Portaldearte - Calendario Colección - 1998 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1998
HISTORIA DEL MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES

 

Hemos oído a gentes que recién han visitado Buenos Aires, que nuestra exposición no es en nada inferior a la de esa ciudad, y en ciertos detalles superior.

Por lo que hemos visto a la ligera durante la tarde de ayer, podemos decir que esta exposición en conjunto es un gran éxito tanto por la calidad de los trabajos exhibidos como por su cantidad. Están ahí representados todos los países de Europa en que hay un arte más floreciente, como Francia, Inglaterra, España, Alemania, Italia, Bélgica; y de América, los Estados Unidos, cuya presentación artística es una de las más brillantes y sólidas. Para nosotros, el salón norteamericano ha sido una gran revelación y una grata sorpresa. Conocíamos de ese país de las industrias colosales, nombres aislados de artistas, pero no más imaginábamos toda la gran labor realizada en arte por aquel pueblo. Pronto tendremos ocasión de estudiar en detalle este Salón, como igualmente todos los otros.

En el Salón Chileno, que ocupa la sala de honor, están todos nuestros maestros y jóvenes pintores, sobresaliendo entre los últimos el gran Benito Rebolledo Correa, “Ante el Mar”, que estudiaremos en próximas crónicas.

En la sección española se pueden ver telas de Sorolla, dos cuadros de pequeñas dimensiones; de Zuluaga, hoy tan discutido; de Álvarez de Sotomayor, de Benedito, de Chicharro, Santiago Rusiñol, Ramón Casas Benlliure, López Mesquita, Villegas Zubiaurre, etc.

Creemos que las naciones mejor representadas son Francia, Inglaterra, España y Estados Unidos.

Para los chilenos, la apertura de esta Exposición tiene un alto significado: es el gran paso de nuestro arte. Nuestros artistas tienen una regia casa. Ese palacio que reúne todas las comodidades y los adelantos en la materia; además de la armonía y belleza de su construcción. Dentro de su recinto, se cree estar en Europa y al asomarnos por sus amplios ventanales por donde se filtra una luz suave, propicia a los cuadros, vemos las cordilleras de Los Andes, todo el hermoso paisaje de nuestro suelo.

La Europa con su arte ha venido hacia nosotros. Nos trae lo mejor que tiene; pero nos ha enviado mucho bueno de lo que posee. Es verdad que de tiempo en tiempo se suelen notar en las murallas, cosas insignificantes; pero son éstas unas pocas, casi perdidas en el total de las obras buenas.

Se nos dice que la exposición estará abierta hasta el mes de Enero. Magnifico. Así tendremos tiempo de ver todo con la serenidad que requieren estas cosas y nuestros jóvenes artistas sobre todos aquellos que no han viajado por Europa, tendrán por más de tres meses una magnífica escuela en que desarrollar y cultivas sus diversas tendencias y temperamentos. Porque en la Exposición actual hay de todo; están todas las escuelas desde las clásicas, representadas por cuadros de museos, hasta las mayores audacias del impresionismo.

Aunque todas las partes del edificio no han sido terminadas en las que han habilitado, se celebra con brillo la Exposición.

La Comisión de Bellas Artes ha hecho todo que ha podido por el mejor éxito y lo ha conseguido. Su labor es plausible.

La fecha de ayer es grande y seña el día de la mejor y más intelectual de todas las fiestas de nuestro centenario.

EL DIARIO ILUSTRADO SANTIAGO DE CHILE - JUEVES 22 DE SEPTIEMBRE DE 1916

Vista de la Clausura de la Exposición Internacional
de Bellas Artes

Enero de 1911

 

También se menciona que en la colección hay muchos cuadros y esculturas de relativo valor artístico, que bien podrían repartirse en pequeños museos provinciales. Se había echado la casa por la ventana y no se tomaron las mínimas precauciones presupuestarias para terminar el edificio y sobre todo para su mantención posterior. El museo se fundó y casi se fundió.

Una visita sorpresiva del Presidente de la República, en diciembre de 1915, le permitió comprobar el mal estado del recinto y debido a la pésima impresión que le produjo, informó ese mismo día al director Lynch que el gobierno concedería fondos para su reparación. No obstante, los recursos prometidos que alcanzaban a $ 50.000 sólo fueron entregados años después, en 1922, al director Pedro Prado.

Así y todo, el museo no superaba sus problemas presupuestarios y caía en una rutina muy próxima a la inercia. Después de la prolongada dirección de Enrique Lynch, entre 1897 y 1918, en la sola década del veinte hubo seis directores que, en promedio, duraron dos años cada uno en su cargo. En la Revista de Arte de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, N° 19 de 1938, se señalaba que: “El Museo permanece más tiempo con sus puertas cerradas que abierto al público y que es tal vez el único caso de museo en el mundo que se cierra a mediodía. Es así como no se puede entrar a visitarlo a la once de la mañana, porque ni un segundo después de las doce-antes los cinco minutitos no cuentan-suena la campana de salida y el billete no es válido para la tarde”

A fines del decenio del veinte se introdujo una reforma administrativa muy importante: por Decreto Supremo N° 2135, de 12 de junio de 1929, se dispuso que el museo, vinculado jurídicamente a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, situación que se mantiene hasta hoy.

En 1930, el museo cumplió cincuenta años de vida desde su creación en 1880. Para conmemorar este Cincuentenario, se organizó una exposición extraordinaria de arte chileno, cuya base fue la colección de Luis Álvarez Urquieta (que posteriormente sería adquirida por el Museo) y algunas donaciones, siendo las de mayor importancia las de Santiago Ossa y Carlos Cousiño. Este último había donado tres obras del pintor Monvoisin que no alcanzaron a exponerse porque necesitaban tratamiento de restauración. (Catálogo de la Exposición Extraordinaria en el Cincuentenario de su fundación (1880-1930) Stgo. 1930).

La situación del museo seguía siendo muy precaria y demostraba que el entusiasmo inicial que había concitado la construcción del edificio no había sido más que un destello; después de su inauguración quedó entrega a su suerte. Con razón, Carlos Humeres escribe 1939: “Se requiere una mayor atención a un servicio de tanto significado educativo como el Museo de Bellas Artes que, desde largos años, no ha contado con un presupuesto que le permita aumentar sus colecciones; por este motivo, no existe una representación adecuada del arte chileno actual, cosa verdaderamente inconcebible y que llama la atención de los extranjeros que lo visitan para conocer lo que aquí podemos exhibir como nuestros valores plásticos”. (Revista de Arte N°2, publicada por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Santiago, diciembre 1939).

En 1940, el director Julio Ortiz de Zárate insistía en la absoluta falta de fondos para adquirir obras y para confeccionar catálogos. Hacía presente la carencia de un taller de restauración con el consiguiente riesgo del deterioro de las obras y el mal estado del edificio, particularmente de la gran cúpula vidriada, cuyos vidrios al no reponerse permitían que las lluvias del invierno inundaran el hall central.


COSME SAN MARTÍN 1856 - 1905
EL NIÑO DE LA CHAQUETA BLANCA, PINTURA ÓLEO SOBRE MADERA 32x25 CMS.

 

 
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