ADOLFO
COUVE
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La Comedia del Arte
Adolfo Couve fue un importante profesor de Historia del Arte y
de Estética en la Facultad de Artes de la Universidad de
Chile, que se desempeñó en ese cargo por muchos años,
logrando, con el enérgico discurso de sus cátedras,
marcar sustancialmente a varias generaciones de artistas e historiadores
del arte. Sus clases, cortas pero intensas, versaban sobre las cualidades
transformadoras de la obra de Cézanne,
el manifiesto sobre el claroscuro que es 'La Ronda Nocturna' de
Rembrandt o
la maravilla pictórica de alta complejidad barroca de 'Las
Meninas', de Velázquez. |
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AdeMás de la labor académica
que realizaba con la mencionada pasión, Couve incursionó
en la literatura; en diversas novelas desarrolló sus teorías
sobre el arte, a la vez que encontraba otra posibilidad de expresión
para su particular poética. Esos libros son Alamiro (1965),
El Pasaje (1979), Balneario (1993), La Comedia del Arte (1995) y
Cuando pienso en mi falta de cabeza (editado de forma póstuma
en 2000).
Fue también pintor, y debido a que esta producción
es poco conocida, decidimos investigar las cualidades que definen
su obra pictórica.
Con el óleo sobre tela como principal técnica, Couve
desarrolló básicamente tres géneros: retratos (de
conocidos o de él mismo), naturalezas
muertas y paisajes,
principalmente playas de la costa chilena.
Sus pinturas se constituyen en torno a la economía de medios:
trazos rápidos, gestuales y únicos para representar
pocos objetos, estilo abocetado, amplios espacios 'vacíos',
reducida paleta de colores y un tema aparentemente nimio; con esto,
aquello de 'menos es Más' hace una patente demostración
de su verdad en la obra de Couve.
El pintor obviaba los detalles de los paisajes o personas que llevaba
a la tela, incluso a veces ni concluía las figuras humanas
con sus correspondientes piernas y pies, pues lo fundamental en
sus cuadros es la pintura que se piensa a sí misma, especialmente,
en lo que se refiere a juegos de luces y sombras, la pérdida
de la perspectiva clásica, la emergencia de la textura y
color del lienzo como un medio válido Más (en algunas
pinturas hay sectores que Couve no pintó de blanco como creemos
ver, sino que decididamente dejó la tela en estado crudo)
y en definitiva, a todo lo que invite a reflexionar sobre la pintura
como artificio.
El pintor no utilizaba su imaginación para crear las escenas
de sus cuadros, siempre prefirió trabajar a partir de un
referente real concreto; aunque su estilo de tratar estos objetos
es aparentemente negligente, pues todo es insinuado como si se tratara
de un boceto, lo que realmente sucede es que el pintor no insiste
en la representación: le bastan su certeza y sutileza.
Al enfrentarnos a las pinturas de Couve, ver su factura y temas,
tendemos a pensar que dado el período en que fueron hechas
están desfasadas en relación a los movimientos artísticos
que surgían contemporáneamente.
Él mismo explicaba, ante tal recriminación, que las
vanguardias
se sucedían de forma tan vertiginosa que todos los artistas
son anacrónicos sin darse cuenta; consideraba que las vanguardias
eran tan dudosas y efímeras, que el aparente anacronismo
de sus obras podría ser considerado perfectamente como vanguardia.
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