Ha desarrollado una pintura neoexpresionista,
de gran fuerza expresiva que ha ido bastante acorde con la actitud
abierta y provocativa del artista, con toques de humor pícaro
y figuras caricaturescas.
A través del óleo
o la acuarela
Benmayor se inserta en el hombre y su universo y en temáticas
de gran interés personal como la orfandad, la recuperación,
la transmutación, la alquimia, el cambio y mutación
humana, el cambio del hombre de bestia a persona.
La urbe, los edificios que poblaron su niñez es otro de
los temas que aparece con frecuencia en las obras del artista.
El color en la obra del artista adquiere una enorme importancia
pues es a través de él que el creador puede modificar,
transformar atmósferas, llevar al espectador a distintas
experiencias, de alegría o de dolor, según señala
Benmayor.
El artista reconoce cambios y evoluciones en su quehacer pictórico.
Es así como de la tremenda agresividad y crítica de
sus primeros trabajos de juventud se ha encaminado hacia una actitud
Más reconciliadora y de alabanza que tienen que ver con cambios
internos, con una reconciliación con la vida y una recuperación
de la fe en ella.
Esto ha desembocado en una mayor profundidad, en obras Más
reflexivas, menos impetuosas, lo que no significa que haya dejado
de lado la expresión espontánea y gestual, la subjetividad
que impulsó sus primeros trabajos.
Su relación con el color se ha tornado Más elaborada,
con mayor reflexión y Más restricción, sin
embargo, su trabajo de experimentación no ha cesado.
Obras:
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