Arte en Chile


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RODOLFO

OPAZO

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Investigación

La obra de Rodolfo Opazo ha querido ser encasillada multitud de veces dentro del estilo surrealista, pero esta clasificación, concebida por ciertos aspectos formales de sus pinturas, es ciertamente incorrecta, pues, en primer lugar, las proposiciones históricas de dicha escuela se ligan más a labores literarias que plásticas; además, Opazo sólo pretende plantear su visión subjetiva de la realidad natural o cotidiana a través de cierta iconografía que le es necesaria. La creación singular y específica de una imagen de su mundo, llega a veces a coincidir con la operación azarosa del surrealismo.

Los mismo parámetros dispuestos por Bretón, dirigente del movimiento surrealista, que hacen mención a la ausencia de control de la razón, o a la falta de un objeto estético o moral, excluyen a Opazo.

Este presenta resultados equilibrados y proporcionados como producto de un meditado ejercicio intelectual previo a la composición, y contiene en su producción una evidente intención de plantear críticamente su imagen del mundo.

Aunque el elemento onírico de los surrealistas ha llegado a ser la vía de comprensión y aceptación de las múltiples maneras con que sus representantes oficiales se expresan, ello no es un atributo que les pertenezca de modo exclusivo.

Lo que hicieron los surrealistas, al respecto, fue llamar la atención sobre un hecho que, más genéricamente, se presenta como uno de los motores fundamentales de todo acto creativo: la fantasía. La pintura de Opazo, cercana a la atmósfera misteriosa de Magritte, corresponde a una postura donde la sugerencia se vincula con amplitud a un resultado observable a lo largo de toda la historia del arte y que entonces los surrealistas, como Ernst o Tanguy, no hicieron más que evidenciar.

Dentro del irrestricto acatamiento que hace Opazo de la armonía, éste se permite una mínima disidencia, un insignificante desdibujo; en esa pequeña licencia formal se ha querido reconocer al surrealista, pero sucede que esas alteraciones son sólo un afán de comunicación y rebeldía personal.

Lo importante en la obra de Opazo es el desasosiego, el desgano de completarse, una falta de narración completa; la caída del argumento, el fracaso de llegar al desenlace, es lo que redunda en una real necesidad de conocimiento a través del dibujo, el color y la composición que los conjuga.

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