Su oficio inigualable, que aborda con
precisión fotográfica cualquier motivo, oculta todo
rastro de manualidad, trascendiendo de la mera representación
visual hacia un plano de contenidos simbólicos.
Así también, la práctica artística
de Bravo revela con nitidez su distancia respecto a los factores
contaminantes de la subjetividad; pone en paréntesis cualquier
indicador de su personalidad al aplicar a fondo el control de la
mirada sobre lo que mira, apareciendo lo mirado como pintura.
La mirada elimina los obstáculos que impiden fijarla, excluyéndose
él mismo como emoción. Pero no sólo el pintor
se ausenta anímicamente: también la pintura se "ausenta",
al ceder su lugar a la representación; de este modo, gracias
al talento y la extrema observación que realiza el pintor
para transferir al soporte el modelo, la pintura se convierte en
durazno, en mantel o en piel.
Cuándo apreciamos una pintura de Bravo, asistimos al Más
notable triunfo de la representación, debido a la máxima
eficacia del oficio como modo de producción y método
de apropiación de la realidad visible.
Obras:
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