Portaldearte - Calendario Colección - 1982 - Fascículo

CALENDARIO COLECCIÓN PHILIPS 1982
III LA GENERACIÓN DEL TRECE Y PINTORES AFINES

Estamos frente a un talentoso colorista y un dibujante exquisito. A menudo apreciamos en sus telas las sutiles gamas y la maestría para diluir las formas a la distancia, consiguiendo una sensación de placer ante el paisaje abierto, de naturaleza en todo su esplendor. Esas formas que se pierden en los últimos planos y nos estimulan la imaginación constituyen un ejemplo de buena pintura, que mucho apreciamos en el siglo pasado, momento culminante de nuestro quehacer plástico. Tanto en la obra monumental como en el boceto miniaturístico, Orrego Luco nos resulta inconfundible, de acentos muy originales, de marcada personalidad.

Los últimos años de su vida, entre 1919 y 1931, ya totalmente consagrado como artista, los pasó en Chile, al lado de su esposa Carlina Rossi, pintora italiana de bastante calidad. Su “Laguna del parque Cousiño”, tela perteneciente a nuestro Museo de Bellas Artes, es una obra que define muy bien su actitud ante la naturaleza. Una escena de nostálgico mensaje, de quietud dominical y, por lo tanto, de cierto efluvio romántico, seguro en el diseño, refinadísimo en su cromatismo y de certera composición. Un pintor, en suma, de larga estadía en el Viejo Mundo, pero que supo captar muy bien el ambiente chileno, al que siempre estuvo ligado, pues nunca dejó de participar en los Salones Oficiales.

A. ORREGO LUCO: "Entrada a San Marcos"

 

JOSE TOMAS ERRAZURIZ (1856-1927) manifestó irresistibles inclinaciones por el arte desde muy pequeño, por eso fue enviado a Europa muy joven y pronto está cursando en el Salón de París, al que es admitido en el lejano 1886, con obras que demuestran bastante madurez. Permaneció mucho tiempo en Inglaterra, aunque fue admirador también de la escuela paisajística francesa. Sus verdes luminosos, los cuidados prados de la campiña europea, siempre nos ofrecen un enfoque renovado. Jamás nos cansamos con esas superficies aterciopeladas, esos amplios céspedes, donde se recuesta una muchacha campesina en lánguida actitud. Allí el artista puede mostrar su dibujo impecable, la sabiduría del oficio. Nunca cae en el amaneramiento ni en los alardes extremos, puramente formales. El trabajo equilibrado, el cromatismo justo, obedecen a una profunda rectitud profesional, sincera, muy valiosa.

Su producción no es muy numerosa, ya que todo lo hizo con morosa prolijidad, pero los cuadros que se conservan en colecciones y museos son suficientes para sentir todo el peso “belle époque” que poseen, al mirarlos de primera intención. A pesar de la dependencia a los postulados del academicismo que imperaba a fines del siglo pasado en Europa, Errázuriz demuestra su inteligencia para aprender recursos plásticos refinados, que siempre acompañarán a la buena pintura. Esto es lo que siempre admiramos en sus cuadros tan bien ejecutados, tan nobles desde el punto de vista artesanal, de atractiva temática. Una de sus obras más significativas es “Niños en el paisaje”, lienzo que pertenece a la colección de la Casa de Arte de Concepción.

 

ALBERTO ORREGO LUCO: "Venecia" (detalle)

 

En los interiores, donde el tema principal es una mujer pensativa, abrumada por la tristeza, alcanza una calidad cromática excepcional, sin que se deslicen intereses narrativos. Respetuoso de los valores plásticos, siempre llamará la atención por la mesura, el justo equilibrio. Diplomático y amigo de los intelectuales de su tiempo, fue un hombre de cultura superior. Don Carlos Morla Lynch, el simpático cronista de París, abundó en elogios sobre nuestro artista y expresó: “Su nombre, su arte, su talento y sus obras de pintura, hacen honor a la patria”. Sin exagerar, se le puede considerar entre los máximos pintores chilenos del siglo XIX, a pesar de que casi toda su obra se refiere a Europa y sus costumbres.

JUAN HARRIS FLORES (1867-1949) vivió la mayor parte de su vida en París, pero se formó en Chile al lado del maestro Cosme San Martín, quien le inculcó el gusto por el detalle y la factura ilustrativa. Hijo de un químico y una dama chilena, recibió enseñanza humanística en el Liceo de Copiapó y gozó con las costumbres provincianas del siglo diecinueve, pero sintió un irrefrenable deseo de perfeccionarse en el arte y se vino a Santiago en plena adolescencia. En 1885 está concursando en el Salón Oficial y muy pronto ganará una Medalla de Bronce, que le permitirá ser recomendado para la pensión en París, que gana en 1889. Desde esa fecha no vuelve al país y permanece en Francia, donde destacó por sus ilustraciones para tarjetas postales.

Es un artista que se aparta de la línea de los grandes maestros nacionales en cuanto a los temas muy textuales a los académicos franceses. Harris buscó en el folletín, en la ilustración, su destino plástico y tuvo que hacer concesiones. “La ley del honor”, “Se acabo el hogar”, “La galería del teatro Montparnasse”, muestran sus gustos sobreactuados, sus exagerados estudios de caracteres, para satisfacer a quienes adquirían tarjetas postales. Una de ellas se hizo famosa en toda Europa y fue reproducida en “El Figaro”, “La Ilustración Española” y “Americana” de Madrid. El pintoresquismo ciudadano, las entretenciones parisienses, tienen en este copiapino un documentador muy acucioso y notable.

Otro artista que se ha sentido muy unido a la tendencia ilustrativa es SANTIAGO ARCOS (1852-1921), con residencia en Europa desde su extrema niñez. En España y Francia estudió con tesón la pintura, bajo la guía de los maestros Madrazo y Bonnat. Luego de haber aprendido los secretos de la técnica, se dedicó a un severo análisis de los desnudos y las escenas históricas, caracterizándose por la corrección del dibujo y el buen gusto en la composición. Como ilustrador, hay numeroso libros de poesías que tienen hermosos dibujos suyos, pero sobresale en esta especialidad una lujosa edición “Carmen” de Merimee, cuyos grabados descuellan por su fantasía, la verdad de los tipos y la delicadeza del trazo. Pocas veces el carbón del dibujante ha delineado con mayor propiedad el tipo nervioso, complejo, de la popular naranjera sevillana.

 

 

 
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