Arte en Chile


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CAMILO

MORI

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Trayectoria

Camilo Mori, en su larga vida artística, evolucionó de la tendencia realista de Álvarez de Sotomayor a telas no objetivas y al "pop", que realizó en los años sesenta.

En el período intermedio hubo una amplia faceta de trabajos de distinta influencia que dieron cuenta de su ductilidad estilística, sin embargo siempre estuvo presente en sus lienzos un tono poético profundo.

El matiz sentimental, la delicadeza especial y el tono de tranquilidad y distinción que invadió sus objetos, se encuentran en cualquiera de sus obras, sea de naturaleza objetiva o abstracta.

Señalado por la crítica como un "buscador incansable", la actitud de Mori frente al arte fue una incesante búsqueda que se reflejó en su obra marcada por múltiples facetas.

Su espíritu reveló extraordinaria versatilidad, parecía siempre estar atento a los estímulos externos, lo que le permitió descubrir siempre nuevos horizontes estéticos.

Como resultado del primer viaje a Europa, la obra de Mori reveló una renovación de su registro, fruto de las influencias de la modernidad ("Circo").

Más tarde, en su segundo viaje junto al grupo generacional del ‘28, conoció el cubismo, estilo por el que manifestó mayor adhesión ("El orador"). Durante esta época incursionó en las artes decorativas, especialmente en el cartel publicitario. Su capacidad para el diseño y su innato sentido del color se demostraron en sus afiches que resultaron verdaderas innovaciones para el medio artístico chileno de esos años.

Mientras realizó sus estudios en París, Mori alcanzó en sus obras una notable compenetración emotiva y técnica con los temas; sus mujeres y modelos masculinos tomaron una vitalidad intensa y en los paisajes urbanos surgió el espíritu de cada ciudad. Afinó sus percepciones y sus medios plásticos, el dibujo era justo, suelto, expresivo; el color profundo buscó los contrastes de tonos extremos; la pincelada fue rica, empastada y sensual.

Algunos han definido este período como el de un expresionismo moderado, semejante al que cultivan ciertos pintores franceses de esos años. Algunas obras de ese período son "El boxeador" de 1923, "La viajera" de 1926, "Carrusel" de 1926, "Retrato de Nora" de 1924.

Mori cultivó una etapa surrealista a partir de su estadía en Estados Unidos a fines de los años ‘30 ("El sueño" de 1939).

Durante los ‘50 el pintor se dedicó a estampar las callejuelas, muros y rincones sombríos de su Valparaíso natal ("Subida de cerro").
Otro período de su trayectoria fue cuando prescindió de lo real y se inclinó hacia el informalismo y la abstracción ("Paisaje desértico").

La pintura de Camilo Mori estuvo siempre regida por razón e intuición, todo el esfuerzo del artista en su último período se dirigió hacia la armonía de la realidad interior y de su plasmación morfológica.

Obras:

Investigación: