En la pintura sugiere dos universos,
uno real y objetivo, otro, de sueño y de ilusión,
donde el artista inventa y deja de lado el ordenamiento lógico.
Esta fue una constante
en la obra del maestro, intenta poner en la tela razón e
intuición, intelecto e imaginación.
Comenzó en los años 30 siendo un pintor figurativo,
de estilo monumentalista y lineal, con cierta influencia del período
clásico de Picasso.
Durante la década del 50, después de una etapa
surrealista,
se vuelca hacia un arte abstracto,
de gran rigor formal, que se prolonga hasta comienzos de los 60
("Recinto Alucinante" de 1961 e "Imaginación
del comienzo").
Tras una breve incursión en la corriente informalista
en 1963, durante una estadía en París, Carreño
reencontró en el oficio depurado y en las formas esculturales
un lenguaje apto para conjugar su deseo de pureza formal y su sensibilidad.
A partir de entonces reflejó en la pintura su visión
apocalíptica del destino del hombre.
Un mundo amenazado por los horrores de una guerra atómica
surgió en 1964, con una serie de dibujos y acuarelas
a tinta, pincel y plumilla; seres a medias, medias estatuas se quebran
y despedazan en medio de paisajes límpidos, desnudos. Aparecen
cielos circulares, intensamente azules, el desierto chileno infinitamente
horizontal que se rompe en conos truncados, en abruptas pirámides
que transmutan la cordillera andina.
El paisaje chileno del norte, la costa con sus acantilados, el
desierto, la mole andina, se mostraron en los cuadros de Carreño
con una extraña fuerza telúrica.
A partir de 1970, el paisaje nortino fue una constante en sus obras:
""Aurora de volcanes" de 1974; "Tierra de volcanes"
de 1975; "Sueño fragmentado", "Silencio cordillerano",
"Nacimiento de una calcinada geografía".
El empleo de la paradoja fue una constante en sus obras, formas
rotundas que se despedazan, silencio poblado de resonancias irreales,
consiguiendo así patentizar su preocupación por el
choque de conceptos contradictorios, razón e intuición,
intelecto y sensación.
En obras como "Estudio para una morfología post- atómica"
de 1967 y "Columnas de tiempo inmóvil", muestran
esta temática, en la que extrañas columnas formadas
por trozos de anatomía y miembros humanos, apiñados,
se encuentran reunidos en forma caprichosa, como por obra de fuerzas
atroces.
Carreño realizó una serie de figuras femeninas frente
al mar, inspiradas en los mascarones de proa de la casa de Pablo
Neruda en Isla Negra. "Mujer con guitarra" corresponde
a 1972, hay allí un paisaje de sueño, exento de alusiones
chilenas, evadido hacia sugestiones clásicas y del surrealismo
italiano.
Toda la obra del artista estuvo traspasada por el espíritu
caribeño de su origen, que se reveló en la exuberancia
y sensualidad de las formas, los tonos cálidos, incluso en
los hechos dramáticos de muchas de sus creaciones como
"Sueño Fragmentado" y "Silencio Cordillerano",
en que los cuerpos desmembrados reflejaron el quiebre social.
Obras:
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