Rodrigo Hidalgo en Sala de Arte del pub El Retorno / El paraíso perdido
Expositor: Rodrigo Hidalgo
Lugar: Sala de Arte del pub El Retorno (Irarrázaval 1038)
Técnica: pintura
Fecha: 30 de noviembre al 20 de diciembre 2006
Horario: lunes a sábado de 20:00 a 04:00 hrs.
Entrada: liberada
La necesidad de recuperar el paisaje chileno como tema pictórico y experiencia vital, plantea el pintor Rodrigo Hidalgo a través de “El paraíso perdido”.
El artista se formó entre 1983 y 1986 en la Escuela de Bellas Artes en la Universidad de Chile, integrando luego el colectivo neoexpresionista-pop “Contingencia Psicodélica” y también —desde la música— algunos de los grupos emblemáticos de la contracultura ochentera: los Dadá y Parkinson.
En dos décadas de trayectoria artística, Hidalgo se ha situado con su pintura en lugares como el Garaje Internacional de Matucana, el Centro Cultural de España, Galería Bucci, Expo Arte (Talca), Centro Experimental Perrera Arte y Galería ArTek, así como en el área escenográfica de varios proyectos cinematográficos, televisivos y publicitarios.
Sobre la tela, el guitarrista despliega con meditada expresión parte de sus actuales intereses, la necesidad de recuperar un sentimiento de chilenidad así como un tiempo de espacio interior.
Su pintura es un trabajo que se ha desarrollado desde el gesto, la mancha, la influencia del cómic, pero también del romanticismo y la propia biografía. En sus obras, elementos constantes son la presencia de la montaña, la aparición de la luz y la irrupción de una iconografía extraída de revistas, diarios y de un denso archivo fotográfico personal.
El Paraíso Perdido
(Texto para catálogo)
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La imagen de la montaña es una representación que cruza toda esta serie de pinturas creada durante los años 2000. La montaña inmensa, omnipresente desde una lejanía. Otro recurso transversal es una manera de componer los paisajes donde la Cordillera de Los Andes o una panorámica infinita conforman un escenario donde se sitúa como por asalto algún elemento protagónico. Actúan en este rango, figuras algunas muy propiamente locales, un huaso, un arriero, un Cóndor o la mujer. Fondo y figura entran así en un diálogo de asociaciones donde la naturaleza idílica es también el Paisaje Chileno o metáfora de un tiempo eterno; y el motivo en primer plano, un icono costumbrista o símbolo de lo perecedero. El paraje idílico como un sueño luminoso y el objeto efímero como sentimiento sombrío de lo urbano o tecnológico. (Hay pinturas donde la ciudad luce incluso como un sueño oscuro). Todo esto que parece análisis iconográfico tiene a su vez otro fondo: la lucha entre el gesto y la necesidad de representación; entre la “expresión interior” y el traspaso casi fiel de figuras surgidas de la revisión constante de revistas, diarios y registros personales, de una densa cultura fotográfica. Junto a la mancha y la herencia de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile —donde el autor pasó a mediados de los años 80—, irrumpe también la luz como ese reflejo efímero que sobrecoge de pronto y vuelve etéreo cualquier momento cotidiano. Y es aquí donde se revela un singular cruce en la obra de Rodrigo Hidalgo: junto a los resabios de esa pintura neoexpresionista-pop que se hizo en Santiago al ritmo de la contracultura ochentera, están el romanticismo, la autobiografía e incluso la consigna. Todo es producto de una historia muy particular, donde el guitarrista de grupos como los Dadá o Parkinson, formaba al mismo tiempo el colectivo de pintores Contingencia Psicodélica (junto a Hugo Cárdenas, Mauro Jofré y Carlos Araya, entre otros) y se situaba con grandes murales en el Garage Internacional de Matucana 19. Eso fue en dictadura. Porque hoy, en la falsa alegría que trajo la democracia y en la rotunda instauración del sistema de mercado, el músico y el pintor se retraen, observando con espanto la ignorancia y el vacío que dominan la existencia contemporánea. Entonces surge la necesidad de recuperar la naturaleza propia, algo como un sentimiento de chilenidad, donde —muy lejos de las tendencias que dominan el arte actual— la montaña que destella bajo cielos atardeciendo se vuelve una fiesta pictórica, y el paisaje iluminado es el paraíso perdido o iluminación interior.
Carolina Lara
Septiembre de 2006
Fuente: Extremo comunicaciones |