A ese ámbito corresponde Álvaro
Hoppe como fotógrafo formado en plena dictadura militar chilena,
circunstancia histórica que fraguó se carácter
visual.
En sus manos, la cámara fotográfica registró
los duros momentos que vivía la población, y así
mismo, capturó especiales momentos del intenso período
de transición a la democracia, conformando un lenguaje que
a Hoppe le posibilitó 'contar' visualmente sucesos y emociones
que en un texto, en escritura, hubieran sido censurados.
Como vemos, Hoppe es Más que un fotógrafo documentalista,
es un autor involucrado que descubre y aplica el valor de la metáfora
visual, de la composición y la ejecución técnica,
constituyéndose en un maestro de la narración visual
que se maneja con naturalidad al interior de las coordenadas simbólico/analógicas.
Luego de explorar en el escenario de la transición política,
el fotógrafo abocó su mirada al recorrido de las zonas
álgidas de nuestra sociedad.
Con un tono punzante e irónico, busca la cotidianeidad
desprendida de las antiguas utopías sociales. Hoppe registra
la neutralización de la pasión política y la
crisis que experimenta el devenir comunitario.
La triste caída de la epopeya es develada mediante el juego
de desenfoque que realiza Hoppe, distorsionando el objeto de interés
y enfocando uno segundo que ironiza el primero. El centro de interés
deviene fantasma que valida los puntos marginales.
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