Portaldearte - Calendario Colección - 1996 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1996
EL MAR EN LA PINTURA CHILENA

Vanguardia Estética

En el mes de octubre de 1923, en el diario La Nación, de Santiago, se publica un artículo que reza lo siguiente: “Mañana se abrirá en la sala Rivas y Calvo, en la calle Compañía, la exposición de cuadros, dibujos y estudios de los artistas chilenos que forman el Grupo Montparnasse, denominación que envuelve a los que cultivan las tendencias más modernas dentro del actual movimiento artístico
.
Se exhibirá un conjunto de telas y cartones de cada uno de los siguientes artistas: Manuel Ortiz, Julio Ortiz de Zárate, Henriette Petit, José Perotti y Luis Vargas Rosas.

Esta exposición tiene, por distintos motivos, condiciones para constituir un acontecimiento culminante en nuestros fastos artísticos. Es el conjunto más expresivo de los avances de la generación más moderna de pintores chilenos hacia los nuevos caminos de la concepción e interpretación pictóricas de la naturaleza. Las obras de cada artista se expondrán clasificadas por fechas, para que la indicación cronológica de la producción muestre objetivamente al espectador las distintas fases del desenvolvimiento del autor.

La exhibición del Grupo Montparnasse estará abierta al público en la sala nombrada durante toda la próxima semana”.

No sospechan sus cinco miembros la repercusión que para las artes plásticas locales representa dicha muestra y su peso e influjo en la modernidad.

Henriette Petit (1894-1983), es un hito alto e ineludible de la pintura local. En los años de su formación se presume que la mujer dedicada al arte se identifica con creaciones complacientes y bonitas, destinadas a decorar muros. Empero, tuerce esa vil tradición. Opta por un camino duro y arriesgado, acorde a su carácter rebelde e inconformista. La rica sensibilidad que la ahoga, la incita por el futuro antes que por el pasado.

En su hogar, los familiares directos manifiestan predilección por el arte de sus hermanas. Magdalena es escritora de nota, Margarita es intérprete musical en piano y Marta revela aptitudes para la actuación teatral. Su padre, el doctor Emilio Petit, es afamado e importante en la docencia universitaria.

Desde sus inicios, su obra queda signada por la impronta innovadora. El estudio sistemático en la Academia de Bellas Artes le aporta el adiestramiento con los materiales y los principios básicos de la armonía cromática, composición y dibujo. Elimina con seguridad pasmosa todo atisbo normativo que coarte la libre y genuina expresión, así afina y purifica el génesis y la metodología de su pintura.

Las lecciones con Juan Francisco González son determinantes. El maestro la impele a la pintura al aire libre. Los rincones del Parque Forestal y sectores próximos al barrio de la Estación Mapocho son los primeros motivos de su trabajo.

En el año 1920 viaja a Europa por primera vez. Lo hace en compañía de sus hermanas. En Florencia conoce a Luis Vargas Rosas (1893-1977) y, luego, en París, se inscribe en el taller del escultor Emile Antoine Boudelle (1861-1929), seguidor y discípulo de Auguste Rodín (1840-1917). Curioso es que una pintora


Elminia Moissan
"Lavándose los Pies"


ingrese al estudio-taller de un escultor, pero sus afanes en el dibujo y los resultados de la enseñanza apreciados pronto en sus trabajos, indican lo acertado de la elección, que persigue enfatizar los volúmenes y el carácter monumental de las formas.

El escultor francés, arrobado por la belleza de la chilena, la retrata. Por años una copia en bronce adorna su casa del barrio de la Avenida Perú, de Santiago. Hoy se conserva en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Retornada a Chile, expone con el Grupo Montparnasse, el año 1923. Son paisajes y bodegones que acusan una depresión y desgarramiento misteriosos. Entrevistada en el diario La Nación del jueves 25 de octubre de 1923, por Álvaro Yánez, Jean Emar (1893-1964), expresa con aplomo: “No sé. Soy inquietud, vacilación, dudas. Hoy con el Grupo Montparnasse. De aquí a un año, tal vez cubista, tal vez académica. Antes de saberlo tengo tantas cosas que borrar y corregir. En fin, no sé y trabajo”. Párrafos adelante rubrica su pensamiento: “....hago investigaciones, simplemente investigaciones; pero con mucha fe. Y es lo que en el Grupo Montparnasse hoy día presento al público: un poco de mi credo artístico; mucho de mis vacilaciones, de mis buenas vacilaciones que me hacen ver que no he muerto con tomar los pinceles”... “pues por ahora sólo estoy convencida de cómo no hay que hacer: no todavía de cómo hay que hacer”.

