nació en Chañarcillo en 1869 y murió en Santiago el 15 de Enero de 1936. Escultor, pintor y dibujante.
Desde 1886 hasta 1894, cursó sus estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, obteniendo quince premios en esos ocho años. Tuvo como maestros a Nicanor Plaza en escultura y a Cosme San Martín en dibujo y pintura.

Posteriormente realizó estudios de perfeccionamiento con Injalbert, en París. Al terminar su aprendizaje en la Escuela de Bellas Artes fue nombrado profesor de dibujo del Instituto Nacional. El mismo año se le dio también cátedra en la Escuela de Dibujo Ornamental de la Sociedad de Fomento Fabril, escuela donde los obreros iban a perfeccionar los conocimientos de dibujo que aplicarían después a sus labores y de la que llegó a ser Director.
En 1906, el Gobierno lo envió a perfeccionarse a Europa y estudió en París las artes derivadas del dibujo, susceptibles de ser aplicadas a la industria.

En 1910, se abrió un concurso para la construcción del relieve que ostenta el frontón del Palacio de Bellas Artes. Se presentó en competencia con muchos otros artistas y obtuvo el Primer Premio con su obra "Alegoría de las Bellas Artes".
En este mismo año obtiene el Primer Lugar del concurso de la colonia francesa para un monumento al Centenario de la Independencia de Chile (que se encuentra en el Parque Forestal, enfrentando al Museo Nacional de Bellas Artes).
Además realizó el diseño y grabado de las medallas del Ejército y la Armada acuñadas en conmemoración del Centenario.

 

Para lograr una mayor difusión del arte, Nemesio inició el programa “Ojo con el arte” en Canal 13 de la Universidad Católica, e intensificó el servicio de orientación escolar de los museos nacionales que había sido creado en 1965. destacando en el Museo de Bellas Artes a profesores-guías con el objeto de atender a los escolares. Entre ellos, recordemos a la destacada escultora Laura Rodig, quien se desempeñaba como maestra en la Escuela Normal, pasando al museo y trabajando en él hasta su muerte en 1972.También se incorporaron otras actividades dinamizadoras, como espectáculos musicales, danza, teatro y cine.

Era una concepción completamente nueva, orientada hacia un museo mucho más activo, integrador de las otras artes, de mayor capacidad convocatoria y muy preocupado de los niños y adolescentes como potenciales frecuentadores de estos espacios.

Todos estos logros, sin embargo, no ocultaban la eterna endemia: falta de fondos y personal insuficiente.

El ritmo expositivo continuó hasta el 11 de Septiembre de 1973, coincidiendo con una exposición que estaba a punto de iniciarse de destacados pintores mexicanos del sigo XX. La exposición no pudo inaugurarse y Nemesio dejo su cargo.

Fueron años muy difíciles los que le tocaron a Lily Garafulic en la dirección del museo, entre 1974 y 1978. Se produjo un marcado descenso en la programación expositiva y la renuncia de muchos artistas a exponer como consecuencia de la pérdida de institucionalidad democrática. Los dramáticos acontecimientos vividos, unido a la carencia de exposiciones importantes, provocaron una baja considerable de público: en 1975 sólo 30.200 personas lo visitaron.

Una respuesta interesante se produce a partir de 1976 con la participación del sector privado, auspiciando algunos concursos como el de la Colocadora Nacional de Valores, por ejemplo, que se transformó en certamen anual de escultura, pintura y gráfica, y será el de más larga duración, con siete versiones consecutivas. Al año siguiente se entregó remodelado el auditorio José Miguel Blanco y restaurada la Sala Chile, entre otras iniciativas ejecutadas por la directora. Asistencias de público muy sugerente se producen con la exposición sobre la “Bauhaus” en 1977 , que atrajo a 71.000 personas, o “El Oro del Perú” en 1978 con una concurrencia de 120.000 visitantes.

Estas asistencias para una sola exposición, cuyo paradigma fue la de “Cézanne a Miró”, pone de manifiesto que el público chileno aún no tiene hábito de frecuentación de espacios culturales con programaciones que no sean espectaculares. El museo no es todavía un lugar de convocatoria masiva, de encuentro y confrontación con el imaginario artístico colectivo. Sólo las exposiciones “anclas” provocan el inusitado fenómeno del museo repleto, con interminables colas para ingresar al recinto. Hay aquí un fenómeno sociológico-cultural que convendría estudiar en profundidad.

En 1978 asume Nena Ossa como directora del museo y se aboca al mismo trabajo que cada director heredaba, vale decir, reacondicionar, remodelar o reparar los espacios: en 1979, se remodela el Anfiteatro Griego al costado norte del edificio con aportes de la Municipalidad de Santiago; el año siguiente todas las salas de exposición del segundo piso como, igualmente, la plazoleta de acceso al museo, y se reinstala la escultura de Rebeca Matte, que se había enviado al Museo Aeronáutico. En 1981, se remodela la Sala Forestal como sala audiovisual con aportes privados.

Pero también hereda una institucionalidad museística cuestionada por amplios sectores del ámbito artístico que la identificaban con el régimen militar. Ciertos problemas de censura a obras que concursaban y sobre todo por su carácter emblemático cambiar el nombre a la Sala Matta como repudio a la posición política de Roberto Matta, fueron factores que acentuaron la distancia entre el museo y los artistas.

Así se explica el bajo promedio expositivo de no más de diez muestras anuales entre 1978 y 1989, excluyendo, por cierto, el período en que el museo estuvo cerrado a consecuencia del devastador terremoto de marzo de 1985. El promedio anual de público entre 1978 y 1985 fue de 75.000 personas, aumentando a 105.000 en los dos últimos años de la década del ochenta.

 

 

 

 


 

 
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