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Trabajos
de Espronceda
Expositor:
Elisa Aguirre y Patricio de la O
Lugar: Galería de Arte Patricia
Ready (Av. La Dehesa 2035, esquina El Rodeo –
Lo Barnechea)
Técnica: escultura, pintura
Fecha: 4 de agosto al 17 de septiembre
Horario: lunes a viernes 10:30 a 20:00
hrs., sábado 10:30 a 14:00 hrs.
Entrada: liberada |
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Una
dupla interesante nos presenta por primera vez -en
forma conjunta- la exposición “Trabajos
de Espronceda” de los artistas chilenos Elisa
Aguirre y Patricio de la O. Esta pareja de artistas
vive hace algunos años en una zona antigua
del barrio de Nuñoa, una de cuyas calles se
denomina Espronceda, lo cual sugirió el epígrafe
de esta muestra. |
Viven
y trabajan en la misma casa, lo que la transforma en un
solo espacio de actividad y, aun cuando los materiales,
las herramientas, y los talleres de cada uno están
separados en el interior de la misma, constantemente se
ayudan, se consultan y comparten desde los libros hasta
los martillos. Llevan ya veinte años en esta rutina,
antes en Bellavista.
Ambos
artistas estudiaron arte en la Universidad de Chile, en
distintas épocas -no son de la misma generación-,
imprimiendo a sus obras un espíritu común,
siendo al mismo tiempo sus diferencias evidentes, tanto
por su naturaleza específica como por las ideas que
las conforman.
Elisa
Aguirre es licenciada en Arte con mención en escultura
y FONDART ha financiado sus proyectos de creación
en 1995, 2000 y 2002, titulados “ACERO MATERIA BASICA”
, ”EN TORNO AL VACIO” y “SILENCIO Y VACIO”.
Una parte de las obras de esta muestra corresponden al último
de estos. En esta serie hay piezas fundidas a la cera perdida,
la manera clásica de la escultura, aunque construidas
de manera un tanto insólita, puesto que coexisten
con otras en que los materiales, y los modos de estructurar
las obras son muy poco convencionales, logrando –
a pesar de ello- una gran unidad. Ella escribió sobre
estas obras lo siguiente:
“En
1993 comencé a construir estos objetos con sobrantes
de materiales de las obras de mayor tamaño. Surgieron
luego de un revisión de las obras mayores. Los problemas
técnicos me impedían resolver en forma inmediata
cosas más específicas que quería abordar
en mi trabajo. Surgió así una serie de obras
mas pequeñas, que en lo formal aludían a algunas
herramientas que modifican el paisaje, a las funciones que
estas cumplen. Perforar, cavar, apisonar. Esta clase de
obra estaba más cerca de experiencias cotidianas,
más cerca de mi propia aprehensión del entorno.
Incorporé a los materiales iniciales (acero y madera)
otras materias primas, industriales y naturales para provocar
una incierta relación con el tiempo. Elementos que
encuentro en la vida diaria, donde surgen las imágenes
que van quedando en la memoria, y en la retina, junto a
las demás experiencias que van conformando mi mundo.
Cuero, caucho y tela. Carbón, madera y hueso, materiales
que incorporo en mis trabajos como piel y estructura se
transforman en unidades semejantes a los componentes verbales
básicos.
La manipulación de los materiales y las relaciones
que esto crea, inciden entre otras razones en mi decisión
de agrupar en serie estos objetos.”
Patricio
de la O es licenciado en Arte con mención en pintura
y su obra plantea “una reinvención del paisaje
chileno”, sin ser rupturista con la tradición,
pero con un carácter estrictamente contemporáneo.
Sin duda que, su obra en casi 40 años de trabajo
tiene su lugar ganado en la historia de la pintura chilena.
En esta muestra una serie de obras de gran formato replantean
otra vez, su diálogo con la imagen de Chile y dan
cuenta en su impecable técnica, de su amor por su
oficio de pintor.
Otra
de trabajos formato mas pequeño, fueron en su origen
pruebas y ensayos de materiales comenzados en presencia
de sus alumnos, y concluidos posteriormente en la soledad
del taller.
Creemos que siendo estas obras distintas, a las anteriores
sigue siendo fiel a sus propias obsesiones.
Esta
exposición cuenta con el patrocinio de la Corporación
Cultural de Lo Barnechea – COBA.
Texto catálogo Elisa Aguirre y Patricio de la O
Algunas
consideraciones sobre los trabajos recientes de Elisa Aguirre
y Patricio de la O.
