Portaldearte - Calendario Colección - 1988 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1988
DOCE TEMAS CHILENOS

El antiguo debate cultural sobre la identidad de las artes visuales de Chile se viene discutiendo desde el siglo pasado, con encendidos juicios estéticos. Aunque este aspecto no atañe a este fascículo, creemos que hay una realidad histórica y espiritual en los doce millones de chilenos que los hace identificables, genuinos. Es semejante al problema lingüístico. La diversidad y pluralidad de los pueblos de América del Sur, en una múltiple variedad de orígenes, se unen en el castellano, pero entendido con cadencia y modismos distintos. Así como identificamos a un chileno cuando habla en cualquier lugar del mundo, podemos distinguir la pintura de esta tierra sin equivocarnos.

Los asuntos folklóricos, las costumbres del pueblo y la luz inconfundiblemente nuestra que cae sobre los ranchos, unen a un grupo de artistas en las interpretaciones de calles y personajes típicos. Son producto de una tradición que viene gestándose desde hace tres siglos. Hay una manera particular de empastar, para interpretar la naturaleza, en maestros tan talentosos como Juan Francisco González y Pablo Burchard, que inmortalizaron el adobe y los árboles solitarios, de una ecología única, en telas de un lirismo muy chileno. Lo mismo que hicieron los poetas para cantar al hombre, el río, la montaña, que los llenó de honores y prestigio universal.

Lo que primero advirtieron lo novedoso de esta temática, en los albores republicanos, fueron María Graham (1785-1842) y Eduardo Poeppig (1798-1868). La escritora inglesa recorrió los principales centros agrícolas del Valle Central y dibujó con primor las haciendas chilenas y las faenas campesinas, en el lejano 1822. El germano Poeppig realizó 16 láminas en su hermoso álbum “Viaje por Chile, Perú y a lo largo del Amazonas”, en 1827,

 

donde captó a los naturales de este país en grabados muy hermosos, como “Indios Peguenches”, para dejar constancia de una situación vernacular única. Una cincuentena de dibujantes europeos también grabaron con pasión escenas y personajes locales, con un valor iconográfico notable.

El legendario Juan Mauricio Rugendas (1802-1858), fue el más entusiasta en fijar los ojos en escenas costumbristas en dibujos y óleos, que tienen la vivacidad del relato espontáneo, que constituyen una verdadera crónica coloreada, aparte de las bondades plásticas que ostentan. Hermoso ejemplo de lo que decimos está en “Rapto de Trinidad Salcedo”, que enfoca a los araucanos en plena selva, con la veracidad de la ecología del lugar y el perfecto conocedor del tipo racial del indígena sureño. El grueso de la producción suya muestra este afán de captar escenas típicas como el famoso “Huaso y la lavandera” y “Paseo a los baños de Colina”.

 

Juan Mauricio Rugendas "Topear"

 
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