Vuelta a Europa en el año 1925, asiste y frecuenta diversos talleres. El año 1927 contrae matrimonio con Luis Vargas Rosas. De esa residencia proceden sus mejores trabajos, centrados en análisis de las formas femeninas.

Diseñadas las anatomías de modo escultórico y de elocuente monumentalidad, parecen traspasadas de las figurillas de la escultura negra. Le sucede lo que a otros creadores de la Escuela de París: encanto y fascinación por el arte primitivo y tribal.

Las modelos y personajes retratados viven una atmósfera de resinado silencio y, a todas antepone su concepción del hombre y la pintura. La potencia expresiva la conduce a retener, en los soportes que emplea, significativos sentimientos: angustia, postración y soledad humanas. Ninguna relación existe con nociones de maternidad, fecundidad o sensualidad. La técnica severa del tratamiento de la pasta y las texturas, en tonalidades sienas, ocres y tierras, definen formas fuertes que habitan un espacio bidimensional de asfixiante sugerencia.

La incomprensión de la crítica conservadora y de cierto público de arte no la amilana o inhibe. Con esa seguridad que otorgan las convicciones estéticas, se aventura sin timideces en la vanguardia de la

pintura, dando pasos en la conquista de la libertad artística.

El mejor período de su obra se extiende entre los años 1920 y 1940, tiempo suficiente para legar una producción valiosa y sugestiva. Después, de un largo silencio plástico. El retorno a Chile la distrae de sus búsquedas y cauces creativos y su producción declina ostensiblemente.

Marta Villanueva (1900) es una de las primeras beneficiadas por la estética que despliega el Grupo Montparnasse en el país. Su producción inicial, finales de los años veinte, se norma bajo los predicados de la lección cézanniana del ordenamiento plástico, la recuperación de la forma y la consistencia de la composición. Luego desarrolla una pintura de acento poético derivada de las incursiones visuales en el mundo onírico y análisis de formas abstractas, alcanzando allí una definición plástica personal y meritoria.

Transferencias desde la Escuela de París

La internacionalización plena de los estilos artísticos en el país se consolidad con el grupo de artistas que durante el año 1928 continúan sus estudios en diversas instituciones de capitales europeas. La situación es muy conocida.

Dificultadas económicas y polémicas estéticas determinan el cierre de la Escuela de Bellas Artes y el envío de los mejores estudiantes al Viejo Mundo, a proseguir sus perfeccionamientos plásticos y adquirir dominio de alguna disciplina de las artes aplicadas o decorativas. El Decreto N° 6140 de 31 de diciembre de 1928, crea la Dirección de Educación Artística, y en su artículo 1° letra g, especifica que se “comisionará, a contar desde el 1° de febrero y por un plazo máximo de tres años, con la remuneración única anual que en cada caso se indica, a profesores artistas que se hallan especializado en los siguientes ramos, con el objeto de que se trasladen a Europa a perfeccionar sus conocimientos y desempeñar otras comisiones que se les encargará por decretos supremos relacionados con la organización administrativa y docente de esta enseñanza o del Museo”. Más adelante detalla las comisiones e indica, entre otras las siguientes disciplinas: Anatomía Artística; Escultura y Ornamentación; Dibujo; Grabado y aguafuerte; Vaciado, Modelaje y Ornamentación; Estética e Historia del Arte; Pintura; Decoración y Pintura al fresco; Dibujo y Pintura; Tallado en Madera y Repujado en Metal; Fundición Artística; Afiches y Escenografía; Cerámica, Litografía y Fotograbado. Los becados pertenecen a la Academia de Bellas Artes y a la Escuela de Artes Aplicadas.

En París, en 1928, se publica la obra “El surrealismo y la pintura”, de André Breton (1896-1966), donde se manifiesta la contribución de la pintura a los aspectos desconocidos del espíritu humano, tema de crecientes indagaciones. La presencia de Salvador Dalí (1904-1989) y de Luis Buñuel (1900-1983), potencian al movimiento, sobre todo a partir de los trabajos cinematográficos emprendidos, como “El perro andaluz”, cuyo rodaje se inicia ese año, trocándose en un documento visual que rompe con las convenciones fílmicas al estar dominado por el absurdo y la metamorfosis onírica de las imágenes.

 
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