I.
Dos extremos de un quehacer cotidiano.
La casa-taller de Patricio de la O y Elisa Aguirre, ubicada
en la comuna de Ñuñoa; es un interesante recinto
que permite introducirnos en las diferentes búsquedas
creativas más allá de lo que podamos observar
a través de las obras expuestas ahora en las dependencias
de la galería Patricia Ready. -en esta suerte de
diálogo expositivo emprendido por ellos hace un tiempo
atrás en la ciudad de Viña del Mar-; ya que
su casa -estudio, tiene dos territorios claramente demarcados
en los que es posible percibir el cotidiano pictórico
de Patricio y las tareas domésticas llevadas a lo
volumétrico de Elisa.
La zona de la casa que se acerca al jardín y que
colinda con el estar, es el taller de Patricio de la O,
un ordenado lugar donde las pinturas y trabajos por concluir
tienen resueltamente su convivencia. De hecho, en la sesión
de trabajo para iniciar la preparación de este breve
escrito, Patricio me fue exhibiendo sus obras terminadas
y por terminar con una total pausa, orden y ceremonia; que
a ratos su taller me transportó a un espacio de restauración
museal. Lo anterior me hace pensar en que junto a la pintura,
también en ese ámbito se convive con la lectura,
la meditación y por que no decirlo, con la contemplación
de las tareas diarias de este medio.
Si caminamos por el pasillo desde la zona del estar hacia
el fondo de la
casa, llegaremos al espacio de trabajo que alberga a Elisa
Aguirre.
Este lugar a diferencia del anterior, se ofrece a la mirada
del visitante como una caja de sorpresas. Con cientos de
objetos en diversos tamaños, que en una primera visita
pueden hablar de una vitalidad expelida por su materialidad,
o tal vez por los instrumentos que los llevaron a ser creados;
los que se confunden con las obras.
A ese respecto, aún recuerdo la visita al taller
de Elisa, donde ella afanosamente me fue exhibiendo sus
obras como salidas de preciosos cofres, o sarcófagos,
como si se tratasen de una clase de piezas provenientes
de la arqueología de las antiguas culturas andinas.
Tratar de sindicar en una palabra a los dos lugares de trabajo,
me lleva a pensar en la idea del orden y desorden como conceptos
primordiales en sus cuerpos de obra. Pero también,
en la noción de los vasos comunicantes que estas
realidades tienen al interior de sus obras, por el simple
hecho de que es una casa-taller, la que imaginariamente
ellos han dividido en dos hemisferios de pensamiento creativo.
En una lúcida necesidad de tomar distancia el uno
del otro; pero además, por lo que cada medio le exige
a esa tarea diaria de abocarse a la práctica visual.
II.
Orden, afecto y construcción del natural.
Uno de los aspectos que siempre me seduce en el trabajo
de Patricio de la O, es la mesura de la pincelada en cada
uno de los planos cromáticos que van construyendo
el cuadro. Mesura en el sentido de la disposición
de la carga de pasta y en el marco de los temas que aborda
con su pintura. Cito a modo de ejemplo el gran tríptico
de Chile. Donde es posible reconocer los tres grandes espacios
naturales de nuestro país, citados con sus formas
y temperaturas; los que compositivamente preparan la mirada
para un encuadre dentro del encuadre. Recurso que Patricio
ha venido utilizando desde hace algunos años, con
el fin de hacer presente que sus paisajes son construcciones
a partir del registro fotográfico, el croquis y también
de la memoria.
De ahí entonces que sea perfectamente válido
hablar de la ambivalencia del paisaje en la obra de Patricio
de la O, porque en esta necesidad de construir el paisaje
subyace la imperiosa voluntad de mensurarlo desde lo geográfico
y demarcarlo en lo afectivo.
Cuando pienso en los afectos que Patricio tiene en torno
al paisaje, me refiero a esa constancia en torno al tema,
a la continuidad de una misma pintura en otras pinturas.
Al ejercicio diario del registro, orden y clasificación;
que él hace de las paletas cromáticas de las
que están hechas esas obras. Paletas que conviven
con las pinturas de pequeño formato, o los estudios
de materiales y texturas, en este taller consagrado a la
investigación y lectura constante.
Sin embargo, el afecto paralelamente me traslada a como
el paisaje ha punzado el subconsciente de Patricio, al extremo
de ser un elemento doloroso en su memoria. Recuerdo sus
obras a propósito de Chacabuco, las que han venido
marcando el paso del tiempo de algunas arquitecturas - visibles
hoy sólo en los cuadros del artista-; y también
del tiempo acumulado en su persona. El cual nuevamente nos
remite a la pintura como un documento capaz de superponer
en distintos niveles, las distintas aprehensiones al género
del paisaje.
