Portaldearte - Calendario Colección - 1996 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1996
EL MAR EN LA PINTURA CHILENA

Al paso del tiempo, la obra de Mary Graham en Chile adquiere relevancia, al captar peculiares aspectos de la “vida doméstica, los afectos familiares, el alma entera de la naciente sociedad chilena”, deviniendo textos y pinturas en un material valioso para un mejor conocimiento de esos inquietantes años.

Empero, quien se considera primera pintora chilena de acuerdo con los antecedentes reunidos, es a doña Paula Aldunate de Larraín (1812-1884), que deja pequeñas obras de significativos sesgos románticos en acuarelas de reducido formato, de zonas aledañas a Calera de Tango.

Se la supone alumna de Juan Mauricio Rugendas (1802-1858), al que conoce en casa de doña Isidora de Zegers (1807-1869) en las comentadas tertulias de la compositora española. De su autoría se conservan bucólicos paisajes de la campiña europea, regiones de Francia y Suiza, realizados también en acuarela.

La existencia de un retrato, en compañía de su esposo, don Santiago Larraín Moxó, comprobaría su condición de alumna de Rugendas. El lienzo está pintado y flechado en 1835, pero pocos antecedentes se tienen hoy de ella.

Las indagaciones en torno a las mujeres pintoras conducen a la sin para Clara Álvarez Condarco Duding (1825-1865) Es hija de José Antonio Álvarez Condarco, militar e ingeniero trasandino quien desempeña un activo rol en las campañas libertarias de Chile y Perú, alcanzando los cargos de Secretario del General José de San Martín y Maestre y Ayudante de Campo. Los servicios prestados al país son gravitantes. En Inglaterra contrata al marino Lord Thomas Alexander Cochrane (1775-1860) y compra las primeras naves de guerra para la Armada Nacional. Conoce y se casa con la distinguida dama Juana Dudding y tiene varios hijos.

Clara Álvarez Condarco logra una educación privilegiada en Inglaterra, donde transcurre parte de su infancia, demostrando una particular predisposición hacia los idiomas y las lenguas clásicas.

Alrededor de 1839 llega, junto a su familia, a Valparaíso, escapando de la dictadura de Juan Manuel de Rosas (1793-1877) Profundiza sus estudios humanísticos y pronto su casa se transforma en un centro escogido de la actividad intelectual y discusión política, donde concurren los inmigrados argentinos.

En ese ambiente revela “un ingenio superior y un carácter atrayente”, y la atmósfera reinante en su residencia la convierten en el hogar de una auténtica “artista, a la que acuden los literatos y los viajeros argentinos, chilenos y americanos o europeos”. Mantiene amistad con don Andrés Bello (1781-1865), que la inicia en la lectura de Víctor Hugo y Byron. A Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) le imparte clases de idiomas y con Mariano Egaña (1793-1846) discute y polemiza sobre las ideas políticas y sociales en boga.

Su afición a los idiomas justifica su colaboración en el diario “El Mercurio de Valparaíso” y Santos Tornero le encomienda la traducción de folletines y la elaboración de artículos sobre temas literarios. Publica obras, previas traducciones de autores franceses e ingleses, entre otras “Los Miserables”, de Víctor Hugo; “La Libertad”, de Stuart Mill, e “Historia de Grecia y de la Edad Media”, de Víctor Duruy. Prepara, además, avisos comerciales y crónicas para la colectividad inglesa porteña y comerciantes marítimos.

Inicia en la prensa una señera labor crítica literaria en breves ensayos, que por recato y humildad no firma. En ellos evidencia su cultura, sensibilidad y juicio reflexivo.

Se dedica también a la enseñanza de los jóvenes y propaga sus personales concepciones en torno al papel que debe asumir la mujer, su desarrollo moral, intelectual e instructivo.

Alrededor del año 1840 conoce al pintor Juan Mauricio Rugendas, cuando ingresa al taller abierto en el puerto, para hacer retratos y dar clases de pintura y dibujo.

Poco se conoce a la pintura de Clara Álvarez Condarco, pero es dable conjeturar que en sus años de formación en Inglaterra, aprenda los principios, más que elementales, del dibujo y la acuarela, tal como acaece en la educación de Mary Graham. Tras las orientaciones recibidas en el taller del pintor bávaro, se la presume interesada en el paisaje y las anotaciones de escenas costumbristas, logrando un nivel satisfactorio en esas realizaciones. La fineza, gracia y buen gusto de sus tareas literarias son cualidades que debieron fluir, también, de sus pequeñas pinturas.

Pasan los años y “Miss Clara” o “Miss Condarco”, persevera en su tarea literaria y se convierte en “la colaboradora predilecta del Mercurio y del público, pues la pureza de dicción de sus traducciones inglesas le conquistaron la confianza de los extranjeros y comerciantes que acudían a ella para encargarle la versión de sus documentos más valiosos”.

Adaptando textos para los estudiantes, publicando, traduciendo artículos o bien pintando, Clara Álvarez Condarco es un personaje que espera un profundo y hondo estudio que la rescate de las tinieblas del olvido.
Cuando Rugendas abandona el país, se despide de la sociedad en el diario “El Mercurio”, del puerto. En la página tres, segunda columna, se lee: “Despedida: Parto para Europa con el sentimiento de no haber podido visitar a todos mis amigos de Chile a cuyas órdenes me ofrezco en cualquier lugar donde me halle.
Valparaíso 14 de febrero de 1845”.

Dos artículos en la misma publicación aluden al viajero. Uno es la transcripción del largo escrito tomado del diario “El Universal” de Lima, Perú, del día 30 de enero de ese año. El otro, que merece mayor atención para los efectos de estas líneas, semeja un editorial sin firma, en el cual se reseña su estada en América y significado de su labor.

Unas líneas sorprenden: “Este artista distinguido, a quien nos habíamos acostumbrado a mirar ya como un hombre que nos pertenecía, que debía quedar siempre entre nosotros, parta para Europa con una abundantísima cartera, fruto de su talento y de su incansable trabajo, con el objeto de darlo allí al público, enriquecido con todos los auxiliares que pueden dar realce a obras del género de la que el medita”.

 
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