De sus numerosos viajes por Latinoamérica
surgieron cuadros que rescatan aspectos del patrimonio histórico-
artístico.
A través del óleo,
acuarela, témperas
y gouaches exploró
asuntos cotidianos tomados de la arquitectura corroída, descascarada,
decrépita por el paso del tiempo, de viejas puertas, ventanas
y maderas.
A partir de 1976 exploró temáticas imaginarias cuya
vinculación con el surrealismo se hizo inevitable, lo que
no significó renunciar a su enfoque realista, que había
puesto de manifiesto en sus ventanas, puertas y paredes envejecidas,
sino que lo trasladó a animales, objetos diversos e incluso
a la figura humana.
De este modo, aunque el artista planteó la permanencia de
la Figuración,
en su pintura excede el asunto realista y crea una atmósfera
que no proviene del mundo real y que lo aproxima al surrealismo.
Su dominio de la técnica permite que las imágenes
aparezcan como reales, sin que exista un referente concreto.
La temática de la obra de Barreda en el transcurso de su
extensa actividad plástica ha pasado por motivaciones sociales
en sus primeros trabajos hasta llegar a su época abstracta
entre los años 1940 y 1950; luego, Más cercano al
realismo pintó
sus puertas, paredones y postigos, que corresponden a sus obras
Más difundidas, producidas en la década del 60
("Ventana" y "Puerta").
Posteriormente, en un período llamado "tenebrista",
marcado por difíciles vivencias personales, pintó
interiores de iglesias, sacristías, chavez_santos de vestir, paisajes
desolados y personajes fantasmagóricos.
Después de cumplir setenta años, Barreda muestra
en su obra paisajes,
especialmente jardines de vegetación exuberante y agreste.
Obras:
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