Portaldearte - Calendario Colección - 1996 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1996
EL MAR EN LA PINTURA CHILENA

La precursora de la pintura femenina en Chile es Agustina Gutiérrez Salazar (1851-1886), primera mujer que ingresa a la Academia de Pintura fundada en 1849. Se desempeña como profesora de dibujo y participa con importantes envíos en los concursos anuales de 1875-1884, alcanzando inclusive algún reconocimiento. Cultiva los diversos géneros, pero se aplica con esmero en el retrato, al que confiere carácter y matiz psicológico, en una labor que le permite subvenir a sus necesidades. Un comentario de época, en el taller Ilustrado de 1886, expresa que la artista, lentamente, “llegó a formarse una clientela, sus retratos al óleo y a lápiz tuvieron la mayor aceptación. De estos últimos ha trabajado un buen número particularmente para Valparaíso, entre los cuales hay algunos sobresalientes en méritos, ya sea como corrección y pureza de líneas, o ya por su modelado y parecido al original”. Párrafos adelante se indica que se “hizo conocida en todo el país por su talento artístico. Ricos y pobres elogiaron sus trabajos. Su reputación estaba asegurada. Sus cuadros iban a ser naturalmente adquiridos por los hombres de fortuna”.

Vale consignar que en el discurso de inauguración de la Academia, Alejandro Cicarelli (1811-1879) señala que “deseo llamar la atención de la estudiosa juventud chilena, para observarle, que la patria le abre una nueva carrera que le asegura una nueva posición social. La carrera es vasta, y aunque opuesta a la de las armas, es gloriosa como ella. Si los hijos de la patria derramaron su sangre en los campos de batalla para asegurar su independencia y su grandeza, las bellas artes tienen la


Melton Prior "Procesión de Corpus Chisti, Plaza de Armas"

misión de fecundar esta semilla de virtud y patriotismo, ilustrando por medio del arte las hazañas de estos valientes”. Tal vez esta es la razón que justifique la redacción del Artículo 1° del respectivo reglamento, que expresa en su parte final que “ su principal objeto es un curso completo de pintura histórica para los alumnos de número de la Academia”.

DIFUSIÓN ARTÍSTICA EN EL MEDIO SIGLO


Agustina Gutierrez


Bastantes más antecedentes se conocen de las hermanas Mira Mena, verdadera avanzada femenina incorporada a la actividad artística y cultural en las tres últimas décadas del siglo XIX. Representan la plena participación de la mujer en el ámbito de la cultura plástica, evidenciada con sus constantes participantes en los Salones Oficiales, la obtención de algunos reconocimientos y su entrega entusiasta al arte. El padre, Gregorio de Mira, es alumno de Raymond Quinsac Monvoisin, de temperamento proclive a las artes y las humanidades, al extremo de fomentar en sus hijas la creación musical, literaria y artística.

Las hermanas Mira, junto a otros creadores, son los más aventajados artistas beneficiados por la acción docente de la Academia de Pintura, en particular cuando reciben el influjo y la transferencia de conocimiento de Giovanni Mochi (1831-1892) en clases privadas, habilitándolas para su participación en salones y concursos locales.

Ambas lideran la vanguardia feminista de Hispanoamérica. En su época, de la mujer se espera su esmero en las labores de casa y el cariño conyugal y de madre otorgan sentido absoluto a la vida. Magdalena Mira (1859-1930) se aferra, de preferencia, al retrato, hecho en su entorno familiar. En su primera participación en el Salón Oficial de 1884 envía tres telas con temas de figura humana y más tarde, de manera esporádica, aborda paisajes o temas religiosos. Aurora Mira (1863-1939)también aborda en sus inicios el retrato y participa en convocatorias artísticas oficiales, pero establece un programa en pintura que atiende de preferencia las naturalezas muertas, los motivos con flores y, en cierta medida, requerimientos ligados a los ornatos y decoración. De asimilar formación y de rasgos estilísticos existen, sin embargo, evidentes diferencias

 

individuales, que confirman los talentos y seguridades de sus posiciones artísticas.

En “El Ferrocarril” de 6 de noviembre de 1884, el artículo Las Bellas Artes en la Exposición, expresa: .....”vemos aparecer y afirmarse de una manera elocuente, por todos reconocida tres talentos distinguidos, originales, llenos de las más lisonjeras promesas. Los nombres de las señoritas Mira y de la señorita Celia Castro, ayer poco conocidos, son ahora los más populares en las dos capitales de Chile: Santiago y Valparaíso. Principiaremos por analizar las obras de la señorita Magdalena Mira, la mayor de las dos hermanas y la más formada como artista”.

Los méritos de Magdalena son palpables en el dibujo de la figura humana y el retrato. Posee aplomo y vigor en su trazo, toma distancia del modelo, lo penetra y rescata su personalidad, respetando su credo estético de sobriedad y objetividad. En cambio, Aurora se explaya ante los motivos, Se involucra con ellos y les traspasa su sensualidad y gozo ante la contemplación de la belleza que exultan frutas, flores, porcelanas, vajillas y felpas. Imaginativa, ahonda y escruta complaciente la naturaleza, atendiendo sus susurros emocionales antes que los racionales.

En Magdalena, su accionar lo preside la reflexión y la pausa ante los modelos. La obra “Retrato ante el Caballete” representa a su padre observando una pintura. La robusta anatomía de cuerpo entero, se recorta con nitidez del fono y revela detalles de composición en la pérdida del plano vertical, que apenas insinúa el espacio de la sala en que acaece la acción. Se percibe también un afán de liberación de las normas académicas y la necesidad de establecer una variante expresiva propia.

 
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