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Concierto
VI de Orquesta Moderna de Chile / Sinfonía de Cámara
del ruso Dimitri Schostakovich
Lugar:
Instituto Profesional Escuela Moderna de Música
(Av. Luis Pasteur 5303, Vitacura)
Fecha: jueves 25 de agosto 2005
Horario: 20:00 hrs.
Entrada: liberada
La
Orquesta Moderna de Chile, dirigida por el maestro Luis
José Recart, efectuará un homenaje a las
víctimas del fascismo y de la Segunda Guerra Mundial,
tanto las personas que murieron como las que quedaron
vivas. Para esto realizará un concierto que tendrá
dentro de su repertorio la Sinfonía de Cámara
del ruso Dimitri Schostakovich.
Con
el apoyo de fuertes imágenes que ilustran el sufrimiento
y la desolación de los oprimidos, la Orquesta Moderna
de Chile ofrecerá un concierto en donde se hace
presente el silencio, el hambre, la soledad y el frío
que sufrieron las víctimas de la guerra. Pero a
medida que la música continúa una luz de
esperanza surge tras la melodía.
Dimitri
Schostakovich (1906-1975), quien fue uno de los principales
exponentes del Realismo Socialista y condenó al
fascismo y al régimen estalinista, compuso la obra
en memoria de las víctimas del fascismo y de la
guerra.
Schostakovich
fue uno de los más grandes compositores y músicos
del siglo XX, sobre todo porque sus obras son verdadero
reflejo de sus vivencias y sufrimientos.
El
repertorio del Concierto VI de la Orquesta Moderna de
Chile contempla, además de la Sinfonía de
Cámara de Dimitri Schostakovich, Brandenburgo Nº3
de Johann Sebastian Bach, Cenvallo de Jorge Pérez
y Concierto para clarinete y orquesta de Witold Lutoslawski,
solista David Navarro.
Sinfonía
de Cámara
Dmitri
Schostakovich, fue uno de los más notables músicos
del siglo XX. Su legado llegó a ser más
que simples composiciones, nos dejó en su música
un fiel reflejo de lo por él vivido.
La sinfonía de cámara op. 110-a es una obra
única en su género. D. Schostakovich la
dedicó a todas las víctimas del fascismo
de la Segunda Guerra Mundial, poniendo hincapié,
tanto en los que murieron como en los que quedaron vivos.
La
obra comienza con cuatro notas RE MI bemol DO SI, que
en la nomenclatura alemana son las primeras letras de
su nombre, RE = D, MI bemol = eS, DO = C, SI = H. Por
lo tanto, tenemos D(e)SCH
Dmitri Schostakovich, basándose en estos cuatro
sonidos el maestro Ruso hizo alarde de su talento, el
grado de oscuridad y de nostalgia que nos entrega en este
inicio, a cargo de los violoncellos y contrabajos se desarrolla
de una manera canónica, pasando por todo los demás
grupos, violas y violines. El ambiente que nos describe
es el de un pueblo en el umbral de la guerra. El silencio,
el frío, la soledad, el hambre y el alejamiento
de ese horizonte llamado paz, se hace sentir en todo momento.
El destino enmarcado en esas fatales cuatro notas será
como una fuerza ineludible que por mucho que queramos
no podemos alejarnos de ella.
En
una perfecta y melancólica melodía, a cargo
del primer violín de la orquesta, bajo el alero
de una nota mantenida, se desarrolla el lamento de quienes,
aunque nunca lo quisieron, esperan su destino fatal. En
el fondo de todo esto se alcanza a escuchar en la lejanía
el latir de corazones de miles de seres que pronto serán
apagados por siempre. Esto será ejecutado por sutiles
pizzicattos de los contrabajos.
Pero aun no todo es oscuridad, se alcanza a vislumbrar
una pequeña llama de esperanza en la voz de los
primeros violines, ésta no podrá durar mucho,
ya que nuevamente las cuatro notas fatales se hacen presentes
con mas fuerza aun, con un gran cresscendo y apoyadas
por una melodía casi inaudible de los violoncellos,
que en este juego de esperanza y muerte, nos lleva a un
acorde que con un exagerado cresscendo, como un grito
desesperado se ve interrumpido bruscamente por la entrada
del segundo movimiento.
El
desorden, la locura del asedio, el miedo, todo esto está
reflejado en un loco correr de los primeros violines que
gritan desesperadamente, mientras la máquina de
la muerte entra sin ninguna piedad con unos acordes en
bloques de manera penetrante. Se unen al caos los segundos
violines en desesperada huida junto a los primeros violines.
