Arte en Chile

:: TECNICA MIXTA :: 2002

Hilo Monumento

Expositor:  Ester Chacón Ávila
Lugar:  Museo Nacional de Bellas Artes
Técnica:  textiles, bronces y papeles
Fecha de la exposición:  15 de mayo al 15 de junio
Horario: martes a domingo 10:00 a 19:00 hrs.
Entrada: $300 niños, $600 adultos, domingos liberada

El museo Nacional de Bellas Artes se complace en presentar una interesante muestra de los textiles de la artista chilena ESTER CHACON AVILA. Su muestra está enmarcada dentro de las exposiciones antológicas de artistas chilenos. En el caso de Ester su obra comprenderá volúmenes suspendidos de gran formato, esculturas autosoportantes, volúmenes sobre maniquíes, relieves murales, esculturas en bronce, trabajo sobre papel (diseños textiles, collages, entramados). Se trata de una exhibición que abarca 25 años de trayectoria.
(Ricardo Fuente Alba Fabio)

Para comprender un poco más su obra el siguiendo texto del esteta Fidel Sepúlveda Llanos:
"Una escritura de las raíces y con las raíces
En la obra de Ester Chacón Avila el nudo es hito. Hito en la vida del hilo, en el hilo de la vida individual y colectiva.
Vivir es itinerar en la esperanza de anudar hitos con que consignar, encarnar, entrañar sentido. La vida, en este contexto, puede ser entendida como cadena de hitos, de nudos. Vivir puede ser la opción de ir anudando nudos en pos de coherencia y en esta operación ir desnudando el sentido, revelándolo. Otra dimensión de esto es la vida como la faena de ir anudando y religando lo relevante, esto es, lo revelante. El nudo como hito y el hito como misterio que hay que desnudar, desanudar.
En Ester Chacón el nudo es modo de fijar la figura virtual que subyace en la cuerda y es modo de tensar la cuerda floja de la existencia sin sentido.- El nudo amarra el sentido.
Este universo, armado de constelaciones de nudos, es una suerte de carta de navegación, de marear, como decían los antiguos. La obra de Ester Chacón fluye animada por múltiples corriente fluviales, marinas: es un tejido de diversas corrientes de diversa profundidad y dirección
El mundo es así símbolo de contradicción, que bloquea y libera, detiene y abre camino.
Es un arte eminentemente artesanal, evaporando patetismo, dramatismo. Arte de nudos, en él se patentiza el nudo de la precariedad con la vocación de ser, la desproporción entre los significantes y los significados.
El nudo tan unívocamente sólo funcional, acá entra a aventurarse en las desatadas aguas de la polisemia. En esta contingencia, en la obra de Ester Chacón, se comienza a liberar un "significante flotante" en el que se hace presente el significado de vivir como nudo, como problema y conflicto, que constriñe, imbuncha de una parte y, de la otra, que en su patética desvalidez, revela y libera la fuerza y luz de la trascendencia humana. El nudo encarna, en esta creación, la trascendencia en la situación límite de la precariedad.
En la obra de Ester Chacón el nudo es, además, símbolo de una identidad aprisionada, amarrada, anudada por una situación especial de dependencia: la del mundo mestizo e indígena. El nudo, puesto en sintaxis, busca desanudar este mundo, darle luz y palabra: presencia. Esta obra retoma la riquísima tradición textil incaica, decidora de la cosmovisión indígena. Paciencia hecha joya. Pero, además, este arte de nudos, busca anudar los hilos de una historia mítica, rotos por la Conquista y desencontrados por el mestizaje indoamericano, La obra de Ester Chacón anuda estos hilos desencontrados, extraviados en el fragor de la Conquista, en la inclemencia de la modernidad. Por esto estos tejidos son textos que dicen la rebeldía del menoscabo, expresión de los sin voz, emergencia de los sumergidos, revelación de una "otredad no inscrita" en los libros parroquiales ni civiles.
En la creación de Ester Chacón Ávila se anudan, se encuentran los colores y las fibras entre sí y con sus ancestros míticos. Se itineran y aventuran las líneas en busca de figuras, las figuras en busca de familia, la familia en busca de panteones que alumbren orígenes y destinos.
