Portaldearte - Calendario Colección - 1996 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1996
EL MAR EN LA PINTURA CHILENA

Son muchos nombres de los pertenecientes a la llamada generación del cuarenta. El pintor Sergio Montesino (1916), entusiasta del grupo, incentiva muchas de las muestras retrospectivas habidas y en un libro del año 1970, PINTORES Y ESCULTORES DE CHILE, indica los siguientes nombres de mujeres adscritos a la generación: Eliana Banderet, Roser Bru, Ximena Cristi, Marta Colvin, Dinora Doudchitzky, María Fuentealba, Lily Garafaluc, Edith González, Margot Guerra, Olga Morel, Matilde Pérez, Ruth Pérez, Maruja Pinedo, Matilde Puig, Sibila Señoret y Rosa Vicuña. De las citadas, las pintoras de mayor figuración son Maruja Pinedo (1907-1995), Ximena Cristi (1920) y Matilde Pérez (1920), unidas a Aída Poblete (1916), olvidada en el recuento del pintor.

En Maruja Pinedo hay un permanente afán de exploración visual de los motivos vernáculos y de los grupos humanos rurales para rescatar usos, costumbres y formas de vida. Impone una manera de presentar sus morfologías sobre la base de diseños lineales simples, de estructuras geométricas planas y pigmentaciones sin matices, que recubren cada área prefijada en las composiciones. Llamativos son sus tapices, labor que desarrolla que paralelo con la pintura, con temas y motivos similares, aún cuando en el trabajo artesanal la iconografía aumenta por temas religiosos. La ornamentación y el dibujo cerrado, pero rítmico, junto a los pigmentos puros, alegres y aplicados sin textura, se manifiestan como ejes de su producción artística, intensa y sistemática durante cinco décadas. La actividad docente universitaria y su preocupación gremial completan una vida de vocación y servicio por medio de la enseñanza y práctica del arte.


Maruja Pinedo "Composición"

Un itinerario plástico distinto singulariza a la pintura de Aída Poblete, que tocada por el halo de las lecciones de Pablo Burchard E. (1873-1960), debe recorrer un camino desde la figuración ensoñada y nostálgica, de ricas pastas y matices, hasta la abstracción poética de las formas tratadas. Un comentario en la Revista de Arte de 1956, de Sergio Montesino, indica que “su proceso no se produce a saltos, con mutabilidades indiscriminadas, sino por un tránsito continuado y lento, cuyo recorrido se efectúa simple, sencillamente en silencio “.

Las indagaciones plásticas de Ximena Cristi y Matilde Pérez se inscriben con mayor propiedad en las tendencias internacionales.


Aida Poblete "Composición"

Son protagonistas importantes de la vida cultural en las décadas posteriores. Ejercen docencia superior, influyen en grupos generacionales y mantienen una constante labor artística que se expresa en exposiciones, viajes de perfeccionamiento en el extranjero y participaciones en concursos y certámenes.
Ximena Cristi, asume temprano la opción por el color, como elemento clave de sus decires visuales. Los ambientes hogareños, objetos solitarios, el resplandor de los jardines agrestes, la soledad de las sillas de mimbre o el paisaje son subrayados de pigmentación y trabajo cromático decidido e intenso, que no sabe de vacilaciones ni dudas. Un catálogo de 1978, en la GALERIA LAWRENCE, permite a Abraham Freifeld apuntar que: “Ximena es ante todo una colorista”. Tiene razón y mucha. La pintora usa y aplica los cromatismos de una manera que adviene materia, icono.
Olga Morel (1927-1988) es una representante epigonal de la generación del cuarenta. Retraída y silenciosa, su trabajo es pocas veces exhibido. Al límite de la figuración, su pintura hecha de la contemplación a la naturaleza, paisajes y motivos marinos de preferencia, manifiesta un hacer rápido, de amplias manchas y resultados desiguales.
En Matilde Pérez se advierte, mejor que nadie, un afán de indagación y experimentación plástica permanente, forzando sus propósitos iniciales de marcada figuración, hasta culminar en trabajos cinéticos y ópticos.
El concepto de arte cinético se remonta a 1920, cuando Antón Pevsner (1884-1962) y Naun Gabo (1890-1977), hermanos de origen ruso, establecen que las obras plásticas pueden dejar la tradición milenaria de ser estáticas. Proponen una modalidad plástica y conceptual, en la que la tradición de la figuración del espacio queda sustituida por la aprehensión del vacío y en la profundidad articulada del campo espacial. El movimiento real, la emergencia de los “móviles”, incluyendo el uso de las fuerzas de la naturaleza y la constitución del “Groupe de Recherches de’Art Visuel” logran, en los años sesenta, la osmosis completa entre el espectador y la obra cinética. El arte óptico proviene de las experiencias sobre la percepción retiniana de imágenes fijas o en movimiento, realizadas por diversos artistas. Su nombre se inscribe en las artes visuales en el año 1965, con motivo de la muestra “The responsive Eye” “El Ojo respondedor), organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Matilde Pérez adhiere, tras su paso por el grupo de arte moderno “Rectángulo”, constituido en 1955, a

