Alexandra Domínguez en el Museo Nacional de Bellas Artes / Cartografía de lo Desconocido
Expositor: Alexandra Domínguez
Lugar: Museo Nacional de Bellas Artes (Parque Forestal s/n, Santiago)
Técnica: grabado
Fecha: 10 de marzo al 23 de abril 2006
Horario: martes a domingo de 10:00 a 19:00 hrs.
Entrada: $600 general, $300 estudiantes y tercera edad, domingos aporte voluntario
Información: http://www.mnba.cl, angelica.perez@mnba.cl
Desde España llegan las obras de esta artista chilena, residente en ese país desde hace años. Con alrededor de cuarenta grabados, se presenta por primera vez en el Museo Nacional de Bellas Artes, en la Sala Chile.
Luego de presentarse en Santiago, la exposición viaja a Concepción para ser exhibida en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción.
Sobre tela y papel los grabados de Alexandra Domínguez crean paisajes y situaciones desconocidas de fuerte carga poética.
ALEXANDRA DOMINGUEZ
CARTOGRAFIA DE LO DESCONOCIDO
Escribió el escritor René Char que un poeta debe dejar huellas y no pruebas, porque sólo las huellas nos hacen soñar. He seguido el rastro sigiloso de ese pensamiento toda mi vida. Por ese camino, más cerca del trabajo concebido como oficio de una delicada pasión, que el una razonada declaración de principios, han salido al inspirado viaje de lo incierto mis grabados, pinturas y poemas. La búsqueda de un rastro, el hallazgo desconocido de una estética que devenga en conducta e ilumine, aún en su leve precariedad, la conciencia. Creer en la belleza podría ser seguir apostando por los lenguajes del porvenir, adelantarse para encontrarnos en él un lugar futuro, un espacio que por misterioso también lo sea en su cualidad de inquietante y acaso, hasta conmovedor.
Creo que todo artista ha de asumir algún desafío por humilde que éste sea con la imaginación de lo infinito. No existe mayor razón que justifique la ética del presente que su multiplicación en las estéticas del porvenir. He asumido el desconocer, el de ignorar ciertos discursos de saber como resistencia a la voluntad objetiva del conocimiento artístico. Mi acercamiento es la visión, el desafío de lo real desde la construcción de otro imaginario del mundo. Mi necesidad, en términos de desafío a la carencia, sigue siendo como desde un principio, lo desconocido, el deseo de lo desconocido, la mirada capaz de inventar un mapa espiritual para aquellos que en el aire, aún vagan sin tener la casa de sus revelaciones, la dignidad de sus conjuros, la aplazada deuda de su felicidad sobre la Tierra.
Buen sitio es un papel para quedarse, a falta de otro lugar donde levantar su conciencia utópica los seres humanos. Bastaría que estas telas, estos papeles, fuesen una sencilla casa de huéspedes, un punto de luz alejado de las cartografías del mal. Hablo de mundos, pero hablo de enigmas, de paisajes invisibles, de nómades que cruzan desiertos íntimos, de rastreadores de huellas, de aquellos que por todo equipaje no llevan otra cosa que la intemperie de su propia alma, el hospitalario don de renunciar a ejercer su autoridad artística sobre los demás para devenir en otro, otro diferente que yo, cuya razón de ser es mi propia conciencia.
Dibujo piedras, grabo su sombra. Dibujo sombras, oigo el zumbido de sus partículas elementales alrededor del cero de la nada. Nada más barroco que el aire, nada más sencillo que la cima de las emociones humanas, un mismo destino para lo efímero, un mismo hogar para las palabras dibujadas que oyen los ojos cerrados de los antepasados. Cosas pequeñas, animales que silban en el bosque. A mis grabados ha traído prestado el poeta sus símbolos, un desconocido ha dejado en mi puerta una cuchara de azúcar, el sabio me ha rozado con la superstición, el navegante me ha convidado a su mito. No es gran herencia lo inútil cuando se convierte en lo imprescindible. Habría de llamarlo memoria, pero lo llamaré poesía en forma de rosa como el amado Passolini.
Hago arquitecturas con los palitos que deja el temporal en las veredas del corazón. Hago líneas que no están rectas porque desobedecer debe seguir siendo una manera elegante de protegerse del autoritarismo. Hago manchas como pan amasado por las pobladoras de la Cruz del Sur. Pinto como quien se abraza a un desaparecido. Lo demás, siempre habrá tiempo de contarlo cuando el tiempo y este ruido acabe.