Arte de nudos semánticos, de semantismo simbólico con los que se escribe una historia "otra", sagrada. Se escribe un sentido subyacente, hasta la fecha ignorado por la cultura dominante y por la cultura subalterna. Un sentido que se sabe sentido estando ahí en algún lugar no precisado. Un sentido no precisado.
Ester Chacón ha emprendido esta aventura. Aventura de la cultura oral, aquella de antes del alfabeto. Su obra es fundante: es alfabeto, morfología y sintaxis. Ella ha iniciado la escritura de una zona de la cultura que dice relación con las raíces, con las itinerancias de las raíces.
En su obra hay trazos originarios del "Proyecto antropológico" del hombre americano.
Hilos, nudos, hitos, rastros, rostros en camino a personas, personas en camino a comunidad de la dignidad y del misterios humano, misterio del hombre bifronte, plurifronte, de las mil caras simultáneas y sucesivas, engendrándose en el gran útero-hornacina sagrada de la vida. He aquí el rastro-rostro de los infinitos hombres del hombre. ¿Donde se corta, se acaba el hilo de los umbrales, de las umbilicalidades, de los horizontes horizontales y verticales de la finitud?.
Como la vida que sustentan, los hilos son diversos en textura, brillo, espesor. Hilos, cordones, cordeles, de sisal, cáñamo, seda, algodón, lana, lino: diversidad asumiendo la abierta diversidad de la especie. Presencia de todos los colores para reflejar el paisaje desbordado por la exuberancia cromática de la vida: ocre de las tierras y sus profundidades, azul de los rituales, negro de los misterios, verdes musgosos de itinerancias lentas, rojos anudados de borbotones, blancos de florescencia diseminada.
"El humano está formado
de un espíritu y un cuerpo
y un corazón que palpita
el compás del sentimiento", dice Violeta Parra.
¿De qué está formado este hombre de Ester Chacón? De sentimiento de arrobamiento, de infinita compasión, de respeto hondo, de soterrada dignidad, de fuerza vital incontrarrestable.
Sin soporte, sin esqueleto tangible, solos sobre ellos y desde ellos mismos, estos seres se erigen, se sostienen, se levitan. Se encienden, ascienden, alumbran.
Monumentales monumentos son del ímpetu descomunal de la vida. He aquí la precariedad hecha monumento, connubio de la finitud y de la infinitud, encontradas la una con la otra, en su itinerancia a la trascendencia. En busca de ese reino va este universo monumental.
Monumento es aquello que no remite a su significado sino que lo encarna, no refiere un acontecer, sino que lo acontece. La misión imposible-posible de ser hombre está pulsando, gloriosa y dolorosa, en la creación de Ester Chacón y tiene la envergadura de lo monumental. No importa el porte. Todas sus creaciones son descomunales.
Es el hombre, los hombres infinitos del hombre, concibiéndose, naciendo, dándose a la luz (y a la sombra). Señorean las figuras patriarcales, matriarcales, totémicas, escalares, inconmensurables, puentes entre la nada y el ser, la contingencia y la plenitud.
Son monumento a la emergencia de la especie humana, en cuanto viaje infinito a la revelación de su grandeza y, también, emergencia en cuanto permanencia en riesgo permanente.
Cuando se ve la obra de Ester Chacón, uno siente cuánto cuesta crear y criar a esta criatura llamada hombre, en cuanto digna de este nombre. Notables los ojos y los labios de este hombre. Estos labios tan parcos de sonrisa y de palabra, tan en el umbral entre la palabra y el silencio, con la palabra a punto de dar el paso fuera del silencio. Y tanto ojo colmado de mirar desbordado por un mundo desbordante de diversidad. Cada ojo, por tanto, autonomizándose para abarcar lo inabacarble. Ojos en el umbral del mirar para adentro y para afuera. Y unas manos manatiales que vienen de la mano de estos versos de Neruda:
"Con mi razón apenas,
con mis dedos
