Colvin despojó la superficie
de la escultura
de todo elemento figurativo,
en favor de una investigación neta sobre el volumen, el que
trabajó de modo purista.
Más tarde, y bajo la influencia de Moore, Colvin viajó
por América estudiando las culturas pre- hispánicas,
y al absorber las formas esenciales de las antiguas obras, alcanzó
un sello particular, hacia 1960.
Este se caracteriza por la reunión de varios bloques ensamblados
entre sí, que levantan la obra en sentido vertical y la expanden
en sentido horizontal, generando tensión. La superficies
fueron marcadas con incisiones profundas que acentúan las
direcciones del volumen, así como sus ritmos y tensiones.
Con estos trabajos de su tercera etapa, Colvin cita el paisaje
de la cultura andina. AdeMás, el mito, el misterio y la magia
cruzan su obra bajo un particular sentir que ella afirmó
cuando dijo que " todo lo que hago está marcado por el espíritu
sudamericano".
Obra
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