Uno de sus primeros trabajos fue 'Vigía',
una escultura ejecutada en arpillera encolada con una liviana estructura
metálica, expuesta en la antigua sede del Museo
de Arte Contemporáneo; la obra, novedosa e inteligente,
provocó tan sólo silencio en nuestro medio.
Sin embargo, la misma le significó éxito en la Bienal
de París.
Otra obra, realizada con sacos encolados, representa la figura
humana ya no en los tradicionales materiales, considerados nobles
por su duración, como el mármol o el bronce; la Figuración
en un soporte burdo y común, coloca a su propia obra en la
incertidumbre temporal. En ambas obras, se señala una ambivalencia
semántica por la presencia
directa del material y la sugerencia figurativa
que de ella emerge.
Otra creación consistía en una serie de calcos de
rostros humanos en caucho blando, colocados en pequeños frascos,
como si se conservaran en un laboratorio.
Con esto, conceptos como espacialidad, proporción o volumen,
simplemente son inaplicables.
Con su producción basada en el uso de materias e ideas novedosas,
Cruz inspiraba la revisión crítica de los fundamentos
académicos del arte y alentaba
la renovación de los conceptos estéticos.
Así por ejemplo, para la artista, lo 'efímero' de
la obra era una categoría válida, pues sostenía
que la idea o el plan de montaje de éstas tendría
verdadera importancia en el futuro, Más que la permanencia
física de la obra misma.
Obra
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