Arte en Chile


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ROBERTO

MATTA

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El universo pictórico de Matta. II parte.

Las obsesiones de Matta que gravitan en la segunda etapa de su producción, y que permanecerán como centro de interés a lo largo de su producción, guardan relación con el proceso de autoengendramiento de la naturaleza, las fuerzas germinadoras y la potencia creadora del universo.

Esto se verá expresado en, por ejemplo, formas botánicas integradas a cuerpos humanos, como ocurre en la obra 'La Tierra es un Hombre', de 1940-41, donde se aparece el Sol y lo germinativo en cuanto símbolos de procesos energéticos; en Matta hay siempre un núcleo central que da cuenta del dinamismo y unidad del sistema.

La idea fundamental en Matta es que todo proceso energético, interior o exterior, subjetivo o natural, es provocado por un núcleo central que da cuenta, a la vez, del dinamismo y unidad del sistema. Lo solar surge, entonces, como metáfora absoluta del principio ordenador del mundo, como explicación de todo nacimiento y fuerza última de la naturaleza.

La reducción a una unidad ordenadora desde la cual ha de comprenderse el mundo, fuerza que convoca a todo lo existente a emerger hacia la luz, a crecer y desarrollarse, es al mismo tiempo la forma que adopta la unidad mística del sujeto absorbido en el objeto.
Para el pintor chileno, esa fuerza convocante es la unidad absoluta en la que coincide el sujeto con el universo; este principio, que traspasa los parámetros surrealistas, será denominado fuego central, convirtiéndose en la matriz de toda la pintura metafísica de Matta.

Junto con esto, el Espacio será otro eje articulador de su producción, comprendido como matriz de origen. Más que un ámbito abstracto donde se aloja el sistema de relaciones entre entes, el espacio será una tentativa de respuesta a todos los enigmas, el punto donde reposa la comprensión humana del universo.

De este modo, las obras de Matta se basarán en la idea de que el espacio puede aparecer como presencia de un principio panteísta y verdadera clave de la unidad del mundo.

Esta concepción muestra, adeMás, como se unen en el artista la vertiente espacial proveniente de sus estudios de arquitectura y de su interés por la comprensión relativista del todo, con un sentido místico - religioso ya sin credo limitante.

Al precepto del Espacio entendido como espacio de la especie, se integra, entonces, la idea de la relatividad, que se materializa en la superación del orden racionalista de la perspectiva renacentista, que predominó en la historia de la pintura hasta principios del siglo XX. Matta, al igual que otros pintores vanguardistas, busco un reemplazo que permitiera representar la infinitud de puntos de vista coexistentes en un mismo instante.

Así, por la superposición de horizontes y formas de ordenamiento, aparece representada una situación muy cercana a la del mundo humano, en el cual cada punto de vista tiene su propia vigencia y aspira a su propio orden legal.

Junto con las ideas de 'fuego central', de espacio y perspectiva no académica, aparece también como sustrato productivo en Matta, la posibilidad de representación de las transformaciones, en parte debido a un texto de Marcel Duchamp publicado en la revista Cahiers d'Art en 1936.

A partir de ese momento, la empresa casi imposible de encontrar una morfología del devenir, que muestre el punto preciso en que una cosa se muda en otra y que supere el estatismo de la pintura tradicional y que supere el estatismo de la pintura tradicional, pasa a ser una de las direcciones principales de su arte.

Los cuadros realizados a fines de la década del '30 son 'Morfologías Psicológicas', representaciones de estados emocionales: deseo, espera, angustia, alegría, etc.

Esta línea de producción no es, realmente, abandonada nunca; así por ejemplo, vuelve a aparecer en 1983 en la obra 'La Morfología de la alegría'.

En todas ellas, intenta realizar una morfología de aspectos de la realidad interior, una formalización de lo que de por sí es considerado como abstracto.

Esto da lugar a una pintura que busca los valores expresivos puros de los elementos de Figuración pictórica, sin renunciar a la representación de una realidad; pintura que resulta abstracta porque su objeto lo es, no porque se quede sin mundo.

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