Arte en Chile


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NEMESIO

A
NTÚNEZ

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Trayectoria

Nemesio Antúnez perteneció a una Generación de pintores que coincidieron en Nueva York durante la década del 40, entre ellos Roberto Matta, Mario Carreño y Enrique Zañartu, quienes se integraron y adoptaron las tendencias de vanguardia, ampliando su horizonte visual y desarrollando trabajos cercanos al surrealismo.

A través de su amplia trayectoria desarrolló imágenes recurrentes que caracterizaron su obra, destacándose las parejas enlazadas en tangos y en la cama, como antítesis de la soledad existencial, tema que fue gravitante en sus creaciones.

Le preocupó la soledad en la gran ciudad, el sentido oscuro y agobiante de una existencia anónima y masiva, donde la identidad individual se borra para ser sustituida por el concepto abstracto de hombre masa. (La ciudad trasladada)

Desde sus Más tempranas obras juveniles apareció la que sería una constante de su labor artística: la naturaleza. Su encuentro con el entorno natural se manifestó primeramente en una visión intimista y familiar de ella, a la vez que exaltó el valor de la naturaleza como acompañante de la existencia humana.

Durante su primera estadía en Nueva York, la visión de la ciudad le provoca una inquietante impresión pues era una urbe que negaba su relación con la naturaleza, debido a la acción del hombre sobre el paisaje. Entonces comenzó a exaltar dramaticamente el espacio urbano que minimizaba al hombre.

El paisaje, a su vez, se desnaturalizó perdiendo su fisonomía. A través de grandes planos geométricos que se aproximaban a un diseño abstracto buscaba revelar la desolación y el desamparo del hombre frente a su propio habitat. Durante estos años aparecieron sus primeras multitudes, ventanas, piedras y cuerpos entrelazados.

Luego, durante la década del 50, en París, el color reapareció y sus vivencias de las cafeterías francesas generaron manteles a cuadros, platos y cucharas.

Realizó entonces, su serie de grabados "Los Oficios" y trabajó perspectivas y puntos de fuga con pequeños rombos y líneas sinuosas con cierto efecto cinético.

En 1953 su regreso a Chile provocó en el artista y su obra un reencuentro con el paisaje andino, aparecen volcanes (Volcanes), piedras, cordillera, terremotos y mujeres envueltas en manteles, series de volantines, bicicletas, manos y puertas.

Durante su segunda visita a Nueva York, su visión artística evolucionó y mitigó la visión trágica del hombre gracias a un cromatismo directo y sensual que originó una atmósfera irreal y que liberó a sus obras de un expresionismo radical. Aparecieron agrupaciones de elementos no asociados lógicamente entre si y trabajó con perspectivas de autopistas, multitudes urbanas en las calles de Nueva York y canchas de fútbol.

Sus temas tratados en series le permitieron al artista ahondar en un determinado problema plástico y extraer de él las diversas variantes, posibilidades y matices que descubría su espíritu reflexivo. Nacieron obras muy subjetivas, que buscan una realidad Más allá de lo inmediato, vinculándose enormemente al Surrealismo.

Durante sus últimos años de producción, apareció el tema social motivado por el acontecer del país, generando la serie de Lonquén y los Pobladores.

La obra de Nemesio Antúnez es vasta e incluye un variado repertorio de técnicas y de temas. Inicialmente se expresó con la acuarela, luego con el óleo y el acrílico, utilizando soportes tradicionales como tela y cartón. Ejecutó grabados, murales e ilustraciones de libros de Oscar Wilde, Neruda y Nicanor Parra, entre otros.

Obras: