De este modo, Galaz dejó que el material
hablara por sí mismo, evidenciando sus cualidades sensibles por
sobre el contenido intelectual.
Hacia una segunda etapa, el escultor decidió explotar las posibilidades
que otorga el ensamble de tablas de madera, hecho que permite organizar
volúmenes, a partir de un trabajo constructivo que exige mayor control
de las formas: debe diseñar previamente la estructura esencial y
sólo después dejar liberar las diversas texturas.
Realiza aquí, entonces, esa simbiosis entre maquinaria y organismo,
que mencionábamos al principio.
En sus obras, hay, por lo tanto, un dualismo de fuerzas antagónicas
en significado y dirección: formas orgánicas que se repliegan y
que comparten espacio con formas mecánicas de tendencia centrífuga.
Los trabajos así compuestos, invitan a un recorrido visual de toda
la escultura,
con el fin de poder captar todas las fuerzas que de ésta emergen.
En sus obras más recientes, la forma se ha aligerado, predominando
en ella la curva como elemento emocional; estos trabajos, más expresivos
que racionales, se aproximan a sus primeras producciones.
Obras:
|