Arte en Chile

:: MÚSICA :: 2007

Temporada de conciertos UC

Lugar: Aula Magna del Centro de Extensión UC
Fecha: 2 de agosto 2007
Horario: 19:30 hrs.
Entrada: liberada

Grandes obras ligadas al impresionismo musical. Con la participación del destacada contralto Pilar Díaz, el programa contempla música de los franceses Maurice Ravel y Gabriel Fauré, además del compositor español Manuel de Falla.
Organizado por el Instituto de Música UC:

Programa

Manuel de Falla (1876 - 1946)
Psyché

Pilar Díaz, contralto
Guillermo Lavado, flauta
Patricia Reyes, arpa
Hernán Muñoz, violín
Laura Hendrix, viola
Katharina Paslawsky, cello

 

Maurice Ravel  (1875 - 1937)
Chansons Madécasse
Nahandove, o belle Nahandove!
Aoua, Aoua!
Il est doux de ce coucher

Pablo Oyanedel, barítono
Guillermo Lavado, flauta
Katharina Paslawsky, cello
Felipe Verdugo, piano

Segunda parte

Maurice Ravel  (1875 - 1937)
Tríos Poemes de Stéphane Mallarmé
Soupire
Placet futile
Surgi de la croupe et du bond

Pilar Díaz, contarlo
Guillermo Lavado, flauta
Karina Fischer, piccolo
Dante Burotto, clarinete
Rubén González, clarinete bajo
Felipe Verdugo, piano
Hernán Muñoz, violín
Natalia Cantillano, violín
Laura Hendrix, viola
Katharina Paslawsky, cello

Gabriel Fauré (1845 – 1924)
Quinteto con piano Op.89

Felipe Verdugo, piano
Hernán Muñoz, violín
Natalia Cantillano, violín
Laura Hendrix, viola
Katharina Paslawsky, cello

Notas al programa:
A esta música del temprano siglo XX, comúnmente invocada como parte del modernismo musical, se le reconocen al menos dos de las más significativas tendencias culturales del Occidente de la época, la demarcación de escuelas nacionales y las búsquedas exotistas heredadas de antiguos colonialismos, ambas condiciones relativas  a los discursos identitarios sobre lo propio y sobre el otro. En este marco, el presente programa se unifica en la presencia-influencia francesa, exponiendo al sutil Gabriel Fauré; a uno de los más reconocidos compositores del impresionismo, Maurice Ravel; y a su contemporáneo español, íntimamente vinculado al quehacer cultural parisino, Manuel de Falla.
Psyché compuesta entre 1923 y 1924 por Manuel de falla, es estrenada en Barcelona en 1924, coincidiendo con el célebre Concierto para clavicémbalo y cinco instrumentos, considerado el momento cúspide de su carrera. A pesar de ser reacio a los encargos, de Falla acepta la presión amistosa, como encargo íntimo, del escritor francés Jean-Audry, quien le solicita la musicalización de su poema homónimo. La obra es dedicada a Madame Louise Alvar, quien -en 1927- asistirá a su estreno en la ciudad de París. A esta obra se le ha reconocido cierta huella debussyana, sospechable por la utilización de la modalidad, la superposición de acordes, sus búsquedas armónicas; mas reconocible por su apego efectivo a la música francesa y sus recientes exploraciones. Además, resulta en extremo determinante el uso del idioma original del poema en el canto. Estando de moda los temas mitológicos, el compositor evoca “el tocador de la Reina”, del siglo XVIII, corte en la que imagina la ejecución de Psyché, en ocasión de la visita de Felipe V e Isabel Farnesio al palacio de Alhambra. Sobre esta misma reminiscencia proyecta su Concierto, en un gesto revalorizador del sonido lejano. De Falla experimenta una nueva agrupación de cámara, conjugándola con austeros medios compositivos.
En similar formato camerístico, dos obras tripartitas de Maurice Ravel: Chansons Madécasses y Trois Poèmes de Stéphane Mallarmé, compuestas sobre textos de ---Evariste Désiré Parny y Stéphane Mallarmé, respectivamente, que han sido consideradas, junto a las Histoires Naturelles (1906) como las poseedoras de las melodías cantadas más sobresalientes del compositor.
En las Chansons Madécasses (1923), estrenadas en Roma en 1926, Ravel –por su extravagante búsqueda de textos- escoge tres de los poemas sobre Madagascar escritos por Parny (1784/85), desde India. El poeta habría erigido un misterioso y exótico ideario sobre los malgaches, sin conocerlos, a modo de crítica satírica hacia el blanco colonizador. Es en suma interesante que la composición se construya sobre estos textos “tramposos”, subrayando el exotismo erótico de dicha fantasía, aprovechando sobremanera la acentuación de rasgos étnicos en el característico canto adornado de Nahandove, o belle Nahadove!, al traslucirse como modo vocal; lo mismo que con el insistente ostinati de bloques sobrepuestos –presumiblemente influido por Le Sacre du Printemps- que rememoran la monotonía arcaica, en Aoua, Aoua! Méfiez–vouz des blanc! La música funciona empáticamente con la narración, al disonar los gritos de la mujer, y al precipitar el tempo a medida que la declamación acelera. Así, la invención libre revela el audaz guiño de inautenticidad de este primitivismo refinado.
Trois Poèmes de Stéphane Mallarmé (1913), estrenada en 1914,  fue compuesta sobre tres textos del poeta. El simbolismo había puesto especial atención al alejamiento de la poesía del lenguaje cotidiano, y a arrebatar a la música del patrimonio que pertenece a los poetas. Sobre este manifiesto, la obra de Mallarmé se presenta encantadora para Ravel –así como a Debussy- quien concuerda  entrañablemente con la innovación formal simbolista, siguiendo la animosidad del verso libre. Los tres poemas -escritos en prosa- son dedicados respectivamente  por Ravel a I. Stravisnky,  F. Schmitt y E. Satie. La estrecha relación que guarda la música con los poemas se manifiesta en la distinción musical de palabras centrales en Soupir  como “monter” y “Fidèle”, a través de la resonante séptima menor y el crescendo culminante. Acentúa las rimas y procura resaltar la primigenia música de las palabras. En Placet futile gestualiza un sonido improvisado, de tiempo incierto, Ravel conjuga la arquitectura formal con la línea libre. En el último poema, el músico recupera sonoridades francesas, sobresaliendo acordes bitonales superpuestos. Por su colorido, es frecuentemente reconocida la influencia de Pierrot Lunaire sobre esta obra.  
Por último, anterior a las obras reseñadas, el Quinteto con piano op. 89 (1906) de Gabriel Fauré -siendo el primero de sus dos quintetos- es parte de su pequeña obra caméristica. Aunque escasa, su creación en esta área fue considerada por él mismo como el ideal de su vida, donde cristaliza su impronta pianística y, en términos compositivos- la complejización  de la textura, en desmedro del desarrollo del detalle superfluo. Este Quinteto Nº 1 fue dedicado al violinista Eugène Ysaÿe.
Existe incertidumbre acerca de la fecha exacta de composición, apareciendo como fecha tope el año 1906. Se especula que el perdido Quinteto op. 60 podría corresponder a esta música, habiendo sido compuesta entre los años 1891 y 1894. Pero esta hipótesis aún no ha sido corroborada.

Laura Jordán González

Fuente: IMUC