Antes, hoy, siempre
Expositor: Matilde Pérez Cerda
Lugar: Sala de Exposiciones Amigos del Arte
Técnica: grabado en serigrafía y pintura de agua fluorescente
Fecha de la exposición: 29 de abril al 31 de mayo
Horario: 9:00 a las 19:30 hrs.
Entrada: liberada
Entre el 29 de abril y el 31 de mayo, en la Sala de Exposiciones de Amigos
del Arte, Matilde Pérez Cerda (1920) expone la muestra llamada "Antes,
hoy, siempre," una suerte de pequeña retrospectiva que resume sesenta
años de sistemática labor creativa y experimental.
Sus estudios los realizó en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad
de Chile. Fue alumna de Pedro Reszka (1873-1960), Pablo Burchard (1873-1964)
y Laureano Guevara (1889-1968), todos pintores figurativos, más o menos
intimistas, excepto Laureano Guevara, que se desempeña en la pintura
de caballete y como valioso muralista.
Inquieta y curiosa, en 1955 se une al Grupo Rectángulo, conglomerado
que aboga por un neoplasticismo riguroso que expurga de la creación artística
todo afán sentimental, dato figurativo o alusión a la realidad
circundante. Los primeros integrantes son Ramón Vergara Grez (1923),
Gustavo Poblete (1915), Waldo Vila (1896-1979), James Smith (1924) y Elsa Bolívar
(1929).
Sin embargo, el conocimiento tenido en Francia, a partir de 1960, de las investigaciones
visuales del argentino Julio le Parc (1928), fundador del "Groupe de Recherche
d' Art Visuel", radicado en la Galería Denis René, donde
exponen los artistas del Arte Óptico y Cinéticos, modifica radicalmente
su curso plástico.
Aplicada, se remonta a la obra de Víctor Vassarely (1906-1997). El artista
húngaro radicado en París desde 1930, es uno de los precursores
en el arte óptico, generalizado como Op(tical) Art, camino que inicia
hacia 1947, como un proceso de abstracción geométrica. Su clave
es la investigación de sistemas visuales ambiguos, recurriendo a formas
alternativas sean positivas y negativas yuxtapuestas o descalzadas, que generan
morfologías adicionales imprevistas. El aprovechamiento de los efectos
ópticos facilitan la sugestión de que una pintura rutile, vibre
o sugiera un movimiento aparente. Interesado, más tarde, por el movimiento
real, se convierte en un artista cinético, con diseños de obras
que poseen movimientos reales, sean en soportes bidimensionales o en esculturas,
en los cuales se adicionan dispositivos o motores que los genera.
Todo ese bagaje de posibilidades visuales las vuelca en Chile a su regreso.
Las trasmite a sus alumnos universitarios y las aplica en su labor creativa
que concreta en trabajos con la superficie, el volumen y la intervención
de la arquitectura. Utilizando la tecnología a su alcance, para plasmar
sensaciones visuales con los debidos efectos de ilusiones ópticas, sobre
la base de formas pequeñas, líneas y pigmentos que cambian siempre
ante los espectadores, se convierte en la única y severa artista adscrita
a esas tendencias en el país.
La muestra que comentamos, es una gran ocasión para apreciar trabajos
emprendidos entre 1956 -con una pintura sacra y figurativa, llamada "Niño
Jesús en nuestro entorno", imagen que acompaña esta columna
y la de 1999, grabado en serigrafía y pintura de agua fluorescente-,
accediendo de manera fácil y rápida al desarrollo de su proyecto
plástico, complementado con varias esculturas en metal y acrílicos
que portan juegos de luces. Hay que dejar claro que no es apropiado comparar
sus facturas y manualidades con los resultados que obtienen los grandes maestros
del arte óptico y cinético internacionales, sobre todo si se consideran
los contrastes en los soportes tecnológicos y recursos materiales disponibles.
Con todo, su labor es de mérito para la plástica local.
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