Portaldearte - Calendario Colección - 1997 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1997
REALISMO


Ingres / "La Bañera"

gran historiador inglés Ernst Gombrich señala certeramente, en su libro Arte e Ilusión, la relación entre lo verdadero y lo semejante: “Pintar es una polémica activa con el mundo, y así, el artista antes verá lo que pinta que pintará lo que ve”.

Desde un punto de vista cronológico, esto que se ha descrito como una cierta apropiación de la realidad, avanza desde la observación aislada naturalista hasta el espacio pictórico percibido armónica e individualmente. El primer hito es en el gótico tardío, el segundo, en el barroco y, el último, en el siglo XX.

A pesar de las diferencias constatables entre el realismo actual y el llamado realismo histórico, como la pérdida de la identidad, el aislamiento del detalle, la desintegración entre sujeto y objeto, existe sin embargo, una notable cercanía entre ambos: la especialización en determinados géneros.

Durante siglos, lo objetivo fue la medida del trabajo y el criterio de valoración artística; pese a la perfección técnica tanto de anatomías como de espacios, vistas a través de una engañosa perspectiva, nunca se da la fusión entre arte y realidad, sin dejar de considerar a su principal aliada: la abstracción. Todos los artistas, desde Jean Dominique Ingres (1780-1867) a Courbet cuentan con este implacable recurso. Paul Cézanne (1839-1906), por su parte, impedido de copiar la naturaleza, declara que lo lícito es “no reproducir la naturaleza, sino representarla... a través de equivalentes formales cromáticos”. Es el gran auge y la nueva crisis del arte del actual siglo. El desarrollo de la fotografía conduce a la pintura hacia una liberación frente a la objetividad.


REALISMO FOTOGRÁFICO

Notable paradoja es que un pintor descubre la fotografía y obliga así a los artistas a una nueva creatividad o les facilita su creación, partiendo de imágenes fotográficas. Sólo el desarrollo de la perspectiva en el renacimiento tiene tanta resonancia como el acuerdo al que llegaron el 14 de diciembre de 1829 el pinto naturalista Louis Daguerre (1789-1851), cuando se comprometen a capturar cuadros de la naturaleza sin recurrir a la ayuda de un artista.


Paul CÚzanne /"El Jarrón azul"

Elementos realista se encuentran tanto en el arte rupestre y en el de la antigua Roma como en la segunda mitad del siglo XV. El realismo gótico de franceses y holandeses surgido del pensar burgues y el realismo mundano irrumpe en el mundo intelectual de la época, orientado hasta entonces, hacia iconografías cristianas y trascendentes. Con posterioridad, se observan rasgos realistas en la pintura flamenca del siglo XVII, así como preponderantemente en el siglo XIX, cuando la aparición de la fotografía favorece y provoca la necesidad de una exacta experiencia de la realidad. En el decurso histórico se habla de “realismo urbano”, etcétera. Sucesivamente se alude a los llamados realismos social, proletario, burgués, socialista y capitalista. También se conocen versiones como el “neorrealismo” y el “realismo mágico”. A los seguidores del surrealismo se los nombra como “realistas fantásticos” o “realistas psíquicos”. Algunos teóricos consideran que las formas más puras, y única meta del nuevo realismo, son aquellos atisbos conseguidos en el “realismo material” por artistas como Duchamp, Andy Warhol (1930-1987) o Beuys, quienes superan el antiguo concepto filosófico del arte, privilegiando lo hallado frente a una realidad más alta y absoluta.

EL REALISMO HISTÓRICO

Probablemente uno de los grandes momentos de la historia del arte europeo sea la conquista de lo real, alcanzada en los cuadros religiosos o en las iluminaciones y miniaturas de los libros medievales. Junto al motivo central de la composición, en el fondo dorado de los cuadros surge maravilloso el mundo de los objetos: piedras, flores, animales y utensilios decorativos muy variados; el mundo visible se revela en estos elementos materiales.

Con el retorno de aquello que se ha dado en llamar la “mimesis aristotélica”, este tipo de pintura la realista, aquella que imita la naturaleza es comprendida como una legítima tendencia artística frente al mundo de lo visible. Sin embargo, cabe aclarar que esta mimesis nunca fue pura imitación, vale decir, relejo idéntico de ciertas circunstancias empíricas. Desde sus orígenes más remostos, la mimesis fue proceso de apropiación de la realidad, un intento de aproximación que transforma lo representado a través de filtros preceptúales y de la elaboración técnica más depurada. Lo que es visible y aceptado gana, en cada nueva interpretación pictórica, significación propia y legitimidad.. Para realizar esta actividad debe, entonces, existir una ineludible organización pictórica, una completa disposición e integración de las partes frente al todo. Al respecto, el

 
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