Las violas, cellos y bajos entonan la despiadada marcha
destructiva, los violines caen, se levantan, vuelven a
caer, por doquier hay destrucción, no hay escape,
la tensión aumenta hasta lo insostenible. En el
momento en que ya casi todo ha llegado al punto de culminación,
se transforma toda esta escena en una danza macabra elaborada
por los violines, cuanta ironía, las violas, cellos
y bajos se jactan de tanta destrucción en un ir
y venir de sus arcos. El ambiente se llena de obscuridad,
sangre, tristeza, melancolía, dolor....MUERTE.
En
un inesperado cambio de tonalidad, las violas comienzan
su huida por la cuerda más baja, pero entonando
gritos elevados en una tesitura poco usual para ellas,
dándonos la perfecta sensación de agobio,
de ultraje, siendo golpeadas sin compasión por
la máquina de la muerte, nuevamente por esos acordes
en bloques.
Los
roles en los instrumentos se invierten y los atacantes
serán los atacados, esta vez las violas, cellos
y bajos entonarán la danza macabra, pero en un
registro obscuro y con tal grado de nostalgia que la risa
elevada por los violines nos hará transportarnos
a lo más recóndito de la maldad humana.
La sección baja grita y repite obstinadamente a
todo pulmón un grito de desolación y ....MUERTE.
Otra vez y sin aviso volvemos a ser interrumpidos por
la entrada del tercer movimiento que nos sitúa
en un campo de concentración, un campo de torturas
y de muerte, en algún lugar, como tantos hubo en
ese momento de gente anónima, de desconocidos.
Todo
comienza con un tiempo de vals, que nos hace sentir la
ironía de estos lugares, gente muriendo, trabajando
por sus últimas gotas de sangre, mientras la máquina
de la muerte se divierte. Un trino monstruoso a cargo
de los segundos violines nos deja oír las ráfagas,
los disparos en contra de tanta gente inocente, hombres,
mujeres, niños. El vals continúa con mayor
fuerza. Otra vez disparos en los pizzicattos, pero esto
no basta para esta fiesta bárbara, las violas son
enviadas a marchar en busca de las víctimas, éstas
descubren entre los prisioneros a un viejo músico
Judío que está siendo enviado a la cámara
de gases. Le ordenan detenerse, le obligan a tocar su
violoncello por ultima vez antes de ser enviado a la cámara
de la muerte. Éste, sabiendo que será su
despedida, hace sonar su instrumento con las notas mas
dolorosas que oído humano haya podido escuchar
jamás, mientras toca los violines en un eterno
murmullo lloran su destino. El vals aparece nuevamente,
pero el músico no para de tocar, mantiene una nota
larga aferrándose a ella, muriendo... en... ella...
Los
violines primeros abren también su canto tan lánguido
como el de que acaba de partir, pero al mantener su nota
larga, la máquina de muerte interrumpe con el cuarto
movimiento con acordes de extremada violencia, que no
es sino la fusta contra la bota del torturador frenando
esa agonía, parando ese lamento, no permitiendo
antes de tiempo la muerte, humillando hasta el final.
Otra vez se presenta en la sección baja un acorde
mantenido, pero esta vez sin ánimo de terminar,
como si así se detuviera el tiempo, como si así
lográramos vivir, aunque sea un poco más.
El ambiente se detiene, nada se mueve, pero todo está
en movimiento, no se oye nada, pero los corazones de los
violines interrumpen con un diálogo de tal extremo
de tristeza, nostalgia, dolor, que hubiese sido mejor
no haberlo escuchado jamás. El eco que quedará
en los oídos será llanto eterno, se esfuman
las imágenes, en un último esfuerzo de vida
aparecen las cuatro notas fatales, el sonido del destino,
como si quisiera preguntarnos ¿valía todo
esto la pena?, ¿Era necesario tanto dolor, tanta
muerte, tanta maldad? Nos acercamos al final de la obra,
los músicos poco a poco dejan de tocar, muriendo
en cada una de las ultimas notas, hasta que quedan sólo
cinco, y éstos ejecutan por última vez las
cuatro notas quedando en un acorde largo. Sobre éste
se logra escuchar a la lejanía al primer violiín
lamentándose ¿POR QUE? ...................
Sólo el silencio obtuvo por respuesta.
Luis
José Recart
Fuente
: Escuela Moderna de Música
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