Portaldearte - Calendario Colección - 1984 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1984
V LA VANGUARDIA EN LA PINTURA CHILENA

PATRICIA VARGAS "Las 4 gracias"

 

En comunión con la anterior, PATRICIA VARGAS (1944) tiene en el dibujo su arma más eficaz. Sus desnudos tendidos, sus mujeres entregadas a unas siestas sensuales, están envueltas en unas ataduras inventadas, con unas vendas que las atrapan. Es un arte hermético, que nos interna en los vericuetos de la mente, en las inhibiciones femeninas. Su mensaje saturado de ideas variadas, nos invita a gozar con su técnica noble, con los detalles insignificantes, del más refinado oficio. Para lograr su objetivo recurre a las técnicas mixtas, destacando en lápiz, por su acento en los grises degradados.

Los finos grises de MATIAS PINTO D’AGUIAR (1956) con sus caballos envueltos en el vaho atmosférico, en las neblinas surrealísticas es un valor joven en la tendencia que tantos cultores tiene en nuestro país. Sus estudios reiterados de jinetes, de escenas en los hipódromos, actualizan el viejo asunto que sedujo a los impresionistas, con una personalidad muy marcada. La habilidad para lograr en las variantes de los naranjas una situación contrastada, es muy destacable en sus extrañas carreras de caballos, con un estatismo que fija unas siluetas de limpia línea dibujística. Este es el camino que debe perfeccionar el entusiasta cultor de las fantasías ecuestres. Patricio González (1954) crea unas extrañas máquinas, unos enormes artefactos que horadan la tierra, en una solución geométrica muy especial, aprovechando los marrones, las tintas profundas, donde emergen unas gruesas pinceladas de negros ferroviarios. Mariluz Torres (1943), plena de inquietudes, repleta de ideas interesantes, echa mano a todos los recursos disponibles para ofrecer una ora muy original, por eso, la fotografía es un recurso muy usado por la profesora de la Escuela de Bellas Artes. Patricia Israel (1939) ironiza con los hechos cotidianos, usando unas formas infladas de extracción popular, de raíz folklórica. Es un idioma sutil, ya que todo se dice de manera indirecta, con unos símbolos que no escatiman el candor.

RODOLFO OPAZO (1935) se mantiene en el enfoque de unas situaciones inventadas, incongruentes, con sus caballos alados, sus amazonas con anteojos, sus nadadoras de ensueño, sus plintos voladores, sus corredores fantasmales. Es un repertorio amplio y que alude a situaciones universales, que ronda el surrealismo que dio gloria a Magritte, pero con un cromatismo esfumado y formas más estiradas. Sus enormes lienzos, repletos de historias intrincadas, de argumentos cabalísticos, nos entregan una embriagadora comunicación. Nada puede tomarse aquí con sentido racional, es preciso dejar libre la imaginación para penetrar en estos cielos inventados.

Estamos ante un pintor fecundo, que trabaja denodadamente y que está en permanente vigilia del oficio. La gran aventura del arte nuevo, mucho le ha

 

OSCAR GACITUA "Orador II"

 

RODOLFO OPAZO
"De la insubordinada naturaleza del paisaje"

 

servido para entregar una postura que consolidad su posición y que siempre ha escuchado los llamados del surrealismo. Sus imágenes partieron de la cantera de los grandes del movimiento, pero han adquirido personalidad con el paso del tiempo. Ha participado en Bienales de Sao Paulo y su obra se conoce en Hispanoamérica, con su erotismo dado en metáfora intrigante y confesional, destacando especialmente el período de la década del sesenta, con su profundo choque emocional que remece al espectador.

Los volúmenes plenos, los tangos de arrabal, con atrevimiento formal y discurso humorístico muy suyo, de K. Poblete (1937), han buceado a Bosch. Los hombres se transforman en peces, gallos y animales similares, a la manera del genial flamenco del siglo XVI, pero actualizan el motivo. La vigilancia en el dibujo, las esfumaturas que se obtienen con el aerógrafo, le permiten a Francisco Javier Court (1951) conseguir hermosas escenas ecuestres, donde el caballo se envuelve en gasas, se rompe en fragmentos o se ofrece en cubos de ensueño. Los minuciosos óleos de Norberto Tapia (1937) exploran en el universo onírico. Al respecto, el crítico José María Palacios, dice: ”no deja de ser sugestivo que todas sus obras tengan el mismo título: “Sueño”. Es Irene Domínguez, una entusiasta investigadora de las raíces folklóricas y aprovecha los tejidos de punto, los bordados artesanales, en una obra de atractiva sencillez.

 
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