| CLAUDIO
BRAVO
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Trayectoria
Bravo, que se mantiene independiente de las vanguardias, utiliza
el óleo,
el dibujo al carboncillo, el pastel
y el grabado,
como técnicas con las que aspira a una precisión casi
fotográfica, con la que las formas representadas adquieren
una realidad superior a la de sus propios modelos: con esto crea
los procedimientos claves del hiperrealismo.
Sus viajes por el Oriente le nutrieron de una rica imaginería
que incorporó en sus obras, generando de esta manera una
temática muy variada, que va desde los bodegones hasta los
retratos psicológicos, pasando por una iconografía
místico- religiosa, explorando de este modo en la "metafísica
del objeto", que deviene en la "metafísica de la
situación". |
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Su oficio inigualable, que aborda con
precisión fotográfica cualquier motivo, oculta todo
rastro de manualidad, trascendiendo de la mera representación
visual hacia un plano de contenidos simbólicos. Así
también, la práctica artística de Bravo revela
con nitidez su distancia respecto a los factores contaminantes de
la subjetividad; pone en paréntesis cualquier indicador de
su personalidad al aplicar a fondo el control de la mirada sobre
lo que mira, apareciendo lo mirado como pintura. La mirada elimina
los obstáculos que impiden fijarla, excluyéndose él
mismo como emoción.
Pero no sólo el pintor se ausenta anímicamente: también
la pintura se "ausenta", al ceder su lugar a la representación;
de este modo, gracias al talento y la extrema observación
que realiza el pintor para transferir al soporte el modelo, la pintura
se convierte en durazno, en mantel o en piel.
Cuándo apreciamos una pintura de Bravo, asistimos al Más
notable triunfo de la representación, debido a la máxima
eficacia del oficio como modo de producción y método
de apropiación de la realidad visible.
Obras:
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