toda la estética de la abstracción constructiva, desarrollando proposiciones en las que intervienen el plano, el volumen y el espacio.


Poéticas de la Abstracción


Se advierte en la mitad del siglo el justo equilibrio entre el quehacer de los artistas jóvenes y el de los maestros de las vanguardias, renovados, vigentes y aún de fuerza creadora. Desde 1949, un grupo de artistas belgas, daneses y holandeses, unidos en problemáticas comunes sobre el arte, constituyen el grupo COBRA. Pretenden agredir, ser contracorriente y oponerse a la rutina, a los principios estéticos tradicionales y a la pintura considerada bien hecha y bella. La espontaneidad y el entusiasmo creador son ejes en los que se sustenta su proceder, justificando con eficacia una de las divisas que guían sus conductas y escrita en uno de sus manifiestos: “el acto creador tiene más importancia que el producto”.
La violencia del grito COBRA adquiere carácter internacional y sus muestras escandalizan, pero manifiestan abiertamente sus convicciones y credos plásticos, abriendo espacios para las generaciones jóvenes. La rebelión estética, como muchas, posee vigorosos condicionamientos románticos y porta críticas a la parálisis de la abstracción geométrica.
De los viejos maestros, Pablo Picasso, de sesenta y nueve años y dedicado a la escultura, sorprende con la solución plástica dada a Cabra, hecha con materiales casuales. Inicia la serie de las recreaciones de obras de maestros del pasado, como por ejemplo las interpretaciones de Retrato de un pintor, de El Greco (1541-1614), y la de “Les demoiselles de la Siene”,de Gustavo Corbet (1819-1877), que las culmina con la Suite de Las Meninas de 1957, análisis que exponen las estructura básica de la famosa pintura y revitalizan el arte español y expresa con su lenguaje y el de la pintura, los meritos de esa pieza antológica sobre la realidad y la ilusión en la visualidad. Este ejercicio plástico será frecuente practica de muchos artistas, que tributan a iconos, refundando imágenes sobre la base de la descontextualización y contemporización simultaneas de ellas.
El llamado neoplasticismo se consolida en Chile desde los años cincuenta. Es una de las tantas reacciones al figurativismo y realismo de connotaciones académicas y sentimentales que se practica, a pesar de las vanguardias y de las poéticas afloradas en el periodo de la entreguerra. Se propicia una expresión visual racional, distante de todo sentimiento, basada en la especulación formal. Los antecedentes se remontan a Piet Mondrian (1872-1944), que desde 1912 hasta 1917 elabora una doctrina plástica, epigonal del cubismo, que recurre al empleo del ángulo recto exposición horizontal y vertical y de los tres colores primarios: amarillo, azul y rojo, a los que se editan los no colores blanco, gris y negro.

 
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