El color, he pensado alguna vez, es la ilusión de un recolector de mitos. En cierta forma, puede que no sea más que el oficio del mar, el oficio del azul, ni otro que el rojo, el oficio de las manzanas, como no es el negro, sino para la unánime dimensión de la muerte. Lo trágico no es el ocre amarillo que perdura desde los ritos del hombre de las cavernas, iluminando a las civilizaciones del arco iris, lo trágico es la ausencia de la luz y la penumbra de las épocas de sus sucesores. Pongo color donde está lo sagrado, pigmento donde resucitará la ceniza. Tengo la misma fe en el verde que en los árboles, semejante alianza con la vibración mágica de la obsidiana y el negro. Manías elegidas en el cultivo de la contemplación. Semillas que echan sus raíces en el sueño.
Mi sueño es el sueño de tu sueño. Se cree o no cree. Yo creo. Creo que ennoblece mirar las estrellas, mirar la estrella que cada uno lleva para conjurar los peligros en la frente, las estrellas que quitan la sed y nos prestan a veces el amor, las estrellas rojas, las estrellas amarillas, las estrellas que se acercan de puntillas, a los ojos del astrónomo Rosamel. Basta con su luz para ver el punzón sobre la plancha, para mezclar las tintas, para diferenciar el barro del dolor de los pigmentos de la felicidad. Nada original, en eso mismo anduvieron los antiguos persas, los mayas con el guacamayo al hombro, los recolectores de piñones en las fronteras de la nieve.
Huellas. Diecisiete años de huellas para volver al mismo sitio que ya nunca será el mismo sitio. Telas que ahora colgarán en los muros, en homenaje a Violeta Parra que duerme a dos pasos de mi padre bajo la lluvia. Papeles que podrían ser cometas, volantines alzándose hacia la más transparente de las memorias: la cartografía de los ángeles ciudadanos, sus ojos invisibles que cuidan las huellas del mundo.
Alexandra Domínguez
ALEXANDRA DOMÍNGUEZ
Alexandra Domínguez, nace en Concepción, Chile, en 1956. Desde muy joven sintió proximidad por la creación artística. A la poesía llegó de la mano de su padre que en las tierras de Ninhue fue vecino y amigo de Violeta y Nicanor Parra, con los que compartió aula y adolescencia en el Liceo de Chillán. En el arte fueron su iniciación las manos delicadas de su madre modelando arcilla en un pequeño taller del Parque Ecuador de la ciudad natal. Realiza sus estudios primarios en el Colegio Inglés St John`s y los secundarios en el Liceo Francés Charles de Gaulle, de ahí su fervor por la literatura francesa e inglesa. Rimbaud, Verlaine, Saint John Perse, Victor Hugo, Proust, Keats, Wilde y Shakespeare fueron sus primeras y apasionadas fundaciones poéticas. Luego llegarían los viajes y junto a ellos el descubrimiento de Kooning, Vedova, Basquiat, Pollock y siempre Miró y la fascinación de Klee. En 1974 viaja a Madrid para estudiar cine en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense y Bellas Artes en la Academia San Fernando. Dos años mas tarde se traslada a Barcelona en donde proseguirá sus estudios en Ciencias de la Información, obteniendo la licenciatura en Periodismo. Asimismo continúa sus estudios de Bellas Artes en la Academia San Jorge de la Universidad Autónoma de Barcelona. En 1982 regresa a Concepción en donde realiza su primera exposición individual, ejerciendo a la vez el periodismo en televisión y radio, actividad profesional que abandona para dedicarse por completo a la pintura. El año 1989 un jurado compuesto por Justo Pastor Mellado, Nemesio Antúnez, Jaime Cruz y Jorge Glusberg le otorga el Gran Premio Salón Sur de Pintura a su díptico El mar de la utopía. Ese mismo año regresa a España, afincándose en Madrid, donde realiza cursos de grabado en los Talleres de la Galería Brita Prinz, y ciudad en donde reside en la actualidad. Junto a su vocación por la pintura y el grabado está la poesía. El año 2000 recibe el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez por su libro La conquista del aire, publicado por la Fundación del mismo nombre. De ella ha escrito Gonzalo Rojas : “Alexandra Domínguez apuesta a ver y ve, como difícilmente. Allí está ese texto estremecedor: “El poeta es un asunto allí en lo invisible”. Palabra necesaria, lo que se llama necesaria. Pego el oído fino y oigo tierra de Dios. Loado cuanto escribe.”
Ha realizado exposiciones individuales y colectivas en Chile, Ecuador, Argentina, Estados Unidos, España, Francia, Inglaterra, Noruega, Finlandia, Alemania, Italia y Portugal, obtenido premios y distinciones, siendo su obra gráfica catalogada en numerosos certámenes internacionales, Calcografía Nacional de Madrid, Bienal Internacional de Ourense, Feria Estampa, Premios Goya, Caja Madrid, etc.
http://www.alexandradominguez.com/
Fuente: MNBA
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