Un aspecto que se debe considerar al mirar esta serie de
obras, en pequeño o gran formato; es el carácter
monumental de los encuadres dados por el artista, al mismo
tiempo del valor que tiene para su retina el modelo vertido
en la noción y orden de paisaje. Pienso en la pintura
que describe una ventana del Cerro Alegre en Valparaíso,
o la serie dedicada a la Isla de Juan Fernández,
en donde es posible reconocer los extremos creativos de
su quehacer pictórico. Al igual que los desafíos
propuestos por su pintura en el plano del estudio del paisaje
como un territorio de experimentación y que han sido
sistemáticamente transmitidos a los alumnos que Patricio
de la O ha venido formando en las últimas dos décadas.
III.
Objetos, usos y ceremonias.
Al inicio de este escrito indicaba que el taller de Elisa
Aguirre era un lugar en donde fácilmente se confundían
las obras con las herramientas, también de ese aparente
caos arquitectónico en que la artista a diario se
desenvolvía. Pero debo reconocer que el poder de
seducción de sus obras en este ámbito, aumenta
más la necesidad de entender esta serie de doce objetos
ejecutados con caucho, alambre, acero, bronce, cuero y carbón
mineral. Además de los relieves y obras en formato
mayor; todos ellos creados con estas materias naturales
venidas de lugares geográficos perfectamente capturables
por la retina de Patricio de la O. Sin embargo, en la obra
de Elisa Aguirre el trabajo con los materiales está
dada por las posibilidades que éstos ofrecen para
indagar en los problemas propios del volumen en el espacio.
Una primera mirada a su obra arroja la constante preocupación
por el estudio del „vacío y el silencio indistintamente;
lo que por lo demás establece una clasificación
de este conjunto de piezas en tres grandes grupos. En un
primer grupo de obras se advierte que en ellas prima la
forma y materialidad al servicio de un orden „ceremonial.
Ya que las formas puras, las superficies lisas o pulidas.
Aparte de las leves intervenciones hechas sobre alguna cara
de la pieza, exponen una dimensión del objeto como
un monumento austero, parco y severo; reservado solo para
ciertos momentos y ciertas personas.
En un segundo grupo de obras, las formas y materialidades
sugieren un parentesco con las herramientas agrarias de
las culturas primitivas de las Américas. Debido a
que estas obras invitan al espectador a tomarlas, tocarlas
y sentir la sensualidad del cuero, la madera o las pilosidades
de ciertas superficies, como si se tratasen de objetos para
un uso diario. En ese sentido, varios de estos objetos y
relieves, transmiten una poderosa voz del valor que la materialidad
puede tener en la revelación ante nosotros del orden
doméstico, aún cuando no podamos saber la
identidad de esos usuarios.
El tercer grupo de obras, está consagrado a trabajos
que se refieren a fragmentos de piezas arqueológicas
de civilizaciones que aún estamos por conocer dada
la intrincada relación de forma, volumen y materia;
inserta en cada uno de ellos. No son objetos para tomar,
usar, ni siquiera tocar. Si no más bien, para buscarles
un lugar en el paisaje urbano contemporáneo; ya que
por su monumentalidad, estas piezas declaman por un diálogo
con la naturaleza telúrica de nuestro continente.
IV.
Silencios y paisajes.
Al intentar ver en su conjunto las obras de Patricio de
la O y Elisa Aguirre, no puedo dejar de pensar en el valor
que tiene para sus obras el silencio y el paisaje; como
si se tratase de los dos elementos que alternadamente se
van vertiendo en los hemisferios de su casa-taller en Ñuñoa.
Hay mucho del paisaje en los objetos, relieves y esculturas
realizadas por Elisa Aguirre; algo que ella ha venido tejiendo
como sus redes de caucho a partir del estudio del vacío.
Creo encontrar también, un gran silencio en las pinturas
de Patricio de la O. De hecho, la reducción cromática
de algunos paisajes es la acentuación de esa ausencia
de sonidos.
Sin embargo, es en ese juego de idas y venidas, donde radica
la riqueza y valor de este grupo de obras llamadas a ser
contempladas por la sinceridad y honestidad de sus creadores.
Carlos
Navarrete
Lucca, Italia. Junio del 2004
Fuente:
Galería de Arte Patricia Ready
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