Portaldearte - Calendario Colección - 1997 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1997
REALISMO

APUNTES SOBRE EL REALISMO

El realismo es un movimiento pictórico que propicia la observación de la realidad como reacción ante las corrientes de inspiración ideológica-intelectual o abstracta, que surge de modo esporádico en diferentes épocas de la historia del arte. Reflexionar sobre el realismo y sus alcances es un tema tan polémico y diverso como irreal. Cada forma de realismo es siempre distinta de la realidad. Sin embargo, antes de abordar la corriente pictórica que actualmente se conoce como “realismo”, es deseable cuestionarse acerca de la naturaleza y los alcances que tiene lo que hoy en día se asocia con la realidad. Porque todo lo que es realidad para una determinada época, no surge sino de las exigencias, usos y costumbres e la sociedad que la detenta. Históricamente, se observa que los distintos modos de representación de la realidad cambian a través de los tiempos, tal como ha sucedido con los gustos y con aquel tópico impreciso y siempre problemático que es el estilo.

La aparición en la década del veinte de los estudios sistemáticos sobre lingüística, da paso, con el tiempo, al formidable concepto de “the media is the message” (el medio es el mensaje). Parafraseando a Marshall Mc Luhan (1911-1980), podría decirse que el medio es la realidad. Se sabe que, ante todo, real es lo visual, lo visible. Esta definición, calificada de cierto positivismo óptico, tiene como consecuencia ulterior e ineludible la ampliación y en igual medida el estrechamiento de la conciencia. Así, esta duplicación de la realidad. A modo de ejemplo, en reemplazo de un documental sobre la contaminación, el smog cotidiano conforma la totalidad del filme.

Una gran mayoría contemplativa y silenciosa, demuestra su permanente participación y, a la vez, su indiferencia frente a estas realidades.

Lo real se confunde con la propia imagen y viceversa; la imagen termina por convertirse en realidad, en una suprarrealidad o en lo que se llama “realidad alternativa”.

En un sentido similar a lo anterior, existen también las imágenes como abstracción de la realidad. En esta paradoja se basa de preferencia el fotorrealismo, visto como la realidad registrada, con sus distorsiones y/o resoluciones, como base para la

representación pictórica. Esta, tiene como ingredientes la percepción del ojo y el registro mecánico efectuado por la cámara, la cual aparece finalmente en el soporte como síntesis de la realidad.

El arte contemporáneo, que busca una nueva realidad tras haber perdido otra anterior, se aleja de la “naturaleza”, de lo real y reproducible. Este desarrollo se efectúa de modo tan consecuente que la historiografía alemana de la segunda mitad del presente siglo concluye que “el imperio del realismo oriental parece haberse extinguido”. Una vez que el arte logra desligarse de sus primigenios lazos sacarles y religiosos, obtiene la debida distancia respecto del mundo de las apariencias o fenoménico. Este alejamiento propugna el aislamiento del arte. Así, la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, como la llama Walter Benjamín (1892-1940), pierde su unicidad y su carácter ilusorio, deviniendo en objeto transable comercialmente. Ello puede ser asimilable, pero no una vez perdidas sus cualidades metafísicas y su nivel de entendimiento y acercamiento para el público.

Tras años de búsqueda, el arte cree encontrase a sí mismo y demanda de su público nuevas instancias de injerencia social. Autores como Josepth Beuys (1921), Dieter Rot (1930) y Hans Haacke (1936) experimentan como arte no sólo toda la vida creativa, sino que estudian la problemática del tiempo y la metamorfosis de un determinado objeto en su espacio real aislado. Los protagonistas de las tendencias del actino art, body art y land art, entre otros, reconocen la importancia del arte ante la compleja realidad de hoy, cada vez más dedicada a lo utilitario y anónimo.

Ya no basta la autonomía objetiva del cuadro ni su motivo. En principio, no es necesario declarar nulos y sin valor la realización de cuadros y muy en especial aquellos realistas, como lo habían determinado los artistas conceptuales. A principios de este siglo, Marcel Duchamp (1887-1968), rompe con el concepto de pintura imperante hasta aquel entonces: en vez de presentar en sucesión, tema y estilo deja que la realidad, sin caer en la mimesis, se presente como tal en sus ready mades.

Luego de más de cincuenta años de pintura abstracta, a partir de las investigaciones de Duchamp, se cree prácticamente imposible el retorno a un arte que sostenga la materialidad de la pintura. En los años cincuenta, época de esplendor del tachismo, se ataca el resurgimiento de la corriente realista, advirtiendo un grupo que “pese a poseer el afortunado don de la mágica potencia creadora, la ponen al servicio de la producción y exageración de algo que existiría también sin ellos”. (W. Grohmann, Berlín, 1953)

A fines del siglo XIX parecía que la pintura “se acercaba al final de la supremacía que le había sido reconocida desde el Renacimiento”, escribe Werner Hofmann en su libro titulado De la Imitación al Descubrimiento de la Realidad. El gran cambio, empero, se produce en 1855, cuando en una barraca parisina de la Avenue Montaigne expuso sus obras Gustave Courbet (1819-1877), rechazado para mostrar sus trabajos en la Exposición Internacional. Rara vez una exhibición de un pintor cuestionado tiene tales consecuencias para la historia del arte.

“Pretendo simplemente incluir en el conocimiento de la tradición el sentimiento razonado e independiente de mi propia individualidad”. Es así como Courbet, que se auto proclamaba éléve de la nature, define su postura que lo sitúa dentro de la continuidad de la expresividad francesa. En su Manifiesto Realista asuma la pintura como, “un lenguaje totalmente físico”, que consiste “únicamente en la representación de los objetos que el artista puede ver y tocar”. En la presentación de un catálogo de sus obras, escrito por él mismo, señala: “Título de realista me corresponde, como les corresponde a los hombres de 1830 el de románticos. En ninguna época los calificativos proporcionan una idea exacta... Saber para poder, esta es la base de mi pensamiento. Hacer del arte algo vivo, este es mi fin”.

El ímpetu revolucionario del realismo se encuentra en la contemplación y réplica fehaciente y directa del mundo de los objetos, pero al mismo tiempo, es el núcleo de su limitación. Aun cuando el vocablo realismo a mediados del siglo XIX aparece como novedad, el hecho en sí no lo era, afirma Edmond Duranty en su periódico Réalisme, fundado en 1856. Al año siguiente, el crítico Jules Champíleury, en su libro Le Réalisme, transfiere este concepto estilístico a obras de arte más antiguas. Poco antes Théodore Fontane había declarado que “el realismo en el arte es tan viejo como el arte mismo, incluso más aún: él es el arte”. Sin intenciones de caer en un absolutismo estilístico, este concepto representa una generalización tipológica de estilo que, según se avanza en el tiempo, tiene que valerse de calificativos adicionales para explicar en su totalidad lo que entiende por realidad y por realismo.


Gustave Courbet / "El Encuentro"
 
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