con lentas aguas lentas innundadas..."
¡Cuánto gesto latente (patente) en busca del otro, de algo de qué asirse y, en él, cuánta dignidad contenida, y dolor y espera esperanzada!. Hay un rostro que se continúa en los brazos y en las manos . Unas manos como abrazos y unos brazos con huellas digitales.
Rostros impresionantes tejidos hebra a hebra, punto a punto, que condensan, transfiguran y pueblan el mundo. Como de las raíces las flores, así de los hilos los rostros, de los rostros las personas, de las personas los universos del micro y del macrocosmos. Rostros que traen intacto el sello de lo catónico primordial que, a través del arte, se hace epifanía y hierofanía. Rostros-sinécdoques del entorno y su diversidad, transparentada en sus texturas, espesores, nudos, tejidos, colores. Todo con el cuidado orgánico de la vida en viaje siempre inconcluso a la diversidad. Todo es texto, impreso de huellas dactilares, faciales, desde donde alguien nos mira, siempre.
Además de la aventura por el volumen hay en Ester Chacón una viajera por la línea del diseño, de la bidimensionalidad, de una funcionalidad abierta a la pluralidad de la vida y sus necesidades.
En este ámbito la línea sale en busca de la vida. Hay aquí una escritura en y desde la virtualidad, una horizontalidad que encubre-descubre una infinita verticalidad. La naturaleza deja atrás su espesor y se afina en línea abstracta, se aligera y dinamiza para la aventura del diseño. La línea aquí ensueña, danza, canta, filigrana. Así marca el piso para que sobre este mapa estético-antropológico advenga el color, la textura, el acontecer como juego, el juego como creación que protagoniza el advenimiento de lo imposible a lo posible, de lo inefable avanzando a lo expresable.
Las materias van en busca de su forma. De la forma que los encuentre con su riqueza de ser, con una experiencia de encuentro con su plenitud. Para esto escriben infinitos borradores que estructuran tramas, diseños, figuras, acontecimientos-umbrales, universos en trance de revelación.
La proliferación de líneas cruzadas, entrelazadas, entretejidas no son expresión de un horror vacui sino de una experiencia vital de exuberancia expresiva, creadora, que anima todo lo existente. De esta exuberancia, afinada la perspectiva en una justa proporción de distancia y cercanía, emerge el rostro del hombre y el perfil del mundo, en una itinerancia donde alternan luces y sombras.
Su obra es texto, tejido, escritura de las raíces. Cuando estas raíces escriben, no transfieren su sentido a otro medio o soporte. Ellas son el medio, el soporte y el mensaje. Escritura de las raíces donde las raíces se ponen, se exponen. Exposición no es, en este caso, exhibición. Es asunción de una aventura de alto riesgo. El riesgo de la intemperie, de la soledad, de la insolidaridad; de la soledad peor que es la que ocurre en medio de la multitud y su insolidaridad.
Riesgo de la incomprensión, riesgo de la incompasión: de no compartir el entender y el sentir. O lo que es peor, el comprender con otros entendimientos, que es no comprender, y dejar ese sentido porque no interesa. Este es el riego de una exposición como la de Ester Chacón.
Con su exposición, expone, pone a prueba la identidad de cada uno de los visitantes de esta exposición. Su exposición hace que quede expuesta la trivialidad, la superficialidad de aquellos que no entienden ni sienten que el sentido de ser hombre se anuda "verso a verso", nudo a nudo. Vivir es anudar la contingencia y la trascendencia, la arqueología y la escatología.
Esto es lo que exponen las obras, los textos, las escrituras sacras y profanas de Ester Chacón Ávila. Con eso se pone, se expone y expone a sus espectadores a verse en sus raíces, a leerse en sus escrituras, a oírse en sus palabras y silencios, en sus sonidos y sentido."

Fidel Sepúlveda LLanos
Miembro de la Academia Chilena de la Lengua
Director del Instituto de Estética
Pontificia U. Católica de Chile