Portaldearte - Calendario Colección - 1992 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1992
AMERICA

 

En el V Centenario del encuentro de dos mundos
IDENTIDAD DE AMERICA EN EL ARTE



Rufino Tamayo, detalle mural Unesco

Las obras de arte americanas del pasado y del presente, además d producirnos admiración, contempladas en conjunto muestra asombrosa continuidad en el transcurso de más de cuatro mil años. Sirvan de resumen y, a la vez, de símbolos, el lenguaje de nuestros días con el que el pintor mexicano Rufino Tamayo ha revivido doscientas centurias de cultura zapoteca y el esplendor de la integración plástico-espacial, vale decir, la obra conjunta y en equipo de arquitectos, pintores y escultores latinoamericanos, que transciende en nuestro siglo la tarea similar efectuada en este Continente durante los períodos precolombino y colonial, y que no ha sido igualada, ni en magnitud ni en calidad, por ninguna otra cultura, incluida en estas categorías la europea judeocristiana. Ambos símbolos, entre otros muchos de similar valía, podrían comprobar que es en la creación artística donde mejor se muestra la verdadera identidad de América Latina.


Ciudad Universitaria de México, murales de Juan O´Gorman

 
La mencionada continuidad se origina, por cierto, en el comienzo de los dos mil años de esplendor del arte precolombino, desde los primeros asentamientos urbanos en el actual Ecuador hacia el año 5.000 A.C. hasta la monumentalidad y la plástica de los “imperios” inca y azteca. No menos de cincuenta culturas diferentes, las más de ellas concatenadas en sucesivas herencias estilísticas, enriquecieron con sus edificios, sus esculturas, sus cerámicas, sus joyas, sus pinturas y sus tejidos el mundo precolombino.

Recientemente se han documenta o las primeras expresiones propiamente culturales del Continente en el norte del Ecuador y el sur de Colombia. En pleno desarrollo de estas antiguas culturas- contemporáneas en sus orígenes de las egipcias y mesopotámicas en el Viejo Mundo y muy anteriores, por cierto, a la Grecia clásica – dos centros expansivos de similar empuje florecieron simultáneamente entre los años 1.300 y 1.000 A.C. En el norte, los Olmecas dieron forma a la que con sobrada razón se ha denominado “cultura madre” mesoamericana y, además de sus características cabezas monolíticas colosales, crearon las más de las estructuras arquitectónicas mexicanas: la pirámide, el juego de pelota, los centros ceremoniales. En el sur, originado en Chavín de Huántar, un verdadero “horizonte cultural”, se extendió de las altas sierras norperuanas y la costa de Lambayeque hasta los desiertos sureños de Paracas y Nazca, cubriendo la mayor parte del territorio pan-peruano. Expresiones de este amplio “horizonte” fueron grandes centros ceremoniales, elaborada cerámica negra, finas tallas en piedra y tejidos multicolores.

 
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