NURY
GONAZÁLEZ
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Investigación
La obra de la artista visual Nury González está
claramente condicionada por sus circunstancias familiares y accidentes
personales, Más que en ningún otro artista chileno,
pues ella recurre constantemente a sus antecedentes genealógicos,
a los objetos de recuerdos convertidos en fetiches de la memoria,
a documentos y a la enseñanza doméstica. Veremos a
continuación algunos ejemplos.
La artista nació en el seno de una familia de inmigrantes
españoles, refugiados de la Guerra Civil, que emigraron a
Chile en 1939-40.
Un aspecto importante de esta huida se constituye por la travesía
hacia Francia que emprendió la familia. |
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La madre, la abuela y el hermano de
González se alojaron en el mismo hotel y en las mismas fechas
donde se suicidaría el importante intelectual del arte y
la cultura, el alemán Walter Benjamín, quien venía
en sentido contrario huyendo de la persecución nazi.
Esta situación se vuelve obra de arte en la instalación
de fotografías, objetos y documentos 'El mercado negro del
jabón', donde la artista refiere este cruce de su madre con
Benjamín y alude adeMás al modo de subsistencia de
su familia en la clandestinidad.
Nury, que nació en Chile, recibió de su abuela la
disciplina de las labores domésticas.
Ella le enseñó todas las técnicas tradicionales
del bordado, el tejido, la costura, el remendado y el parchado,
todas accionares cargados del sentido de economía de guerra.
La gran parte de esas lecciones las artista las recibió
en la casa de verano de sus abuelos en la costa central de Chile.
Año tras año, González visitaba esa casa,
aprendió cuándo niña, y dejó cientos
de objetos de diversas colecciones. Un día de 1992, esa casa
quedó completamente destruida por un voraz incendio. Todos
los objetos y recuerdos acumulados por años se volvieron
ceniza.
De esta experiencia surge la obra 'Historias de Ceniza', uno de
los primeros trabajos en el que Nury recurre al concepto 'ceniza',
que luego se hará presente en sus creaciones en varias oportunidades,
tanto como idea que como materia.
El montaje recibía al público con una frase bordada
sobre el muro taladrado de la galería: "no es la casa,
es mi alma la que arde por los cuatro costados". En la sala
a continuación, en cada una de las cuatro esquinas, hay una
imagen esquemática de una casa; cada una de esas casas tiene
en uno de sus ángulos un texto que define el cuerpo (formando
la relación casa-cuerpo-alma) bordado con hilos rojos de
diferentes tonos, asemejados a la luz del fuego.
Al centro de la sala, se dispuso 117 fardos fardos de huaipe, aquél
material compuesto por hilachas, tejidos desentramados, que sirve
para limpiar y absorber grasas. Sobre cada fardo, un vidrio con
una palabra impresa, que corresponde al inventario de los paños
y géneros de la casa siniestrada, y hacia al centro del conjunto,
ropa femenina: pantalones, bufanda, falda, ropa interior ...
Hemos visto, entonces, el modo cómo Nury González
relaciona el desarrollo de su vida con la trama del arte, creando
cruces simbólicos a nivel conceptual y material.
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